Muchos de los comentarios que recibo se refieren a un tema curioso: La seguridad en los conceptos.
Hace unos días aparecía en una publicación la noción de que la mente de una buena parte de las personas precisas una cierta seguridad en los conceptos que maneja, de manera que cuando no la tiene, la inventa. Así se han inventado los conceptos de las religiones, los fantasmas, y los ángeles. Cuando el ser humano no vislumbra un agente para una acción, genera un circuito mental que lo representa.
Ayer recibí un comentario que indica que el que lo escribe está molesto porque no le doy UNA definición de ciencia. Dice que ha leido lo que he escrito y que es marear la perdiz, bla, bla, bla, etc.
Pues bien, esto es así. No hay definición de ciencia, ni clasificación de ciencia, ni relación entre la ciencia biológica y la contabilidad, ni casi nada de lo que desean algunos lectores. Definiciones exactas están el el catecismo o en las leyes de los estados, esas leyes que se rehacen una vez por año, como las de educación, por ejemplo. En estas materias son necesarias las definiciones exactas porque al ser aquellas arbitrarias, uno debe elegir entre miles de posibilidades la que quiere en cada momento.
La noción de que existe UNA única verdad o de que los sistemas científicos son definibles y pueden probarse deriva de esa necesidad de la mente inmadura de rellenar los huecos de lo desconocido con imágenes conocidas. Hasta hoy mismo Stephen Hawking lucha por encontrar la UNICA ecuación de la que deriven las demás, y a finales del siglo XIX David Hilbert quería encontrar la prueba definitiva de que la matemática fuera un sistema cerrado.
Hilbert fracasó y Gödel demostró que las matemáticas, la ciencia de las definiciones, es arbitraria en el sentido de que no puede probar sus propios axiomas, y depende del conocimiento acumulado de la física para aceptar la realidad y proceder a partir de ella.
La ciencia es un proceso de adquisición lenta del conocimiento de la realidad. Es algo que se va adquiriendo con trabajo a lo largo de toda una vida, y se va acumulando en los libros que heredamos y escribimos.
Quizá la mejor forma de saber qué es esto de la ciencia es comparar el arte con la artesanía. Hay talleres de coches, de televisiones, de lavadoras, hay botijeros, tejeros, azulejeros, hay carpinteros, ebanistas, soldadores. Cuando un aprendiz entra en un taller de artesanía el maestro le dice: Esto se hace así y aquello de esta otra manera. En el taller de artesanía, como en la fontanería o en el taller de mecánica, las cosas tienen reglas fijas de las que el artesano no puede salir. Hay definiciones y clasificación. El taller de mimbres o el taller de alfombras hace las cestas o los tapices exactamente de la misma manera que se hacían hace 1000 años.
Cuando un aprendiz de pintor quiere entender cómo se pinta, el maestro le dice: “Date una vuelta por la ciudad y por el campo y mira lo que ves”. No hay reglas, no hay indicaciones. Hay mucho estudio, hay debate, hay pruebas, hay reflexión. Pero no hay reglas, no hay clases.
En la ciencia uno mira el mundo y realiza experimentos. El análisis, la reflexión, la medida, el experimento, son las herramientas de la ciencia, como el pincel es la herramienta del pintor. Pero el pincel no es la pintura. La ciencia es, esencialmente, la búsqueda de la realidad, una búsqueda que debe, siempre, ser confirmada por el experimento.
Así pues, lo siento, queridos lectores. NO hay definición de ciencia, ni hay clasificación de las ciencias, ni relaciones estrictas entre ellas.
Pero hay ciencia y se puede estudiar y aprender. Salid al mundo y mirad. Eso es la ciencia.