# La educación en el sistema capitalista...
19/02/2009 12:37 por
Saber lo que a uno le gusta, lo que puede hacer con destreza y calidad para ganarse el sustento, es lo que enseña a uno el camino correcto hacía de la sabiduría, el éxito y la madurez. La juventud es una época completamente experimental, se actúa como una esponga tragándose todo sin tener capacidad de discernir lo que es bueno y válido, de lo que no es más paja para rellenar nada más. La esencia y el encanto de esa época juvenil de palos de ciego, tan ajetreada y deliciosa al mismo tiempo, que suele ser la edad estudiantil, residen tanto en la ignorancia de uno mismo, de lo que se es, y adonde se quiere ir, como en la ignorancia de las verdades fundamentales de la vida. Una y otra vez escudriña el adolescente joven estas incógnitas para encontrar su camino sin encontrarlo, ya sea con un suave roce superficial, ya sea en un abrazo amargo con la realidad, con un placer exquisito o con un dolor punzante que le hiere, pero en ningún caso con indiferencia, a la cual es totalmente ajeno, o con ese sentimiento cercano a la inexperiencia atroz, que es la aceptación.
Por eso la sociedad necesita una completa transformación de sus sistemas educativos para conseguir los objetivos de ciudadanos adúltos que saben lo que quieren y que se equivoquen lo menos posible. Desde el jardín de infancia hasta la universidad, para hacerlos más eficaces, más útiles para a la sociedad, no como un aparca niños y adolescentes durante más de veinte años de la vida de una persona hasta llegar a la universidad. Y todo esto ¿Para qué? Si ya está prácticamente decidido desde la cuna quien se va a llevar el dinero y quien no, quienes van a trabajar en empleos de poca monta y mala pagados y quienes van a estar en puestos de responsabilidad ganando mucho dinero. Entonces ¿Para qué se engaña a los estudiantes conduciéndoles a creer que si se esfuerzan lo suficiente llegarán a donde quieran sin límites? ¿De qué sirve tener a una persona tantos y tantos años aprendiendo cosas que después no le van a ser útiles para ganarse la vida y no poder evitar así con esos conocimientos en caer en todas y cada una de las trampas que el sistema tiene? Generamos estúpidos resentidos, inútiles ignorantes que no saben dónde están, que no conocen lo que es éste sistema porque no lo han estudiado ni han reflexionado sobre ello, y no reciben más que palos y desengaños porque son manipulados y engañados por las elites que son de verdad quienes tienen el poder. Se les educa a los estudiantes para resignarse con su destino, con aquello que le ha tocado por la lotería de su nacimiento, se les enseña para que acepten sin rechistar lo que tienen y que se conformen con lo que les quieran dar, sin que pongan en tela de juicio el sistema, y que lo vean como justo, cuando no es así. Se les forma para que acepten su propia mediocridad y así no luchen para intentar cambiar lo que está institucionalizado para beneficio de los más poderosos y las familias de adineradas de siempre. La educación existente fomenta personas sin personalidad, que hacen lo que les dicen que hagan sin rechistar, que consumen lo que les dice en la publicidad, y como tienen que amar por las normas establecidas, no poniendo nunca en tela de juicio nada, no reflexionan ni cuestionan el orden social imperante. La mediocridad lo llena y envuelve todo, la multitud se deja llevar por lo que les dicen sin contrastarlo, y no hacen otra cosa que intentar agradar indiscriminadamente a los que les dan dinero. Si eres genial y con mucho talento te consideran loco, te ningunean, te difaman e intentan hundirte. Además someten a los niños en la escuela a encasillamientos que la mayor parte de las veces no obedecen a la verdad, pero que determinan su vida y su comportamiento en el futuro, y les crea muchos complejos que tienen que cargar con ellos toda su vida, hasta que son capaces de sacudirse esos prejuicios sin fundamento pasan por un mar de problemas y malentendidos. A los estudiantes les van matando poco a poco la iniciativa y la curiosidad entre profesores y padres, hasta que cuando han terminado su formación se dan cuenta al cabo de los años que aquello esencial para su porvenir no es lo que les enseñan sin pedirlo, ni lo que aprenden preguntándolo, sino lo que conocen averiguándolo por ellos mismos, este ensayo es un reflejo de esto ello. Terminan cargando con la idea que se han hecho de ellos los demás, y al final acaban dándoles lo que quieran de dinero y trabajo como un objetivo prefijado de antemano que es muy difícil de quitar...
