Enviado el miércoles, 11 de abril de 2007 5:49
Durante la Semana Santa el IPCC hizo público su informe sobre impactos,
en una versión aguada debido a las presiones de EEUU y otros grandes
emisores de CO2, o generadores de emisiones, como los paises de la OPEC.
Ayer se expuso en el MMA la parte de ese informe que corresponde a
España. No es nuevo, y vengo diciendo exactamente lo mismo que el
informe desde hace algunos años, en los blogs, en los periódicos, en
las teles, en las conferencias.
Lo que si es nuevo es el derrotismo del Ministerio en la exposición de
ayer. Ya no se habla de parar el cambio climático, sino de adaptarse a
sus efectos.
ESTO NO ES POSIBLE. NO ES POSIBLE ADAPTARSE.
El problema es que ayer se habló solo de los impactos primarios del CC.
Pero si no paramos el CC los efectos secundarios de los impactos
primarios acabarán con nuestra civilización.
No es posible mantener la civilización actual sin agua. No es posible
mantener la vida social española con las costas inundadas. No es
posible mantener nuestra civilización frente a la presión de 200
millones de subsaharianos que se nos vendrán encima.
A mi se me acusa de catastrofista y de apocalíptico. Pero yo insisto
una y otra vez que aun tenemos tiempo, si nos dejamos de las chorradas
de Herri Batasuna, de ETA, de las chorradas de los estatutos de
autonomía, de las chorradas mil en que está metido este gobierno y nos
ponemos al tajo. Y el tajo es eliminar en veinte años el carbono de la
producción de energía, y mientras tanto eliminar la emisión de CO2 al
aire.
Se puede hacer. Hoy tenemos dinero, muchísimo dinero. El Banco de
España tiene las arcas a rebosar. La situación me recuerda a la de mi
abuelo: Tuvo que someterse a una operación quirúrgica cara, y aunque
tenía dinero bastante en el banco, nos decía que ese dinero era "para
una emergencia". Tenemos dinero, tenemos energía, tenemos
tecnología. ¿A qué esperamos? ¿A una "emergencia"?
Si leemos los informes del comienzo de la segunda guerra mundial vemos
que Francia fué derrotada en unas semanas, aunque tenía más aviones,
más tanques y más soldados que Alemania. Le faltaban las ganas de
luchar. Estos días se está proyectando una versión cruenta del gesto de
Leónidas en las Termópilas. La película antígua era mucho mejor, pero
ésta vale como ejemplo. 300 espartanos detuvieron al ejército de Jerjes
lo suficiente como para convencer al pueblo griego de que podían
vencerlo. Lo hicieron porque tenían la tecnología y las ganas de ganar.
Y lo hicieron frente al derrotismo de la Asamblea espartana, pagada,
casi con seguridad, por el mismo Jerjes.
Si tiramos la toalla perdemos seguro. Pero sabemos que podemos ganar, y
a pesar de que algunos economistas nos digan que luchar contra el
cambio climático es "sacrificar el bienestar", la realidad es la
contraria: Poner en marcha una economía descarbonizada es entrar en una
revolución industrial, una revolución que nos traerá, junto con la
desaparición de la amenaza de cambio climático, una nueva etapa de
prosperidad. Como todas las revoluciones, fastidiará a algunos,
sacrificará el "bienestar" de algunos, pero mejorará substancialmente
la vida de todos, incluidos esos "algunos".
Estamos, como los espartanos, ante una encrucijada: Podemos ganar, como
demostró Leónidas, o podemos perder 400 años de esfuerzos y
entrar en miles de años de desastre global.
No podemos dudar de la elección a tomar.
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