Escribimos y leemos cada
uno con nuestro propio background. Un lector me hace un comentario
que me indica que quizás muchos otros lectores no entiendan
bien lo que yo quiero decir por tribu.
La sociedad humana se
organiza en formas muy diversas, pero dos de ellas son interesantes y
generalizadas a lo largo y ancho de nuestro mundo. La primera es una
reliquia de nuestra etapa de “homo”: En aquella etapa
funcionábamos en pequeñas bandas, similares a las de
los papiones de las saabanas africanas, pero a diferencia de ellos,
carecíamos de colmillos afilados. Eramos más bien
pequeñajos (alrededor de 1.50m) y no podíamos competir
en fuerza física con ninguno de los animales que nos rodeaban.
Si alguno de los lectores
de este blog se acerca, o recuerda cuando se acercó, a la
jaula de los papiones o mandriles en el zoo más cercano a su
residencia, verá, o recordará haber visto a un macho
grande y peludo al que el resto de los monos rinden pleito homenaje o
disimulado odio. Las hembras le cortejan y los machos gamma le
ofrecen restos de comida. Es el esquema tribal, en el que hay un jefe
de autoridad indiscutida. La única forma de prosperar en la
tribu es cumplir con las labores encomendadas y esperar el favor del
cabecilla, que asciende a uno no por sus méritos, sino por sus
adulaciones.
Cuando los seres humanos
pasaron a la etapa agrícola, reprodujeron en ciudades y aldeas
la estructura tribal. Al fin y al cabo llevaban unos 30.000 años
con ella y era difícil deshacerse de una cultura tan antigua.
Se reprodujo el esquema, incluyendo una clase social especial que
debía justificar, con mensajes de los dioses, el maravilloso
status del jefe de la tribu. El problema de esos mensajes es que
nadie puede saber si son ciertos, pues nadie puede hablar con esos
dioses, pero su gigantesca ventaja es que si se aceptan, son
incuestionables: Existe un jefe supremo siempre al que hay que
obedecer, y al que no se puede discutir, pues nunca aparece en
audiencia.
La cultura tribal
funciona a base de tabúes, de reglas irracionales e
inexplicables, de costumbres dietarias y leyes sobre el vestido sin
sentido alguno. En la sociedad tribal mandan siempre los herederos de
los antiguos y no hay cambios en la cadena de gobierno. En la
sociedad tribal el jefe llega a jefe por cooptación del
antiguo consejo de gobierno, y solo los que aceptan ir subiendo
escalones por selección de los que ya están arriba
consiguen acercarse a los puestos de mando. En la sociedad tribal las
leyes son siempre de hace tiempo, y el objetivo del futuro es
reproducir el pasado.
Unos ocho mil años
tras la domesticación de las plantas los atenienses estaban
edificando un imperio naval. En el mar es difícil seguir las
tradiciones y uno se salva cuando innova a cada paso. En el comercio
marítimo uno ve cientos de sociedades tribales, cada una con
su tabú particular, de manera que puede pensar que ninguno de
esos tabúes tiene significado alguno.
En la Grecia de las
guerras persas los seres humanos empezaron a pensar que el esquema
tribal no era en absoluto necesario.
En la sociedad abierta,
de la que deriva la sociedad de la ciencia, no hay tabúes, no
hay reglas transmitidas de padres a hijos sin significado alguno, uno
puede comer lo que se le antoja, y vestir como quiere, y lo
maravilloso es que ¡no pasa nada! No cae fuego del cielo ni se
hunde el mundo. En la sociedad abierta uno puede llegar a jefe a los
20 años, por méritos propios y sin asomo de cooptación.
En la sociedad abierta uno acepta a los demás, a los “otros”,
sin rechazarlos como impuros o infieles. En la sociedad abierta es
necesario innovar y la aventura, física o intelectual no solo
no es rechazada por la sociedad, sino que la sociedad la estimula.
En la sociedad tribal se dan vueltas y más vueltas a los
mismos libros, sin experimentar un segundo. En la sociedad abierta
los libros sirven de condición inicial, y lo que en ellos se
dice, lejos de autoridad alguna, se comprueba en la vida y en el
mundo real.
La sociedad tribal ofrece
una seguridad mísera, o un triunfo con deudas (deudas al que
ha elegido a quien cooptaba). La sociedad abierta es arriesgada. No
ofrece nunca seguridad, pero lo que cada uno obtiene, lo obtiene sin
debérselo a nadie.
La sociedad tribal fue
sistematizada y defendida por Platón, y más
recientemente por Hegel. A pesar de la belleza inmensa de la sociedad
abierta, la tribal vuelve una y otra vez a levantar su horrible
cabeza. El miedo a lo desconocido, el deseo de vivir siempre como se
ha vivido, el horror a lo nuevo, las ganas de comer para defecar, el
único objetivo de procrear la rehacen una y otra vez en la
cultura humana.
En España la
hemos tenido mucho tiempo. Desapareció un breve periodo cuando
nos lanzamos al océano, ansiosos por buscar lo nuevo. Volvió,
tristemente, muy pronto, cuando nos entró miedo de vivir la
vida. Desapareció un momento entre 1975 y 1984, y volvió,
poco a poco, a asegurar su dominio sobre cada uno de nosotros. Hoy el
futuro no interesa, todo es resucitar el pasado. Hoy la aventura
intelectual es rechazada y solo se quiere seguir la senda trillada.