Enviado el lunes, 30 de julio de 2007 20:35
Tenemos la locura de un pirómano en Canarias.
De acuerdo. Pero malvados hay en todas partes. ¿No podría el gobierno
canario haber tenido cortafuegos , el bosque limpio, y el resto de las
medidas que dificultan que un incendio provocado, por un pirómano o por
un imbecil, se propague a cinco, seis o diez mil hectáreas?
¿Donde estaban los cortafuegos?
El riesgo existe en el mundo, la maldad existe, existen los accidentes.
No desapareceran nunca. Pero lo que si puede controlarse es el efecto
grave de esa maldad, de esos accidentes.
Ante incendios como los de Guadalajara, o el de Las Palmas, los
culpables son unos, pero los chapuceros son otros. A los primeros no se
los puede controlar, pero los segundos pueden trabajar duro, no para
apagar los incendios, que no se puede, sino para que no se propaguen.
El trabajo necesario no es a la hora del incendio, sino unos años
antes. Es este trabajar antes del hecho lo que menos asumen los
gobiernos del mundo. Ante el asesinato, llevarse las manos a la
cabeza, pero tener policía para controlar las calles, eso no. Ante los
accidentes de tráfico, medidas de castigo, pero ¿Donde estan las
parejas de motoristas, una cada 20 kilómetros, que patrullaban las
carrteras? Hoy ya no se ven. Ante un incendio, helicópteros carísimos
que no sirven para nada. Pero ¿donde están los cortafuegos, el limpiar
el monte, las patrullas de vigilancia?
El mundo necesita que se asuman responsabilidades, no que la culpa se eche siempre a otros.
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