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domingo, 14 de mayo de 2006

Hoy, 14 de Mayo, 130.000 personas van a pagar una media de 300 euros para ver  a unos robots, controlados desde boxes mediante pinganillos, dar unas vueltas a un circuito de asfalto emitiendo gases malolientes y un ruido ensordecedor, lanzando toneladas de CO2 a la atmósfera. Entre los 130.000 hay 20.000 asturianos.


¿Que consigue esta gente a cambio de su dinero?  En la época griega había gente que viajaba a Epidauro y dejaba un presente para pedir una curación. Había gente que viajaba a Olimpia y pagaba dinero para pedir un oráculo favorable. Nadie conseguía nada a cambio de su dinero. Alonso es el nuevo santo de Asturias. Asturianos y españoles se consideran más ricos por compartir lugar de origen con él.  ¿Lo son? ¿O son mas pobres al haber pagado un dinero a cambio de ruido y contaminación?

 

Con la excusa de tener unos sellos sin valor real alguno, 350.000 personas han dado mucho dinero a otras, que se han hecho de oro,  a cambio de una rentabilidad por encima de la habitual. Uno de los que se han hecho de oro es una persona experta en decir a la gente lo que quiere oír. ¿Que quiere oirá la gente? “Eres un héroe porque naciste cerca (relativamente) de una persona que se está haciendo rica con lo que tu le pagas”, “Vas a ser rico con poco esfuerzo”, “Voy a resolver tus problemas”, “Vótame y tus hijos serán millonarios”, “Haz un exvoto y curaré tu cáncer”, etc., etc.

 

¿Cual es la realidad? El Sr. Alonso vive en Inglaterra, habiendo dejado su Asturias natal. Gana muchísimo más dinero que cualquiera de los que viajan a Montmeló y pagan para verle. Los dueños del circo de la fórmula 1 reciben hoy 39 millones de euros, 6.000 millones de pesetas y no dan nada a cambio, aparte de llenar el aire de CO2. Uno de los proveedores de sellos tenía 1 millón de euros en su chalet en una urbanización de superlujo en Madrid. Como consecuencia de los sellos se nos pide a cada español que seamos más pobres, que paguemos a los ingenuos inversores para compensar una posible estafa.

 

El experto en comunicación de la empresa de sellos nos diría que el mensaje del medio ambiente no vende. ¿Cómo va a vender? Si plantamos bosques lo hacemos entre todos. No hay un Fernando Pérez que vive en Oxford que se haga de oro con nuestro dinero al plantar árboles: No tenemos héroe.  Por  no emitir CO2  no nos ofrecen un 10% por nuestra inversión. Los que nos interesamos por el medio ambiente sabemos que llevar presentes a Lourdes o Fátima, o a Montmeló, no nos cura el cáncer ni nos arregla unas playas hormigonizadas ni unas tierras asfaltadas.

 

Nuestro mensaje no vende. No vende porque describe la realidad, y la realidad se rechaza por un 95% de la población que quiere el cuento: La ganancia fácil, compartir un negocio saneado, el regalo sin trabajo, la cura sin esfuerzo.

 

Y sin embargo nuestro mensaje es un mensaje bello: Encierra dentro la belleza del esfuerzo, eso que rechaza una gran parte de la población. El esfuerzo es bello, el trabajo es lo único que nos hace humanos, que nos permite crear. El médico que cura el cáncer con su esfuerzo, no con un presente a los dioses, la persona que planta 70.000 árboles, el científico que descubre cómo producir hidrógeno a partir del agua, el escultor que acaba una obra de dos años, el escritor que crea un relato de belleza, .... Todos ellos trabajan muy duro, no piden dinero a sus copersonas, o les dan algo a cambio si  lo piden.

 

Tenemos que seguir propagando el mensaje del esfuerzo (sabiendo que es difícil)  frente a la gran masa que  lo que quiere es el regalo. Tenemos que seguir sugiriendo la belleza.

17:27 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (1)

Parece ser que entre los derechos fundamentales de las personas de Madrid no existe la libertad individual de disfrutar del descanso.  Priva siempre el derecho colectivo de hacer lo que uno le sale en gana como si viviese solo en el mundo. Tenemos los ejemplos de la Plaza de Malasaña, pero además quiero contar mi experiencia particular de este domingo.


Eran las 11:30 de la mañana y estaba yo leyendo tranquilamente y escuchando algo de música, cuando mi vecino de enfrente, que se está haciendo una casita con materiales de desecho, decide que, a pesar de ser domingo, va disfrutar de su derecho fundamental de hacer lo que le sale de las narices sin contar con los demás: Este señor vive solo en el mundo, y para él sus copersonas no existen. Decide dedicarse a cortar madera con una chirriante sierra circular.

