Unos astrónomos americanos han descubierto una zona del espacio vacía.
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/08/24/ciencia/1187944973.html
Lo asombroso no es que haya una zona vacía en el espacio. Lo asombroso
es que sea noticia.
En la edad media los filósofos escolásticos mantenían que la naturaleza
aborrece el
vacío. Por ello se inventó el "eter", un fluido sutil, pero tan rígido
como el acero,
que rellenaba todo el espacio.
Einstein demonstró que no se necesitaba el eter. Hoy día los
astrofísicos, siguiendo las ecuaciones de Einstein, postulan que el
espacio no puede estar vacío, y cuando no hay materia visible, lo
rellenan de materia obscura.
Pero entre los átomos de un gas no hay ni siquiera materia obscura: Hay
vacío. Lo mismo entre los electrones en los distintos orbitales
cuánticos de los átomos. La naturaleza no aborrece el vacío. Lo admite
al tiempo que la materia.
Si las ecuaciones de Einstein no explican correctamente lo que
observamos, tendremos que cambiarlas. En ciencia no hay nada
definitivo, y las ecuaciones pueden corregirse de vez en cuando. Esa es
la historia de la ciencia. No es la Biblia inmutable desde hace
3000 años, ni el Corán desde hace 1600. La ciencia se va adaptando a lo
que vamos conociendo. En la Biblia (un relato de guerras salvajes) el
Sol se para para permitir al pueblo elegido destruir una ciudad (es
curioso: En vez de llegar a un acuerdo con los habitantes,
destruirlos). En la ciencia, que cambia, el Sol (es decir, la Tierra)
no se para nunca, no deja de girar.
La ciencia va ampliandose con el tiempo y retrata la realidad. Los
libros sagrados no cambian, y su relación con la realidad es cuando
menos, dudosa.