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jueves, 17 de agosto de 2006

Al final hemos tenido unas 80000 has, 800 km², una superficie de 40x20 km, quemada. Es claro que una parte substancial de los incendios han sido provocados. Pero por mucho que uno provoque, si hay guardabosques,  cortafuegos, y el bosque esta limpio, el bosque no se quema.


 

El ser humano hace piras funerarias, se rasga las vestiduras, se llega a rasgar las carnes en ocasión de los entierros de seres queridos. Pero luego los olvida. Muchas veces esos entierros derivan de guerras, que siempre son evitables, de accidentes de carretera, evitables en general, de incendios. La moral es siempre la misma: Los llantos no sirven para nada. Los problemas se solucionan en el origen, o no se solucionan.

 

Acabamos de ver, durante un mes, una guerra estúpida. Ayer pasaba por el puente sobre el Guadiana entre Ayamonte y Vila Real. A cada lado del Guadiana hay un castillo desde donde a lo largo de la historia se dispararon a veces cañonazos contra el vecino. Sin ningún resultado real. ¿Sirvieron de algo las guerras antiguas?  Unas “milicias” mantenidas y suministradas por Siria viven en la mayor pobreza mientras reciben miles de millones de dólares en forma de cohetes, minas, armas de todos los tipos. A unos miles de kilómetros hacia el sur, unos señores cubiertos por turbantes blancos nadan en la más absoluta de las opulencias. ¿Cómo sería la vida de esos milicianos y sus familias si los millones de dólares de armas se hubiesen invertido y se invirtiesen en fábricas y comercio? ¿Cómo sería la vida de esos milicianos y sus familias si cooperasen con los israelitas? 

 

En los países del Oriente Medio, como en  España, Portugal, Francia, Inglaterra, Alemania, etc. entre 1200 y 1945 lo único que existe es ansia de poder, el ansia tribal del  mono macho que se pasea rodeado de hembras y seguido de secundarios, satisfaciendo su orgullo sin el menor resultado práctico. ¿Qué consiguió Felipe II con sus guerras holandesas? ¿Qué consiguió Luis XIV, el mayor pavo real de la historia, con sus empujones hacia el Rhin? ¿Qué consiguió Napoleón destruyendo media Europa, expoliando y quemando España? ¿Qué consiguieron el Kaiser y luego Hitler causando la muerte de 100 millones de personas? ¿Tan difícil es la cooperación?

 

Y eso se aplica a Galicia. Primero, la locura de quemar para conseguir una ganancia de un día, y pobreza para los siguientes. Segundo, la locura de los gestores políticos. Se han quemado 800 km².  1 km² es un cuadrado 1km de lado. 1 km se anda en ¼ de hora. 1 km² se recorre entero y con detalle en una mañana. Para limpiar y vigilar 800 km² se precisarían 800 personas. ¿Cuanto les cuesta a las autoridades pagar a 800 personas? Menos que pagar los sueldos de 120 diputados, pavos reales con coches oficiales y demás estupideces.

 

Galicia tiene unos 30.000 km². Supongamos que de ellos 20.000 tienen árboles. Si asignamos 10 km² (un cuadrado de 3.33 x 3.33 km) a una persona que los cuide, necesitamos 2.000 personas. ¿Es tan costoso contratar 2000 perronas para los bosques gallegos? ¿Cuanto cuestan los políticos y burócratas gallegos?

 

Son cuestiones de saber que se quiere. ¿Se quiere el orgullo y el poder como en Siria, Irán, los países del Golfo, o se quieren resultados, riqueza para la población?

 

¿Se quiere llenar los estómagos de los políticos o se quiere conservar la riqueza de los ciudadanos?

20:48 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (17)

Ayer paseaba de noche por la playa. A pesar de la polución lumínica se veían algunas estrellas. Desde que tenemos registros históricos sabemos que las estrellas han intrigado a los seres humanos. Fue el estudio de sus movimientos lo que originó la rebelión de Galileo y la creación de la ciencia.


