Enviado el viernes, 14 de julio de 2006 8:40
Me he preguntado con frecuencia, en éste y otros espacios, cual es el problema de la ciencia en España.
En los últimos días he tenido varias experiencias que no tienen que ver con la ciencia y que repiten otras numerosas a lo largo de mi vida aquí. Un comerciante que se había comprometido a montarme un aparato un cierto día X me dice una hora antes de la acordada que no lo tiene. Llevo el coche al taller. El taller compra una pieza nueva y al montarla se da cuenta de que le han vendido una pieza de segunda mano. La radio rechaza un acuerdo conmigo un par de días antes de la fecha acordada. Unos carpinteros clavan un zócalo y traspasan una tubería a alta presión. En mi casa, un armario antiguo, alto, entra en un lado de la habitación, pero no en el otro: La habitación es 10 cm más baja en un lado que en otro.
Esto a mí. En España pasan chapuzas sin cuento todos los días, unas jocosos, otras trágicas: El Metro de Valencia no tiene los sistemas correctos de seguridad, por ejemplo.
¿De qué deriva todo ésto?
Todos vivimos una parte de nuestros días en oficinas, colegios, universidades, centros de la Administración. ¿Qué escuchamos a nuestro alrededor? ¿Escuchamos alguna vez conversaciones sobre el trabajo que nos traemos entre manos? Lo único que yo escucho hablar a los alumnos, en los pasillos, en las cafeterías, es sobre cotilleo, sobre si pepita sale con juanito , o a la inversa. Creo que no he escuchado una sola conversación sobre un tema de estudios en los últimos veinte años. Los estudios no interesan a los estudiantes. Recibo todos los días peticiones de convalidación. Para muchos estudiantes para lo único que sirve la universidad es para expedir un título: No tienen interés en lo que se les puede enseñar, y como reflejo inacabable, uno de lo otro, muchos profesores no tienen interés en enseñar a alguien que no quiere aprender porque el que enseña no quiere enseñar porque ....
Nos sigue cayendo la aceituna del árbol sobre la boca cuando holgazaneamos debajo de él. ¿Para qué preocuparnos? Nos llega dinero de Bruselas, los ingleses nos compran los chalets y los apartamentos y los africanos y sudamericanos trabajan en las calles y en los campos, y hasta en el ejército, por nosotros. ¿Para qué preocuparnos de la calidad?
España está entre las primeras en consumo de droga, y probablemente la primera en consumo de botellón, de juerga, de cachondeo.
¿Cómo me pregunto yo si la ciencia tiene futuro aquí?
Se puede vivir la vida como un mono, de fiesta en fiesta, de juerga en juerga. Cuando acabe la vida de cada uno se puede mirar atrás y decir: He pasado 80 años como un cerdito, comiendo y pariendo, sin dejar nada detrás.
O puede uno sentirse lleno de fuego creador: Creador de una buena butaca, de unos buenos zapatos, de una pared enfoscada tan lisa que no necesite gotelé para disimular la chapuza, se puede crear una habitación con todas las medidas iguales, servir un producto en perfecto estado, resolver una cuestión telefónica de manera perfecta, etc. ,etc.
Nuestros altos funcionarios salen de la misma sociedad que todos estos otros chapuceros.
¿Qué apoyo podemos esperar para la ciencia?