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domingo, 26 de noviembre de 2006

La ciencia, por definición, es la búsqueda de la realidad, el esfuerzo de entender esa realidad.

 


El ser humano quiere, constantemente, huir de la realidad. Una de las realidades de la naturaleza, la más tremenda, es que la vida individual se acaba, y se acaba pronto. El homo sapiens, con su capacidad para la imaginación que le ha hecho uno de los dominadores del planeta Tierra (reconozcamos que solo uno de ellos ya que compartimos este título con hormigas, ratas y cucarachas) rechaza esa desaparición individual, y busca, desde hace miles de años, un esquema de supervivencia. Así aparecieron en la mente humana los esquemas de la reencarnación, y algo después, la idea de una reencarnación en otro mundo, en un mundo con ángeles y demonios, con huríes del paraíso.

 

Otra  de las realidades es la cortedad en el tiempo de la confianza de unos seres humanos en otros, lo que se denomina amor. El amor, como la vida, acaba muy pronto, pero se mantienen otras realidades mucho más bellas: la amistad, el interés entre las personas, la búsqueda de la realidad de unos y otros, frente a la recepción del engaño.

 

La ciencia llamó la atención en algunos momentos de los  siglos XIX  y XX: Se veía en ella una posibilidad de escapar de la realidad, confundiéndose así en la mente humana la realidad de la ciencia. Lo que llama la atención de las masas en la ciencia no es la realidad que la subyace, sino la expectativa de irrealidad que parece prometer. Así se busca en la ciencia la vida extraterrestre, el elixir de la eterna juventud, la posibilidad de viajar a cualquier estrella y en definitiva la existencia de otros mundos donde no exista la muerte.

 

Cuando el común de los mortales descubre las dos leyes inexorables de la ciencia, el que no hay comida gratis y el crecimiento de la entropía, entonces se produce un rechazo de la misma, un desánimo retratado con un “comamos y gocemos que mañana ayunaremos”, o una búsqueda de la irrealidad de la magia y la reencarnación. Drogas, escapes, cultos, astrólogas, echadoras de cartas, todo esto es un ansia de escapar de una realidad que sin embargo es amable y bella si la sabemos encontrar. 

 

La ciencia nos proporciona una serie de mensajes que eliminan la angustia producto de la imaginación y nos revela un mundo que vale la pena vivir. La realidad de la evolución nos indica que la vida y la especie son esencialmente eternas. Aunque cada uno de nosotros muramos, nuestra especie sigue viviendo, y vive con lo que cada uno de nosotros le hemos proporcionado. La angustia de morir desaparece cuando pensamos que dejamos algo importante de herencia para los que nos siguen en la historia de la especie, en la historia de la vida.

 

Por otro lado la ciencia nos va revelando el funcionamiento del mundo, y esto es bello en si mismo.

 

¿Qué es la belleza? Ya he analizado este problema en otro de estos blogs, pero no importa repetirlo. Para saber lo que es una cosa muchas veces conviene buscar su contraria. ¿Que es lo más feo que hay en el mundo?  Un vertedero, un campo de batalla, la desintegración de cualquier estructura. Por lo tanto podemos considerar como bello lo opuesto a un vertedero: Un esquema espacial ordenado, simétrico, limitado en sus piezas y en sus partes. ¿Qué es lo contrario a la muerte? Los recién nacidos son esencialmente bellos, como son bellos los adolescentes mientras están creciendo , y son bellas algunas máquinas que muestran un elevado esquema de orden, frente al desorden de la basura, de la muerte.

 

La ciencia trata de descubrir el orden que hay en la naturaleza. Las leyes de la física descubren simetrías. Frente a la posibilidad de la existencia de miles de fuerzas distintas, la física descubre que solo hay cuatro de ellas y de éstas dos son esencialmente similares, pues decaen como el cuadrado de la distancia entre los cuerpos. Las estructuras atómicas tienen un elevado grado de orden  y sus leyes son muy sencillas. Los seres vivos no tiene todos los tamaños posibles,  y exhiben simetrías estáticas y dinámicas. El caos posible en el universo se limita y el número de formas es finito.

 

La ciencia no puede relatar el engaño que proporciona la magia, no puede proporcionar una falsa esperanza, pero da una inmensa tranquilidad en el valor de nuestra obra y una satisfacción inmensa en el goce de la belleza de la naturaleza.

 

¿Hacemos ciencia?

 

 

 

 

 

7:28 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (3)