Estuve el sábado viendo Alatriste. Para ser una película española está razonablemente bien: Cuenta algo, en vez de ser una secuencia de imágenes yuxtapuestas. Cuando salía se lo comenté a mi hijo, que había tenido la cortesía de acompañarme. Me dijo: “Sí, sí, está bien, pero ...., pero falta un objetivo para la acción”
Aquello me abrió los ojos, a los 56 años. De ellos llevo alrededor de 42 preguntándome que le pasa a España. Ayer me lo indicaron, sencillamente: Nos faltan objetivos, metas que alcanzar.
La obra maestra de nuestra literatura, El Quijote, es una sucesión de aventuras sin objetivo alguno. La primera obra de la literatura, la Iliada, es el relato del intento de alcanzar un objetivo. Tras ella otras muchas obras han descrito estos intentos.
Pero entre nosotros no parecen existir esos objetivos en la vida. Por ello es tan asombrosa la gesta de la selección española de baloncesto. La selección forma un equipo que sabe que es lo que quiere.
¡Es esto tan raro por estos pagos, que la hazaña de Japón es aun mayor que una mera copa del mundo!
No es noticia, pero hoy me han comentado, de pasada, que un catedrático de una universidad española ha decidido pedir dedicación mínima y desarrollar su labor profesional por su cuenta.
¿Tiene objetivos la universidad española? Llevo en ella más o menos 56 años, y nunca he visto el más mínimo objetivo. La universidad española es como el Real Madrid de Florentino: Una yuxtaposición de figuras y menos figuras, donde cada una lanza el balón es direcciones aleatorias, sin enterarse de que hay una portería y de que para conseguir ganar hay que tener la meta del gol y el deseo de trabajar en equipo.
En la universidad la investigación depende del tema aprobado en cada proyecto individual cada tres años, que cambia tras ese periodo de tiempo. Ni hay metas fijadas, ni equipos de trabajo, ni dirección. En ninguna de las 70 universidades del país se pretende conseguir premios Nobel, ni tan siquiera el mayor número de matrículas de honor de España. La idea es dar clase, cada uno a su aire, sin el menor control de calidad, y permitir que cada profesor consiga los contratos que quiera y pueda.
Me dicen que me quejo y que por qué no hago algo en vez de quejarme. He pedido proyectos que implican desarrollo contínuo de temas de investigación, y que exigen que los investigadores de esos proyectos tengan garantizados sueldos similares a los de la empresa privada y contratos indefinidos. Rechazados. He pedido a mi universidad la creación de institutos de investigación, con financiación estable y objetivos concretos. Rechazados. ¿Qué puedo hacer? Al menos señalo los errores y propongo soluciones.
La universidad es el espejo y la imagen de la sociedad en la que está inmersa y a la que debería servir. Cada ministerio ignora la existencia de los demás, cada comunidad autónoma ignora la existencia de las demás y del Estado, y cada ayuntamiento ignora la existencia de la comunidad autónoma en donde se ubica. Las taifas llegan hasta los barrios y hasta cada persona individual dentro de cada hogar.
Y no existen objetivos ni metas a alcanzar. La vida española de ayer, de hoy, de siempre, es El Quijote: Deambular sin rumbo por llanuras y montañas para volver al cabo de un tiempo a morir sin dejar nada detrás.
Y sin embargo, como los del basket, ¡podríamos hacer tantas cosas!