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domingo, 08 de julio de 2007

Escribimos y leemos cada uno con nuestro propio background. Un lector me hace un comentario que me indica que quizás muchos otros lectores no entiendan bien lo que yo quiero decir por tribu.


La sociedad humana se organiza en formas muy diversas, pero dos de ellas son interesantes y generalizadas a lo largo y ancho de nuestro mundo. La primera es una reliquia de nuestra etapa de “homo”: En aquella etapa funcionábamos en pequeñas bandas, similares a las de los papiones de las saabanas africanas, pero a diferencia de ellos, carecíamos de colmillos afilados. Eramos más bien pequeñajos (alrededor de 1.50m) y no podíamos competir en fuerza física con ninguno de los animales que nos rodeaban.

Si alguno de los lectores de este blog se acerca, o recuerda cuando se acercó, a la jaula de los papiones o mandriles en el zoo más cercano a su residencia, verá, o recordará haber visto a un macho grande y peludo al que el resto de los monos rinden pleito homenaje o disimulado odio. Las hembras le cortejan y los machos gamma le ofrecen restos de comida. Es el esquema tribal, en el que hay un jefe de autoridad indiscutida. La única forma de prosperar en la tribu es cumplir con las labores encomendadas y esperar el favor del cabecilla, que asciende a uno no por sus méritos, sino por sus adulaciones.

Cuando los seres humanos pasaron a la etapa agrícola, reprodujeron en ciudades y aldeas la estructura tribal. Al fin y al cabo llevaban unos 30.000 años con ella y era difícil deshacerse de una cultura tan antigua. Se reprodujo el esquema, incluyendo una clase social especial que debía justificar, con mensajes de los dioses, el maravilloso status del jefe de la tribu. El problema de esos mensajes es que nadie puede saber si son ciertos, pues nadie puede hablar con esos dioses, pero su gigantesca ventaja es que si se aceptan, son incuestionables: Existe un jefe supremo siempre al que hay que obedecer, y al que no se puede discutir, pues nunca aparece en audiencia.

La cultura tribal funciona a base de tabúes, de reglas irracionales e inexplicables, de costumbres dietarias y leyes sobre el vestido sin sentido alguno. En la sociedad tribal mandan siempre los herederos de los antiguos y no hay cambios en la cadena de gobierno. En la sociedad tribal el jefe llega a jefe por cooptación del antiguo consejo de gobierno, y solo los que aceptan ir subiendo escalones por selección de los que ya están arriba consiguen acercarse a los puestos de mando. En la sociedad tribal las leyes son siempre de hace tiempo, y el objetivo del futuro es reproducir el pasado.

Unos ocho mil años tras la domesticación de las plantas los atenienses estaban edificando un imperio naval. En el mar es difícil seguir las tradiciones y uno se salva cuando innova a cada paso. En el comercio marítimo uno ve cientos de sociedades tribales, cada una con su tabú particular, de manera que puede pensar que ninguno de esos tabúes tiene significado alguno.

En la Grecia de las guerras persas los seres humanos empezaron a pensar que el esquema tribal no era en absoluto necesario.

En la sociedad abierta, de la que deriva la sociedad de la ciencia, no hay tabúes, no hay reglas transmitidas de padres a hijos sin significado alguno, uno puede comer lo que se le antoja, y vestir como quiere, y lo maravilloso es que ¡no pasa nada! No cae fuego del cielo ni se hunde el mundo. En la sociedad abierta uno puede llegar a jefe a los 20 años, por méritos propios y sin asomo de cooptación. En la sociedad abierta uno acepta a los demás, a los “otros”, sin rechazarlos como impuros o infieles. En la sociedad abierta es necesario innovar y la aventura, física o intelectual no solo no es rechazada por la sociedad, sino que la sociedad la estimula. En la sociedad tribal se dan vueltas y más vueltas a los mismos libros, sin experimentar un segundo. En la sociedad abierta los libros sirven de condición inicial, y lo que en ellos se dice, lejos de autoridad alguna, se comprueba en la vida y en el mundo real.

La sociedad tribal ofrece una seguridad mísera, o un triunfo con deudas (deudas al que ha elegido a quien cooptaba). La sociedad abierta es arriesgada. No ofrece nunca seguridad, pero lo que cada uno obtiene, lo obtiene sin debérselo a nadie.

La sociedad tribal fue sistematizada y defendida por Platón, y más recientemente por Hegel. A pesar de la belleza inmensa de la sociedad abierta, la tribal vuelve una y otra vez a levantar su horrible cabeza. El miedo a lo desconocido, el deseo de vivir siempre como se ha vivido, el horror a lo nuevo, las ganas de comer para defecar, el único objetivo de procrear la rehacen una y otra vez en la cultura humana.

En España la hemos tenido mucho tiempo. Desapareció un breve periodo cuando nos lanzamos al océano, ansiosos por buscar lo nuevo. Volvió, tristemente, muy pronto, cuando nos entró miedo de vivir la vida. Desapareció un momento entre 1975 y 1984, y volvió, poco a poco, a asegurar su dominio sobre cada uno de nosotros. Hoy el futuro no interesa, todo es resucitar el pasado. Hoy la aventura intelectual es rechazada y solo se quiere seguir la senda trillada.

17:02 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (11)