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domingo, 08 de abril de 2007

Este blog no tiene mucho que ver con el Medio Ambiente, pero es una reflexión que quiero compartir aquí. Ayer me acerqué al Museo del Prado para intentar ver la exposición de Tintoretto. La cola tenía pinta de durar un par de horas, y evidentemente desistí. Hace años que no voy a los conciertos, que voy a pocos teatros y a casi ninguna exposición. Tampoco subo al monte ni voy a esquiar y las horas de playa son un pequeño tormento, solo aliviado porque la masa de la humanidad española no sabe nadar, de manera que cuando avanzo 100 metros mar adentro puedo nadar un par de kilómetros sin chocar con nadie. Es claro que en cuanto salgo a la arena me retiro al apartamento.

Hoy el ocio es lo más parecido al trabajo que puede haber. Es preciso planificarlo, estudiarlo, reservarlo, sufrirlo.

El ocio debería ser eso, ocio: Una actividad espontánea, una -diversión-, un placer inesperado. Cuando el ocio se convierte, como en las noches del viernes de los jóvenes, en algo obligado, en algo rutinario, en algo incómodo, deja de ser placer y se convierte en obligación. Cuando para pasear por el monte hay primero que coger el coche y desplazarse 400 km, y aun así se encuentra uno como en la Puerta del Sol a las seis de la tarde, cuando para esquiar hay que pedir paso en medio de una muchedumbre, cuando para ver unos cuadros debe uno esperar un par de horas, el ocio pierde todo su encanto.

Desde hace tiempo monto en bicicleta los domingos por las calles de Madrid: No hay gente, no hay aglomeración, estoy mas solo que en cualquier montaña o carretera. Los cuadros los veo en internet, la música la escucho en el salón de casa, y mi ocio es realmente mi trabajo.

¿Es agradable un ocio trabajado?

Esta vida de aglomeraciones  que hemos elegido, ¿Vale la pena?

13:13 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (4)

Dos noticias en estos tiempos de Semana Santa: El IPCC presenta su informe sobre Impactos, que es devastador, como no puede ser menos. Y en Yahoo aparece un meteorólogo jubilado, William Gray, que aporta su conocimiento sobre la predicción a cinco días a la predicción a cien años con todo el desparpajo del mundo, afirmando que sabe tajantemente que la temperatura del océano ha de bajar en los próximos 10 años. Es claro que es un magnífico meteorólogo, pero es claro también que no sabe física, ni mucho menos la física de la radiación ni conoce la termodinámica. Enfín, una pena.
La realidad la estamos viviendo todos, ya en estos días, aunque aun lo que vivimos es una parte minúscula de lo que vamos a experimentar. Tenemos extremos cada vez más intensos, como corresponde, simplemente, y sin modelos, al aumento de energía en el caldero que es la atmósfera. Si ponemos un cazo con agua al fuego de la cocina, a una temperatura de unos 40ºC y echamos en el agua una gota de leche, veremos el maravillo movimiento de los vórtices en el agua según el agua caliente sube del fondo y se enfría arriba. Vayamos subiendo poco a poco la energía que damos al cazo con agua. Volvamos a echar una gota de leche en el agua limpia y ahora a 50ºC. Los vórtices son más intensos y rápidos. Repitamos el experimento a 60ªC, a 70ºC.

Pues bien, esto es lo que estamos haciendo a la Tierra: Le estamos poniendo mantas cada vez más gordas, de forma que la energía retenida en su superficie es cada vez mayor. Los movimientos de las corrientes de aire, hoy, y del mar, mañana, serán cada vez más intensos, con sequías mś prolongadas, puntuadas por inundaciones intensas.

Señor Gray: Vuelva al colegio y repase sus libros de termodinámica.

13:08 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (1)