Enviado el martes, 15 de agosto de 2006 10:22
Me pregunta una lectora, Shirley, que qué opino de un tal Horgan, que sugiere que la ciencia ha acabado y solo faltan algunos detallitos sin importancia.
Parece ser que se pregunta este Horgan qué es lo que falta por descubrir en la ciencia.
La pregunta, si es de Horgan, denota una ignorancia total sobre la ciencia, y a un tal ignorante no puede uno responder con otra cosa más que con guardar su libro en el rincón mas lejano de la casa.
La ciencia es aventura, es avanzar por un territorio desconocido para descubrir lo ignoto. Si conociésemos que es lo que nos falta por descubrir sería que lo habríamos descubierto ya.
Cómo ya he contado en otro blog, hace unos 10 meses pedí un proyecto de investigación a nuestro maravilloso MEC. Me lo rechazaron hace un par de meses con el argumento de que "los resultados no estaban garantizados". Imaginemos a Newton: ¿Se puso a "descubrir" la gravitación universal? ¿Cuando se puso a trabajar, estaban "garantizados los resultados"?
Si alguien le hubiese dicho "Descúbrame la gravitación universal", si ese alguien sabía que existía tal concepto, no necesitaba a nadie que lo descubriese, y si no lo sabía, no podía pedir a nadie que se lo descubriese.
Todo esto deriva de una visión comercial de la ciencia. Suponen muchos autores de los que escriben esas cosas que la ciencia es un taller mecánico, donde se contrata a trabajadores formados en una escuela de FP y se les pone a descubrir cosas, porque sino es así, ¿cómo pagar a alguien que no consigue resultados?
Para Horgan y colegas, la ciencia es un gran almacén donde hay que vender tantos productos al año, sino, ¡despedido!
Pues no, la ciencia no es nada de eso. La ciencia es la aventura intelectual. Es salir de casa sin saber qué encontraremos en nuestro camino, y volver muchos días sin ningún resultado, pero algunos días con resultados, imprevisibles, que cambian el mundo.
La ciencia es como un gas: las moléculas chocan contra las paredes del recipiente y ejercen presión al cambiar su cantidad de movimiento. La presión es real, pero no sabemos nunca cual de las 10²³ moléculas está actuando para conseguir esa presión. La ciencia vale todo el dinero que se invierta en ella, aunque muchos proyectos individuales no produzcan resultados, porque el RESULTADO general, la presión del gas, ha cambiado y cambia constantemente el mundo para mejor.
¿O debemos seguir iluminándonos con candelas de cera, viviendo con moscas en la cara, moviéndonos en carretas de bueyes, y muriéndonos de viruela y de cólera a millones?
Cuando Faraday se puso a jugar en el sótano de la Royal Society con plomo y sulfúrico y cables de cobre, ¿Sabía que un día tendríamos luz eléctrica? ¿Cuando Fleming experimentaba en su laboratorio sabía que quería conseguir antibióticos?
No, la ciencia no es una actividad comercial con resultados garantizados (por demás que ninguna actividad humana, como no sea rellenar formularios en una oficina de la administración, tiene resultados “garantizados”; en mi barrio hay diez casas con el letrero de “Se Vende”, colgado de sus balcones desde hace años). La ciencia es la aventura del pensamiento que abre caminos por donde luego discurre toda la humanidad.
La ciencia no está acabada ni lo que faltan son “detalles”. Nos quedan mundos por descubrir.
¿Aceptamos el reto?