Hablaba
yo hace unos días en una emisora de radio de Canarias, que por supuesto, no era
la de Jimenez Losantos. Me preguntaba el locutor que cual era la
razón básica de que ante la evidencia, gente como
Losantos se emperre en su negativa a reconocerla. Mi respuesta no
pudo ser más que una: La tremenda arrogancia del ignorante, la
idiocia del que no sabe nada de lo que habla.
Losantos, y con él
otros muchos, por ejemplo su compañero en la columna simétrica
de la suya en El Mundo, Raúl del Pozo, no han dedicado su vida
a estudiar la física, los fluidos que componen la atmósfera
y los océanos, la reología de los hielos, la
químicofísica de los aerosoles, la radiación
solar, la historia geológica, la química de los
sedimentos marinos, y otras muchas disciplinas que exigen años
de trabajo duro, y no simplemente ponerse delante de un micrófono
a largar sin ton ni son. Pero sin estudiar un pimiento, y menos de lo
que se necesita para entender el problema, pontifican desde sus
“cátedras” periodísticas acerca de lo que no
conocen. Escribe Losantos sobre el “Club de Roma” y su aviso en
los años ’60 de los problemas alimentarios del mundo en las
décadas siguientes. Pues bien, gracias a aquel aviso se
tomaron las medidas oportunas de acuerdo con el principio de
precaución de manera que técnicamente hoy no hay hambre
en nuestro planeta. Habla Losantos de una “hipótesis
científica que necesita siglos para confirmarse”, el cambio
cimático. Ignora Losantos que el calentamiento global ya está
confirmado, y que le bastaría con abrir los ojos para verlo.
Es para reír observar el apocalípsis económico
que predican Losantos y otros “escépticos” ante las
medidas a tomar para combatir el cambio climático: Los que
rechazan las predicciones científicas sobre la evolución
climática profetizan cientos de miles de millones de euros
anuales de pérdidas si tomamos medidas contra él. La
realidad es que, lo mismo que cuando el Club de Roma avisó
sobre el riesgo de escasez de alimentos se pudo corregir el problema,
cuando hoy avisamos sobre el riesgo de cambio climático
añadimos que tenemos en nuestras manos todas las herramientas
para su control, y que lo único que se necesita es decisión
política.
Escribe
Raúl del Pozo sobre “la expansión de ¡electrodos!
y neutrones tras el Big-Bang”. Sr. del Pozo: Lea un poquito antes
de escribir, para no meter la pata. Se queja Raúl del Pozo de
que no le es posible creer que el gas que expulsan los coches por los
tubos de escape caliente un planeta que ya ha tenido y tiene su
secuencia normal de glaciaciones y deglaciaciones. De nuevo la
ignorancia. Desconoce este periodista el funcionamiento de los
sistemas complejos no lineales, de los cuales hay muchísimos
ejemplos, que están sometidos a catástrofes cerca de
sus puntos críticos. Lea, Sr. del Pozo, algo sobre la
superconductividad de alta temperatura, por elegir un sistema sin
importancia social o política.
Escribe
el editorialista del número del 28/11/2007 de El Mundo acerca
de las inanes declaraciones del Presidente Sr. Rodriguez Zapatero
sobre el cambio climático, y escribe bien salvo en una cosa:
El editorialista quiere que España apueste por la energía
nuclear. No da razones ni sociales ni económicas para esa
apuesta. ¿Qué ganaría España si montase
20 Gw de centrales nucleares? El uranio lo tendría que comprar
fuera, el coste de la construcción es elevado, las centrales
tienen una vida útil de no más de 50 años y
luego hay que hacer otras. ¿Cual es su ventaja? España
tiene sol a raudales. El Sol no es preciso importarlo, no tiene el
menor peligro, no genera residuos radiactivos. Se puede montar en
cualquier lugar, no precisa refrigeración por agua, no exige
grandes centrales, sino pequeños grupos de celdas solares que
pueden ponerse en los techos y en las fachadas de los edificios.
¿Para que queremos centrales nucleares? Son soluciones viejas,
caducas. Es como si quisiéramos volver a las locomotoras de
carbón en la edad del AVE, como si quisiéramos insistir
en los vinilos en la edad del Ipod, en los teléfonos negros en
la edad del Iphone. Es una solución de viejos frente a la
tecnología del siglo XXI. Habría que ver las edades de
sus proponentes. Uno de ellos es el Sr. D. Felipe Gonzalez, caduco
donde los haya.
Salvo
en ésto el editorial de El Mundo atina y da en el clavo de la
inania de la propuesta del Sr. R. Zapatero. Postulando un contrato
con la Naturaleza, no especifica nada del mismo. Habla vagamente de
“ahorro”, pero mantiene la venta de 4x4. Rechaza el céntimo
de euro sobre los combustibles, rechaza poner el precio de la energía
eléctrica a valores de mercado, insistiendo en una subvención
encubierta al uso del carbón americano y sudafricano, rechaza
eliminar las minas de carbón españolas. ¿A qué
contrato se refiere el Sr. Presidente, cuando en el mismo no hay
ninguna claúsula?
Periodistas
y políticos yerran al tratar este problema. Pongamos las cosas
claras, y para ello no necesitamos aspavientos.
El
ser humano ha invertido la secuencia normal de glaciaciones y
deglaciaciones, con una emisión masiva de CO2 a la atmósfera,
tan masiva como que en 150 años se ha pasado de 280 a 380 ppm
en su concentración: Esto significa un aumento del 33% en 150
años. El último aumento de 180 a 280 ppm hace 12.000
años tuvo lugar a lo largo de 5.000 años y la Tierra se
calentó hasta desaparecer la glaciación que había
durado 100.000 años.
El
riesgo de catástrofe climática es muy alto.
La
solución es sencilla, y si consideramos el sistema económico
en su conjunto, a lo largo del siglo XXI, tremendamente beneficiosa.
La solución es, claramente, multiplicar por 10 nuestra
disponibilidad energética. Cada vez que el ser humano ha
aumentado esta disponibilidad se ha hecho, claro está, más
rico, pues riqueza es disponer de energía. Para multiplicar
por 10 nuestra disponibilidad de energía nos basta con
capturar la que viene del Sol, sin tener que construir reactores ni
de fisión ni de fusión, pues ya tenemos uno de estos
últimos que funciona gratis para nosotros: El Sol. Utilizando
la energía solar, en sus 5 versiones, fotovoltaica, térmica,
eólica, de las olas y con los biocombustibles, solucionamos el
problema del clima y de paso nos hacemos, cada uno de nosotros, mas
rico.
La
duda ante la evidencia es de viejos.
¿Por
qué dudamos?