Escribo esto a las 18:30 del día 19 de Junio de 2006. Hay un partido entre España y Túnez a las 21:00. Supongamos dos cosas.
1) España gana y pasa a la siguiente fase.
2) España pierde y vuelve a casa.
Yo estoy en mi mesa trabajando. Ninguna de las dos situaciones anteriores me afecta, a mí, un pimiento. No voy a vivir mejor, no voy a ganar ni más ni menos dinero, no voy a ser más feliz ni menos. Si España gana habrá cohetes en las calles, pero durarán 3 horas. Si España pierde la gente andará cabizbaja un par de días, y luego volverá a cantar.
Las victorias españolas en Lepanto y en San Quintín sirvieron diez años. A los diez años Felipe II declaraba bancarrota, y los holandeses se frotaban las manos. Si miramos la historia, lo único que, empíricamente, sirve, es el trabajo callado, la investigación, el descubrir nuevos productos, nuevos métodos, el escribir nuevas sinfonías, el pintar nuevos cuadros. Las victorias son una reliquia de la etapa tribal de los primates de sabana, que nunca han traído ninguna ventaja a ninguna tribu. Si yo me restrinjo a hablar el lenguaje de mi pueblo, en vez de la lengua común a 400 millones de personas, si rechazo al extranjero que me trae ideas nuevas porque no es de mi tribu, lo único que consigo es atraso y miseria. Si me abro a cualquiera con buenas ideas, si incorporo al progreso a todos los que a él quieren contribuir, avanzo hacia la riqueza. Victorias y derrotas son reliquias tribales que a nada llevan, pero que distraen a la gente de la tarea real.
Los alemanes eran muy pobres en 1932. El mensaje de Hitler era: “Sois pobres, pero sois alemanes y eso es ser más rico que nadie”: Al cabo de 13 años eran los más miserables de la Tierra. 13 años. Desde 1950 hasta ahora, 2006, 56 años, son de los más ricos. Desde 1950 hasa ahora no han tenido victorias, no han rechazado a nadie, han actuado de forma callada pero constante. No han tirado cohetes ni se han hundido en la conmiseración propia: Han trabajado 8-9 horas al día.
El medio ambiente está amenazado. La solución exige rechazar la “victoria”, y dedicarse a trabajar. El medio ambiente no presenta ocasiones para lanzar cohetes, porque la solución no pasa por ganar a la tribu de al lado. Resolver el problema del medio ambiente es trabajar todos juntos, sin victorias ni derrotas, sin “lucha”, sin competencia. Es cooperar en vez de competir. Es estar en el mismo barco y trabajar por llegar a puerto.
Es, en definitiva, dejar la etapa de primates, hacerse humanos, usar la razón en vez del instinto, rechazar la tribu y trabajar juntos. Es poner en marcha la economía del futuro en vez de el mercado de hoy. Porque el futuro no es para nuestros hijos.
El futuro lo vivimos nosotros cada día que pasa.
¿Lucha o cooperación?