Literatura, política, marketing, religión, se basan todos en el problema básico del ser humano: La mentira, el engaño, la ocultación.
La muchacha dice al muchacho “Te quiero”, sabiendo que está dudando sobre si le quiere o no. El presidente del país dice a sus ciudadanos: “Vamos a hacer tal cosa”, sabiendo perfectamente que va a hacer la contraria. El márketing: ¿Qué podemos decir del márketing? Los paisanos sacan a la virgen para que llueva, rezan para que cure. Las nubes no descargan y los enfermos no sanan.
Son estos procederes inútiles y dañinos. Es mejor saber que no llueve y tomar las precauciones para afrontar la sequía, es mejor saber que nos morimos y aceptarlo sin tragedia, es mejor saber que la ropa barata se rompe antes que la cara, que los accidentes ocurren todos los días, que las obras públicas sirven esencialmente para enriquecer a unos pocos y que los ciudadanos sirven esencialmente para votar y pagar impuestos.
Toda la literatura se basa en el hecho de que si bien verdad hay una, mentiras hay innumerables, pues pueden ser arbitrarias. Entre dos puntos en el plano solo hay una recta, pero innumerables curvas. La gran mayoría de la población se siente como pez en el agua en estos juegos de adivinanzas que consisten en tratar de hallar la posible verdad entre la maraña de errores. Como juego pueden tener su interés, pero como actitud ante la vida no suponen más que una pérdida de tiempo y de energía que no tienen ni justificación ni interés pues no aportan realmente nada como no sea alguna ventaja efímera de algún idivíduo sobre otros, ventaja que se suele convertir en desventaja al cabo de algunas unidades de tiempo, y que siempre es un perjuicio para la comunidad de seres humanos.
La ciencia es un intento de superar esta limitación ante un esquema inmensamente ineficiente de afrontar la vida. En la ciencia las afirmaciones se prueban una y otra vez hasta tener una seguridad medida de su validez. Cuando decimos que por un hilo de X ohmios pasan I amperios si lo sometemos a una diferencia de potencial de V voltios, esa afirmación puede ser comprobada con errores de una parte por mil millones, por ejemplo.
El lenguaje de la ciencia es un esquema eficiente, suave. Es esencialmente seguro. Frente a las afirmaciones altamente dudosas del lenguaje ordinario ofrece tranquilidad, capacidad de funcionamiento. Quizá no ofrezca la posibilidad a unos pocos de, por un tiempo limitado, gozar de privilegios sobre otros, pero puesto que esos privilegios son siempre efímeros y siempre en contra del conjunto de la humanidad, su eliminación no es dañina.
Es posible que en una etapa de vida en tribus aisladas fuera necesario un esquema de falsas esperanzas y ventajas efímeras para mantener la cohesión social. En una etapa tribal la mejora de la calidad de vida del conjunto de la humanidad quedaba muy lejos de la supervivencia individual y las ganancias efímeras. Pero hoy, cuando el concepto de tribu ya no tiene sentido y es mucho mejor para cada indivíduo la mejora colectiva que la mejora individual, el lenguaje de la mentira no presenta ventajas sobre el lenguaje de la ciencia.
¿Hablamos en ciencia?