 

Me acerco amablemente a preguntarle que qué pensaría él si yo me acercase a la casa en la que vive en la actualidad y me pusiesea chirriar sin parar. Me echa a cajas destempladas y me amenaza con pegarme.

 

Llamo a la policía municipal. Son las 12:30, ha pasdo una hora, cuando se presenta una pareja de esta policía en moto. Tras una charla con el vecino, sin hablar conmigo, se marchan y el vecino sigue en su labor de romper los tímpanos de los extraterrestres que le rodean, porque, es evidente, para él nosotros, los que vivimos en la calle donde se está haciendo su casita, no somos seres humanos, no tenemos derecho alguno.

 

La civilización se basa en el respeto mútuo, y en unas normas garantizadas por las autoridades y la policía. Es evidente que para el Sr. Alcalde de Madrid, el respeto de unos vecinos a otros no entra en sus consideraciones, y que para él, cualquiera puede molestar impunemente  a los demás sin que su policía se moleste en intervenir.

 

Estaba leyendo esta mañana un estudio sobre el tiempo de los Jueces de Israel. El relato no es más que una contínua sucesión de ataques airados de unos pueblachos de unos miles de personas sobre otros, para robarse mutuamente unos palmos de tierra o unas mujeres que, evidentemente, eran mercancía  de cambio en aquellas fechas. Para los de un pueblo sus copersonas del pueblo vecino no eran más que animales dispuestos a ser humillados. Para esto ellos tenían a un Dios, Yahweh, y los demás otros distintos, lo que les concedía automáticamente el derecho de expolio.

 

Estamos en siglo XXI. Para mi futuro vecino, yo no existo como persona. Soy un animal que molesto y que lo mejor que puedo hacer es desaparecer cuanto antes para que él, el señor de la Tierra, pueda actuar a su placer como ente aislado del mundo. Curioso, porque este señor es taxista, y se supone que para hacer el dinero necesario para comprarse el solar ha necesitado a otras personas que le alquilasen el taxi. Aunque quizá para él sus clientes no son más que mercancía molesta sin derecho al respeto y que solo sirven para abonarle el viaje.

 

Estamos en el siglo XXI.  

 
Comentarios: http://not-clima.net, poner un mail.

17:25 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (292)

Aparece ayer, el 13 de mayo, una noticia en El Mundo, sobre un corredor de 100 metros libres, Gatlin, que ha conseguido rebajar el record en, ¿en cuanto? En una centésima de segundo. ¿Tenemos idea de lo que puede ser una centésima de segundo? En general es igual a la precisión de los cronómetros que miden esas carreras, y deriva no del esfuerzo del corredor, sino de agentes aleatorios, como haber puesto el pie un milímetro hacia adelante a la hora de cruzar el rayo láser que marca la meta, o sacar en ese momento algo más de pecho.


 

¿Cual es la situación actual en el deporte? El deporte es, esencialmente, ejercicio físico, que es saludable para cualquier animal, incluido el animal humano. Como ejercicio está muy, pero que muy bien, y mantiene una parte de nuestro cuerpo, músculos y tendones, en una forma razonable.

 

Pero cuando el deporte se convierte en estupidez, en la búsqueda hoy de la centésima, y mañana de la cienmilésima de segundo, cuando el deporte genera miles de millones de euros de negocio, entonces deja de ser deporte y se convierte en, esencialmente, estafa.  Las personas que pagan por ir a un mundial de cualquier deporte, por acudir a unas olimpiadas, por ver una carrera, no están haciendo deporte, sino utilizando un icono para sentirse héroes.

 

Estas noticias, aquellas que nos dicen que el Real Madrid va a mejorar el año que viene, no porque sus jugadores vayan a estar más acoplados en equipo, vayan a correr más, vayan, al fin y al cabo, a hacer mejor deporte, sino que se propone volver a gastar el dinero que regalan los socios  para contratar  grandes figuras,  aquellas que nos cuentan que los corredores de fórmula 1 ganan porque una empresa de neumáticos ha mejorado la adherencia de las gomas, y otras muchas de este calibre, son noticias de negocios fabulosos que no tienen nada que ver con el ejercicio físico, sino con el negocio de la persuasión, un negocio viejo como el mundo, tan viejo como cuando los reyes de Babilonia exigían a los campesinos que les mantenían a cambio de nada los frutos de su trabajo para interceder ante los dioses para que cayera una lluvia que caía o dejaba de caer independientemente de las ofrendas a unos dioses que hoy señalamos como inexistentes.

 

Tras 8.000 mil años seguimos pagando por la mentira, rodeados de realidad bellísima a la que, por lo general, cerramos los ojos.

17:24 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (0)