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lunes, 04 de diciembre de 2006

Hoy he tenido una conversación con mi padre. Ha sido catedrático de latín y filósofo. Muestra un interés insaciable, a sus 83 años, por entender los problemas de la física, de la técnica, del conocimiento, de la ciencia, en fin. Hablando con él he encontrado una de las razones por las que se nos hace tan difícil hacer entender lo que es la ciencia a la gran masa social, a pesar de utilizar un lenguaje llano y ejemplos sacados de la vida diaria. El problema es mucho más profundo, es un problema de filosofía de vida. Aun usando el lenguaje de la cocina, lo que contamos no cala en la sociedad pues lo que no conseguimos transmitir es la razón de nuestro interés por la ciencia.


 

Cualquier  cualquier ingeniero, cualquier historiador, cualquier filólogo, cualquier científico, en fin, sabe que conseguir el conocimiento es una tarea dura, larga, difícil, trabajosa, que exige dedicación y paciencia. Cualquier científico espera algún reconocimiento por su labor.

 

Pero hoy la masa social no entiende que esto sea  así: ¿Se quiere un reproductor de música? Pues se acerca uno a la tienda y allí hay uno, a disposición de el que tenga dinero. ¿Busca uno un teléfono móvil? Está en los estantes de la tienda. Solo se necesita dinero. ¿Quiere uno una barra de pan? Misteriosamente está en los estantes de la panadería. Hoy en día, para la gran masa social, el pan sale de una máquina, sin conexión alguna con el trigo ni la harina. Las “pizzas” las trae un muchacho en moto, las peras aparecen por arte de magia en las fruterías y si estamos enfermos el médico nos duerme y cuando despertamos estamos curados.

 

Al haber alejado los efectos de las causas hemos recreado la magia. Si para hablar con el novio basta pulsar un botón, para curarnos de una enfermedad bastará con pulsar otro, o hacer un encantamiento. Para la gran masa social la ciencia, la ingeniería, la medicina, hasta la literatura y el arte son innecesarios. No hace falta trabajar, no hace falta invertir en laboratorios. Basta con decir abracadabra y las cosas se resuelven. Eso sí, hay que pagar. Por ello lo único importante en el mundo de hoy (hasta entre los políticos, que absorben el ideario de las masas) es el dinero. Para que el brujo te haga un encantamiento, basta con pagar. Si necesitas una carta astral, se paga y ya está. Si queremos ir al cielo, se pagan unas indulgencias, y hasta  aquellos que se preocupan del medio ambiente prefieren pagar una cuota a una ONG que les resuelva el problema antes que ponerse a trabajar. Hoy en día se considera el trabajo como algo molesto, una excusa para cobrar dinero, pero esencialmente innecesario. ¿No lo hace el ordenador?

 

De esta manera, mi discurso, y el de otros muchos compañeros de blog, y el de los científicos en su acepción más amplia es esencialmente marciano para los habitantes de la Tierra, porque el discurso de la ciencia se basa en reconocer que no hay nada sencillo, que todo, a pesar de que en ello se inviertan miles de millones, es difícil y trabajoso. Puesto que unos aceptamos el trabajo y otros quieren el pelotazo, pulsar un botón, lo que está ya en el estante, lo que cae del cielo, los lenguajes son mutuamente incomprensibles, aunque todos hablemos español.

 

¿Cómo cambiar esta incomprensión?

 

6:50 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (4)

En la última semana de Noviembre, 2006,  asistí a tres reuniones semi-científicas. En la primera de ellas se trataba de pensar en los escenarios posibles para la energía, en España en los próximos 23 años.  En la siguiente se trataba de debatir con el público sobre el papel de la universidad en la sostenibilidad. En la tercera se trataba de asistir a la entrega de unas medallas de oro a la innovación en España.


 

Los resultados de las tres fueron similares. La imaginación, la capacidad de innovación, las nuevas ideas son, en España, limitadas. Ante el reto del cambio climático, ante el reto de una vida con escasez de combustibles fósiles y con estos combustibles contaminando el ambiente (llevo tres meses tosiendo sin parar, y pienso que es alergia al gasóleo)  a  la mayoría de los “expertos en energía” solo se les ocurría insistir en buscar nuevas formas de utilizar el petróleo y el carbón. Ante la propuesta de “Vamos a buscar nuevos caminos en la energía” la respuesta fue “No puede ser”, en vez de “¡Probemos!”

 

En la reunión sobre sostenibilidad, el papel de las universidades no era, para cuatro de seis ponentes, el de dirigir el pensamiento hacia nuevas ideas, hacia un bienestar sostenible en vez de  hacia un imposible desarrollo sostenible.  Para esos cuatro ponentes el papel de la universidad era poner cubos de residuos y plantar 400 árboles. No era lanzar ideas a la sociedad. Era hacer cositas en vez de lanzar ideas.  Era, centradas las universidades en si mismas, como los cortijos romanos en la decadencia del imperio, plantar romero en sus patios.

 

En la entrega de medallas, se escucharon panegíricos sobre la maravillosa labor de los premiados. Estos habían contribuido al progreso de la humanidad en cosas tan esenciales como la inseminación artificial de las vacas, los yogures o los puentes colgantes. Cosas todas necesarias, pero, no sé como decir, carentes de la fuerza que necesitamos para cambiar el paradigma social.

 

Conducía estos días por Madrid. Veía a las señoras acercarse al mercado, a las chicas mirar los escaparates, a los señores correr de semáforo en semáforo apartando coches para pararse unos metros más adelante. Pensamos que  somos algo especial, pero visto desde lejos hacemos exactamente lo que hacen las hormigas de un hormiguero.

 

Solo en la creación, en los libros, en las partituras de Bach, de Händel, de Mahler, de Wagner, en los cuadros, en las esculturas, en los edificios singulares, en la ciencia, solo en ello somos algo distinto de las hormigas de un hormiguero. Pero la mayoría de las hormigas no apoyan el trabajo creativo. Quizás los que lean estos blogs decidan seguir con mayor fuerza de con la que ya lo hacen su labor esencialmente humana, esencialmente lejos de las hormigas, su labor de creación. Deben saber que lo  harán sin apoyo, es más, con el rechazo del hormiguero. Pero deben hacerlo, y pueden hacerlo. El rechazo es parte del esfuerzo. Es inherente al mismo. Las hormigas tratarán de alejar del hormiguero, incluso tratarán de eliminar, a aquellos que quieran ser humanos. Pero solo en la creación seguiremos siendo humanos en vez de decaer de nuevo, como en aquella decadencia romana, hacia una vida puramente animal.  

6:48 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (4)