 

Hoy todo el mundo sabe que las estrellas son soles repartidos por el espacio, o más bien, -en- un espacio que ellos mismos definen. Son reactores de fusión de una variedad que exige la más amplia imaginación para poder ser abarcada. 

 

Llamaré “cielo” al conjunto de las estrellas.  El cielo presenta, aun hoy, misterios tan grandes como los que llevaron a crear la ciencia. Todos los objetos se atraen entre sí. A esta atracción le ponemos la etiqueta de “gravitación universal”. Podemos pensar en ella como en una fuerza que atrae los entes de la naturaleza entre sí, o, si queremos  (y es estrictamente equivalente)  como en un cambio de la forma del espacio, de euclídeo o lineal, a curvado, de manera que los entes, tanto masivos como  radiación electromagnética, deben acercarse entre sí en sus movimientos.

 

Pues bien, si todos los entes naturales deben acercarse entre sí, ¿cómo es que no están todos juntos, después de miles de millones de años?

 

No solo no están juntos, sino que se separan unos de otros de manera constante, hasta el punto de que la radiación electromagnética (em)  que recibimos de todos ellos  (y la que todos ellos reciben de nuestro Sol)  está desplazada hacia las frecuencias bajas.

 

Si alguna vez estamos en una estación de tren del tipo de aquellas por las que pasan los trenes a alta velocidad, y el tren pita, escuchamos un pitido agudo cuando el tren se acerca, que cambia bruscamente a grave en el momento en que pasa a nuestro lado y sigue alejándose de nosotros. Puesto que las ondas de sonido se emiten siempre con la misma frecuencia pero tardan cada vez más en llegar cuando el tren se aleja, las ondas que recibimos nosotros tienen las crestas más separadas entre sí de lo que estaban cuando salieron del silbato.

 

Puesto que vemos la luz, o las ondas de radio, o, en general, las ondas em, con frecuencias más bajas de lo que corresponde a las temperaturas que deducimos deben tener las estrellas, pensamos que todas las estrellas se alejan de nosotros a alta velocidad. Esto podría ser debido a una enorme explosión que hubiese lanzado todas esas estrellas en todas las direcciones posibles. Pero la gravitación debería haberlas frenado hace tiempo.

 

Pero hay otro problema adicional. Las estrellas no solo se alejan cada una de todas las demás, sino que las medidas realizadas en los últimos años indican que ese alejamiento se realiza de manera no más lenta, sino cada vez más rápida. Si aceptamos las leyes de Newton o su generalización, la relatividad general de Einstein, debemos suponer que existe otra fuerza simultánea a la de la gravitación universal, pero de signo contrario, una ley de repulsión universal que hace que las estrellas del cielo se separen de manera acelerada.

 

¿Solución?

 

De momento, ninguna, y eso es excitante, porque nos permite seguir preguntándonos por los fenómenos de la naturaleza.

 

Se ha propuesto una hipótesis: Que el cielo está -lleno- de materia obscura y  de energía obscura, que nos permean a nosotros y a todos los objetos del universo, pero a través de la cual nos movemos con una resistencia exactamente igual a cero.

 

Estamos en el siglo XIX y Fresnel y Arago, que no pueden asimilar que la luz se propague en el vacío, proponen  el “éter”, un fluido tan sutil que no ofrece resistencia al paso de objetos a su través, y que sin embargo es tan rígido que permite que la luz se mueva a 300.000 km/s.

 

Estamos en 1905. Einstein indica que el éter no es en absoluto necesario. Basta con cambiar ligeramente el punto de vista, basta con cambiar las ecuaciones y se observa que la luz no necesita éter para propagarse.

 

Quizá necesitamos otro Einstein que nos ayude a eliminar conceptos contradictorios que probablemente no sean necesarios, aunque esa eliminación implique cambiar las ecuaciones que son la varita mágica de los grandes sabios de la física, de la que no pueden prescindir a riesgo de perder su sabiduría.

 

¿Cambiamos de ecuaciones?

 

 

20:44 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (0)