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viernes, 27 de julio de 2007

La industria nuclear no se rinde. Cerca de nosotros el agotamiento de los combustibles fósiles y su control por muy pocas manos y empresas, el dinero vuelve a la carga y se despacha a gusto publicando informes como los de Ian Sample, de The Guardian, (publicado en El Mundo, 27/07/2007). El problema entre energías renovables y energías concentradas (fósiles y nuclear) es el viejo problema del feudalismo y la libertad. Los financieros se agarran como a una tea ardiendo a la energía nuclear: Grandes centrales que permiten el control de la fuente de vida, la energía, en muy pocas manos, en vez de el reparto de esa energía a todas y cada una de las personas del planeta.

Además de éste, la energía nuclear tiene otros tres problemas notables. El primero es, evidentemente, que, al contrario que las renovables, que no pueden estallar o quemarse nunca, ni emitir radiación letal, la nuclear es -esencialmente-, es, -en su esencia-,  muy peligrosa. El segundo es el que conocemos todos. Si ya tenemos problemas con los residuos radiactivos de 7 centrales nucleares, ¿qué haríamos con los de 21 (en España) o los de 8.000 centrales repartidas por el mundo? El tercero, y último, es que las minas de uranio, como los pozos de petróleo y gas y las minas de carbón, son finitas, se acaban, son no sostenibles. Después de un gasto gigantesco en construir centrales nucleares, una vez acabado el uranio, pasados 30 años, ¿que hacemos con las centrales, de donde sacamos la energía?

Ian Sample cita a Jesse Ausubel, profesor de ciencias del medio ambiente de la Universidad e Rochester, que ha publicado su artículo, ¿cómo no? en el International Journal of Nuclear Governance and Ecology. Este Dr. Ausubel se despacha diciendo que la energía solar es mala para el medio ambiente, con el curioso argumento de que necesita grandes extensiones de terreno. Esto es evidente, no solo no hay que negarlo, sino que es la mayor ventaja de las renovables: En vez de ser energía concentrada en unas pocas manos, es energía extendida en manos de una mayoría de seres humanos.

Para empezar, las zonas más adecuadas para instalar la energía fotovoltaica son las ciudades. Si se instala esta energía en techos y fachadas disminuye radicalmente la necesidad de acondicionamiento de aire en verano, pues capturan la energía del sol que así no entra en las casas. Disminuye a su vez, radicalmente, la necesidad de transporte de energía eléctrica, al generarse localmente. Otras zonas  adecuadas para la instalación de huertas solares son los desiertos y las fincas (humanas) abandonadas. Nunca se instalarán en las montañas ni en los parques naturales protegidos.

Para la instalación de torres de energía solar térmica las zonas más adecuadas son los bordes del desierto, por ejemplo, todo el sur de Marruecos, de Argelia, la franja de Libia entre la costa y el Sahara, el desierto egipcio. No se puede uno llevar las manos a la cabeza porque se instalen torres solares en esa zonas, sobre todo si esas torres generan energía sin emitir CO2, sin emitir humos sulfurados, y sin producir residuos radiactivos, y siendo esencialmente eternas, al menos tan longevas como el Sol.

Los molinos de viento: Si en La Mancha los antiguos molinos de viento son una marca de la casa, ¿por qué no lo pueden ser los nuevos, que son, estéticamente, mucho más bellos, más estilizados, que los antiguos?

En cuanto a los biocombustibles: Estudiemos el caso de España. Una mayoría de fincas agrícolas españolas reciben dinero de la Unión Europea por NO plantar, los campos españoles están abandonados, la gente se traslada a vivir a las ciudades. Si empleamos esos campos abandonados para generar dinero, los agricultores podrán volver a poder vivir de sus campos, y podríamos invertir, si lo hacemos bien, la tendencia hacia las megalópolis (un nuevo sistema de control feudal, donde es muy fácil controlar los deseos de los ciudadanos para que se ajusten a los deseos de una pequeña clase gobernante).  Al revés de como indica Ausubel, el poner en marcha los biocombustibles no genera destrucción del medio ambiente, sino su protección frente a la desertización creciente causada por el abandono del campo. Los biocombustibles, con las tierras labradas con tractores movidos mediante biodiesel, y fertilizantes fabricados con energía solar, no generan emisión neta de CO2, y ayudan a recuperar el medio ambiente. Recordemos que, por ejemplo, en España, no hay ni un solo metro cuadrado de terreno virgen, no modificado por la mano del ser humano. Y recordemos el proceso de desertización creciente de nuestro país.

En resumen, ninguna de las tesis de Ausubel, ni de Sample, se tienen en pie, y se revelan como lo que probablemente sean, une esfuerzo de la industria nuclear por aprovechar el problema del cambio climático para crear otro igual de pavoroso: 8.000 centrales nucleares repartidas por el mundo.

Tenemos una solución limpia, barata, sostenible a larguísimo plazo, amable con los ciudadanos, que aleja el espectro creciente de un nuevo feudalismo, de un nuevo control de la mayoría por una pequeña minoría. ¿Seremos tan tontos como para dejarla escapar por los cantos de sirena de los grandes financieros?

Seamos listos por una vez en nuestra historia sobre la Tierra. Elijamos la razón. Es lo más bello.


19:08 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (10)