El martes día 19
de Febrero de 2007 la maravillosa UE, enormemente preocupada por el
Cambio Climático, llegó a un acuerdo de intentar
reducir las emisiones en un 20% en el 2020. España insistió
en que se considerasen las emisiones per cápita, y que,
consecuentemente, se le dejase emitir más.
Sufrimos todos de un
problema de adaptación genética. Nos hemos desarrollado
como homínidos cuya actividad esencial es buscar energía
a toda costa, y en esta última etapa en el siglo XXI, cuando
ya deberíamos haber superado ese imperativo animal, seguimos
con la angustia íntima, profunda, del mono que busca sin parar
los cacahuetes por el suelo.
España quiere
seguir emitiendo CO2, quiere seguir con las tres centrales de carbón,
con las centrales de fuel, de gas. NO pone en marcha un programa
sistemático y decidido para acabar, en un plazo muy breve, de
eliminar la combustión de carbono. España y Europa se
mueren de miedo antes de embarcarse decididamente por la senda de la
energía solar.
Miedo, miedo
primitivo, miedo de primate de sabana.
Se esgrimen
argumentos que se caen por su propio peso: La energía solar es
cara, es imposible, es irregular, no se puede almacenar.
Todo esto es,
radicalmente, mentira.
Los conceptos de
"caro" y "barato" no están definidos en
ningún diccionario económico. Mi búsqueda en 10
libros de texto de economía no me ha proporcionado ninguna
definición de "caro" o "barato". Para una
persona que desprecia la ropa, un vestido de modista es caro, para
otra que adora las fiestas es barato. Para un loco del volante un
coche de 60.000 euros es barato, para mí, para quien un coche
es simplemente una máquina necesaria (como es necesario ir al
servicio de vez en cuando) cualquier coche es caro.
Por lo tanto la
energía solar no es ni cara ni barata. Es lo que cada uno de
nosotros queramos que sea.
Es, esencialmente, necesaria, y
ante la necesidad el concepto de coste deja de tener sentido.
España
tiene 1.200.000 estudiantes universitarios, pero el trabajo que se
ofrece es poner ladrillos en un esquema inmobiliario para enterrar
dinero del Éste (y del Oeste). No hay trabajo de calidad para
los universitarios, pero importamos mano de obra barata de Sudamérica
para seguir edificando bloques de pisos. Ayer me encontré a 5
alumnos de la primera promoción de Arquitectura de Alcalá:
"Estáis trabajando bien, ¿No es asi?" "No,
trabajo basura".
Un cambio radical del
paradigma energético producirá, cuando las decenas de
gobiernos diversos de esta España moderna así lo
asuman, un boom tecnológico que dará trabajo de calidad
a esos cientos de miles de universitarios. Es preciso rehacer todas
las casas, acondicionándolas para ahorrar energía, y
para convertirlas en productoras de energía a través de
sus tejados y fachadas. Para hacer esto, desde arquitectos y
aparejadores, hasta peones de albañi,l deberán
desarrollar trabajo de calidad. Para ellos se precisan empresas
tecnológicas que produzcan los materiales necesarios. Para
estas empresas se necesitan titulados superiores, ingenieros,
economistas, y trabajadores
cualificados.
Se precisa montar
60 gigawatios de energía eólica, solar térmica,
fotovoltaica. Se precisa convertir los barbechos españoles,
con fertilizantes obtenidos con energía solar y tractores
movidos con biocombustibles, en productores de éstos últimos.
Todo esto dar trabajo, y trabajo de calidad. Con el trabajo viene,
según las teorías económicas ortodoxas y las
heterodoxas, el dinero, puesto que éste no es más que
el resultado de producir energía sobrante y repartir las
plusvalías.
La energía solar es, en su propia
esencia, irregular: La directa solo se obtiene de día, y varía
un poco con la nubosidad. Pero la éolica se puede obtener día
y noche, en el Cabo San Vicente, en Corcubión, en Algeciras, o
en el Cabo Norte en Noruega. La tecnología actual permite
enviar la energía producida en ese Cabo Norte a España
con una pérdida de un 5% y sin problemas de equilibrio de
fases, pues se puede enviar en corriente continua.
Las energías
solares directas, la térmica y la fotovoltaica, se pueden
almacenar de muy diversas maneras, todas eficientes. Los vehículos
pueden funcionar con biocombustibles y con hidrógeno.
¿De
donde deriva pues la resistencia numantina a embarcarnos en la
energía solar? Deriva del mismo concepto de codicia del que
deriva la guerra de Irak de Dick Cheney, y su marioneta el Sr. Bush:
Del ansia de dinero, un dinero para construirse un mausoleo en vez de
para disfrutarlo. Un dinero fácil, que no exige pensar y que
se obtiene por el método del primate o de los buitres: Robando
lo que ya hay, en vez de invirtiendo el esfuerzo mental en encontrar
nuevas fuentes de alimento. ¿Por qué insiste Endesa en
seguir con las carboneras de As Pontes y de Almería, que
utilizan carbón importado? Es pura codicia, vagancia mental,
sacar partido a algo dañino con tal de no invertir un pequeño
esfuerzo en algo más racional.
El Sr. Presidente del
Gobierno del estado español no se cansa de repetir que se
están haciendo cosas contra el cambio climático, pero
no se ha molestado en presentar a los ciudadanos un plan detallado y
preciso del número de centrales solares que se van a
innaugurar el año que viene, el 2009, el 2010, etc. No se ha
molestado en decirnos cuantos colectores solares podemos poner este
año 2007, el 2008, el 2009 , etc, en los tejados de nuestras
casas, no se ha molestado en exponer un plan detallado para la
substitución de la gasolina y el gasóleo por
biocombustibles en las gasolineras de España. NO tiene ningún
plan, aparte de las buenas intenciones que no cuestan ningún
esfuerzo.
Somos mediocres. Lo hemos sido desde 1550 y no se
nos pasa la infección. Podemos ser distintos. Podemos avanzar
por otro camino, tenemos todos los recursos en nuestras manos,
incluso tenemos hoy dinero, mucho, mucho dinero.
Pero nuestra mente es
pobre, miserable, mediocre.
¿Cambiamos?