El lunes día 24 de Julio de 2006 dimitió en Secretario de Estado de Energía. Se nombrará a otro. Hagamos un ejercicio sobre la vida en el país Utopía.
Este nuevo secretario general llega a su despacho y se toma las cosas en serio. ¿Cual es el problema básico de la sociedad y de cada uno de sus componentes, los seres humanos, los seres vivos? Si pasamos por la vereda de un camino y vemos las ovejas llevadas por el pastor arrancado hierba de manera frenética, si observamos a las golondrinas perseguir como flechas al plancton aéreo, nos daremos cuenta de que cada ser vivo persigue sin parar la energía que necesita para vivir, la energía que es la vida.
El PIB de un país marca lo que produce ese país, pero ¿cual es la medida del BN, es decir, del beneficio neto? Porque para producir algo se necesita energía. ¿Cual es la diferencia entre la energía producida y la consumida? Existen muy pocas estadísticas sobre el asunto, porque el concepto está muy poco considerado en los ámbitos estadísticos (que es como decir económicos).
España importa una parte substancial de la energía que utiliza para vivir. Dependiendo de los años, alrededor de un 10% de la energía empleada es hidraúlica y eólica, y quizá otro 10% es carbón. El resto de la energía para electricidad y transporte, y para fertilizantes, es importada, es decir, es un recurso que debemos sacar fuera de España, detraido de los productos y servicios que generamos aquí, de nuestro trabajo, de la energía solar incorporada a los productos alimenticios y de lo que nos dejan los turistas.
¿Qué ocurriría si cambiásemos este esquema? Imaginemos que una parte substancial de nuestros campos se dedicasen a producir soja que se convierte en diesel para mover los coches. Todo ese diesel dejaría de pagarse a los países productores de petróleo. Imaginemos que quemamos toda la paja, residuos de aceitunas, madera sobrante de los bosques, etc. es decir, toda la biomasa que no encuentra otra utilidad. Toda la energía obtenida es energía que no tenemos que pagar a los países productores de petróleo.
Imaginemos que el nuevo secretario de energía reúne en un salón a los dirigentes de Iberdrola, de Endesa, de Unión Fenosa, de Gas Natural y les dice: Tienen ustedes una tarea: En un plazo de X años, más o menos largo, pero finito, tienen ustedes que substituir toda la generación de energía de origen fósil y reemplazarla por energía solar, del tipo que ustedes quieran. Tienen ustedes un problema: Pongan los medios para resolverlo.
En el mismo salón están representantes de Repsol, de Cepsa, de otras empresas de combustibles fósiles: Les dice: En el plazo de X años tienen ustedes que reemplazar las gasolinas y los gasóleos por hidrógeno y biodiesel. Tienen ustedes un problema. Pongan los medios para resolverlo.
En el mismo salón están representantes de Acciona, de Ferrovial, de ACS, de FCC, de otras empresas constructoras. Les dice: En el plazo de X años, los edificios, nuevos y viejos, deben estar perfectamente aislados, sus calefacciones y agua caliente deben ser solares, su energía, en parte fotovoltaica. Tiene ustedes un problema. Pongan los medios para resolverlo.
El gobierno, es decir, los ciudadanos, aportarán todo lo posible para ello.
El resultado sería que, del dinero que ingresamos por turismo, por exportación de nuestra energía almacenada en forma de naranjas y similares, por nuestro trabajo, ninguna parte saldría hacia afuera. Es decir: Incrementaríamos nuestra riqueza neta, el BN, que es mucho más importante que el PIB.
Y controlaríamos en Cambio Climático.