Es este un escrito “demagógico”, como me comenta con frecuencia uno de mis lectores: Un escrito que aprovecha algo que ha sucedido recientemente para barrer para mi propia casa.
Francia se ha llevado la victoria con astucia, aprovechando nuestros fallos. La mitad de los científicos jóvenes, formados con el esfuerzo y el dinero españoles, trabajan para Francia, porque España no “tiene dinero” (que sí tiene para carreteras) para pagarles, un dinero que si tienen, curiosamente, los franceses, que además son los que nos venden sus productos en miles de supermercados.
España es curiosamente miope. Quizá por esto nuestras disciplinas de éxito son aquellas que manejan el microscopio, que empezamos con Ramón y Cajal y seguimos con la galaxia de biólogos en sentido amplio. Las disciplinas predictivas gozan den nuestro país de escaso favor, un país en el cual se prefiere el negro asfalto al brillante silicio de las celdas solares. En España preferimos el sólido ladrillo a las etéreas acciones bursátiles. Pero el valor del ladrillo, como el de los sellos, es el valor de los tulipanes holandeses, mientras que el valor de las acciones, aparentemente volátil, es el valor del comercio y de las máquinas. Miopía.
3:1. ¡No aprenderemos nunca!