Enviado el lunes, 12 de junio de 2006 17:08
El día 8 de Junio tuve la ocasión de pasar por la Feria del Libro de Madrid. A la entrada había una colección preciosa de posters con fotos de desastres naturales y problemas ambientales. Había mucha gente viéndola, y observé dos cosas: La preocupación que se despertaba en sus conciencias, y un gesto de como desesperación, de decir: No podemos hacer nada.Luego bajaba hacia el metro y empecé a pensar en la inmensa cantidad de problemas que tiene por ejemplo, el gestor de una ciudad, de una comunidad autónoma, de un país, y lo mismo el padre o madre de familia, los responsables de centros públicos, etc. Casi todos esos problemas tienen solución, pero la mayoría de las veces faltan algunas cosas: Preparación intelectual y moral para afrontarlos, ganas de hacerlo, y muchas veces la desesperación ante el problema que lleva a encogerse de hombros y asumir que otro lo resolverá.
Estuve en la Feria del Libro para hablar sobre los blogs. Este blog mío se refiere con frecuencia a alguna falta de interés del público en general por la ciencia, y esa falta de interés puede derivar de una falta de confianza en la misma como herramienta para la resolución de problemas.
Se ha hablado mucho de que las civilizaciones desaparecen cuando en ellas desaparece la confianza en sus propias fuerzas, mientras que otros pueblos entran con fuerza en la historia confiados en si mismos.
Si es un problema de confianza, ¿cómo podríamos convencer a los niños en las escuelas y hasta los presidentes en sus palacios que los problemas tienen generalmente solución y que muchas de estas soluciones, sino todas, pasan por el estudio de aquellos problemas y la aplicación de técnicas probadas para encontrar estas soluciones, es decir, por el uso de la ciencia?
Anto los problemas mucha gente acude a la magia antes que acudir a la ciencia. La explicación es sencilla: En la magia la promesa es de una solución personal e inmediata, mientras que la ciencia da soluciones estadísticas y soluciones que llevan tiempo. Pero las soluciones mágicas no funcionan, y las científicas sí.
Tenemos por delante un desafío decisivo para la supervivencia de nuestra cultura, y ese desafío es restaurar la confianza en nosotros mismos y en nuestra herramienta básica: La ciencia.