Los atascos de entrada a Madrid son kilométricos y de al menos una o varias horas. Ante este problema, los gestores sociales proponen diversas medidas. Entre ellas, la de cobrar por entrar en la ciudad.
No es raro. Estamos ante una refeudalización de la vida social, basada en la existencia de grandes señores que se alimentan del trabajo de la masa de la plebe. Como en la Edad Media, hay quien quiere rescatar el cobrar por el privilegio de entrar a disfrutar de la ciudad. Y los que al final podrán pagar por entrar serán aquellos para quienes un peaje más o menos no hace mella en sus bolsillos. El resto, a sufrir los atascos y las esperas interminables de unos transportes públicos muy mal planificados. Para muestra, un botón: Yo tardo, en coche y con atasco, 55 minutos desde mi casa a la Universidad de Alcalá. En transporte público, son dos horas, pues tengo que coger al menos tres de éstos, con las consiguientes marchas a pié para cambiar de uno a otro, y los rodeos infinitos que realizan. De mi casa al centro de Madrid en transporte público el tiempo es más o menos de una hora.
A principios del siglo XXI, con más de 200 años de tecnología y 400 de ciencia, las soluciones ante los problemas se vuelven siempre a la experiencia no ya madura, sino esencialmente putrefacta.
¿Por qué no analizamos de manera científica el problema de los atascos? Los vehículos de transporte constituyen las moléculas de un fluido viscoso cuyo flujo se frena cuando aumenta el rozamiento con las paredes. La idea de las ciudades medievales era estar cercadas por paredes impermeables al flujo con pequeñas aberturas para éste. En el siglo XXI Madrid, y otras muchas ciudades mantienen este concepto: El concepto del embudo.
¿Cuantas veces han echado ustedes agua en un embudo? El agua se retiene en la parte ancha porque la velocidad de salida por la parte estrecha es muy baja. En los embudos se generan atascos.
¿Han visto ustedes alguna vez atascos de agua en un colador? Al aumentar la sección de paso del agua se elimina el atasco.
La M-40 circunvala Madrid. En el tramo entre los túneles de El Pardo y la salida hacia Colmenar y el Nudo Norte no ha habido, hasta Mayo, ningún desagüe, de forma que en dirección Este ésta salida funciona como un embudo. En Mayo se abrió un pequeño agujero en una salida hacia el Ventisquero de la Condesa. ¿Qué ocurriría si en vez de forzar a unos cuantos de miles de madrileños a entrar a Madrid por un único agujero, se convirtiese ese tramo de la M-40 en un colador: Salidas hacia Ramón Gómez de la Serna, hacia Mirasierra, hacia el resto de las calles que son perpendiculares a ese tramo de autovía? ¿Qué ocurriría si esto mismo se repitiese, cada 100 metros, a lo largo de toda la vía de circunvalación? El sistema de 8 embudos de Madrid se convertiría en un colador. Los coches se repartirían en sus direcciones de destino, de manera que si cada embudo se dividiese en 10 salidas, y en cada embudo hubiese 1000 coches, en cada una de esas salidas habría 100 coches, una mejora substancial.
E problema es que seguir el camino trillado es fácil. Pensar, y sobre todo, pensar en algo nuevo, parece mucho más difícil que intentar llegar a Marte.