La educación está controlada en una gran parte por la política, y en otra por las instituciones religiosas y los dogmas, que son otra forma de política, que imponen unas creencias que condicionan los comportamientos de los sujetos, haciéndoles ignorantes y estúpidos con los que no son como ellos, profundamente homófobos con el que es diferente, y reaccionarios con los nuevas ideas y cambios en la sociedad, imponiendo una gran resistencia a todo lo que no conocen y no entienden, basta que lo que crean es una verdad no contrastada, aunque sea mentira, para humillar a alguien que no es igual que ellos. Crean en la ciudadanía una actitud de descalificar, difamar e insultar a aquellos que no piensan como ellos y que no entienden, una formación que no hace que se pongan en la situación de los demás. El sector educativo es el más político que existe, porque son elevadísimas inversiones públicas que se realizan a muy largo plazo, con iniciativas en las que se pueden lograr mejorar el sistema, nada como los demás servicios públicos que su rentabilidad es inmediata a muy corto plazo. Por eso es un gran caladero para que el poder utilice la educación para meter a su gente directamente o indirectamente siguiendo las reglas manipuladores establecidas, porque todos los todos los cargos importantes que se quedan consolidados para siempre son designados a dedo por quien detenta la responsabilidad de repartir el dinero. La educación debería ser todo lo contrario que la manipulación, pero no es así, debe basarse en la ausencia de dogmas no contrastados con hechos reales y con la razón, porque enseñar significa ayudar a los ciudadanos a encontrar lo mejor de sí mismos, y a desarrollar sus potencialidades. Es habitual cuando no pueden intelectualmente con alguien que no quieren reconocer sus méritos, le colocan un prejuicio o una etiqueta para descalificarle, y crear un ambiente social en contra sin que les haya hecho nada malo, es una de las mayores estrategias manipuladoras existentes en la sociedad. Yo no he visto estúpidos más grandes que aquellos que se dedican a poner etiquetas a los demás y van diciendo por ahí a todo el mundo que una persona es esto u lo otro,y lo que es y le gusta, en general siempre negativo e insultando...
La estupidez está instaurada en el sistema educativo desde siempre, los estudiantes no están dispuestos a sacrificarse para adquirir una formación que saben que no les va a servir para nada. Confunden la inteligencia, el almacenamiento de información con cultura. Y también la inteligencia con la pericia y la astucia. No comprenden que la cultura, no es atiborrarse de conocimientos sin ton ni son, sino que es saber donde buscar lo que no se sabe en el momento que se necesita, con rápidez y eficacia. La astucia es hacer, parecer, que se sabe aquello que no se sabe es muy importante en el mundo de estúpidos en el que vivimos. Y la pericia es práctica, es hacer lo que no se sabe y obtener un buen resultado. No comprenden que la inteligencia no es la capacidad de tragarse datos, sino es la actitud para relacionarlos entre sí y conseguir un provecho con ellos. Por eso la incultura es tremenda en la sociedad, sería suficiente para comprobarlo, con hacer una encuesta poblacional sobre cosas elementales, la ignorancia es impresionante, desconocen las materias más básicas, no quieren saberlas, porque no les sirven para poder ganarse la vida, ni les reporta dinero que es lo que quieren, ni tampoco para encontrar un trabajo mejor pagado. En los concursos televisivos de preguntas de cultura general, se comprueba el desconocimiento total que existe de las cosas más elementales. Lo que se lleva ahora es vivir al día, las cosas que sirven en el momento, es una actitud propia de personas infantiles e ignorantes. No hacen más que buscar lo rápido, lo sencillo, todo aquello que supone la ley del mínimo esfuerzo, tan sólo quieren aquello que produce dinero a corto plazo, toman atajos que son pocos éticos para obtener lo que quieren. Hay una cultura de quitar y poner, para conseguir el placer inmediato. Es como si quisieran que en todo lo que hacen, la realidad se amoldara a sus deseos inmediatos, y no al contrario. Es como si se pasaran la vida buscando permanentemente una hecatombe, sin saber qué es lo que pretenden encontrar, desean algo y apenas lo poseen se decepcionan por algo, para luego volver a entusiasmarse con otra cosa para volverla a perder el encanto, son como niños que desean que les quieran y les acojan pero con ganas que les desprecien.
Una de las características del mundo actual es el cambio constante de todo, de la educación, de las creencias, de las ideologías, de los pensamientos, de las ideas y de los sentimientos. El fin supremo de estos momentos es el placer, evitando el dolor ya sea físico, psíquico o moral, todo vale para conseguirlo, debido al relativismo en el que vivimos. No entienden que el verdadero placer no es tener a algo o alguien, sino el desear ese algo o ese alguien, ya que una vez que el deseo se satisface pierde aliciente y se desvanece, mientras que el deseo siempre permanece aunque no se culmine y cada vez se va incrementando. Se disfruta del presente al máximo con libertad y espontaneidad, y no se piensa para nada en el pasado y en el futuro. No existe más estímulo que el dinero y la venganza... Una cultura basada en el goce de principio a fin, y en un culto al cuerpo y a la belleza exterior como valores en alza, un narcisismo basado en el dinero. Se ha sustituido la ética por la estética, creando multitud de pequeñas éticas de usar y tirar según interese en cada momento. Existe un rechazo a toda norma y moralidad, todo está permitido, y nada prohibido, en la lucha por conseguir la felicidad en el día a día... porque siempre es mucho más excitante y atractivo, vulnerar las normas, es coger la libertad aunque te pueden llegar a vituperar. Sin amor no existe apenas felicidad, una dicha duradera, al igual que sin renuncia a algo no hay amor. Los sentimientos son la base de las actividades de las personas y no la razón, el culto al yo es lo único importante que se inculca. Los sentimientos son todos iguales, no tenemos muchas veces qué saber de qué van para captar el dolor, y esos sentimientos individuales configuran a la persona, sus valores, principios y pautas de actuación. Ante la gran avalancha de información y desinformación por los medios, el pueblo cambia continuamente de opinión. Existe una diversidad de ideas y de valores carente de normas que los limiten, todo está permitido con tal de conseguir ser feliz. Cuanto más diferentes sean las personas que nos rodean más felices podremos ser al poder enriquecernos personalmente con ellas, la uniformidad genera conflictos y comparaciones, porque todo el mundo quiere sobreponerse a los demás...
Hay que incidir más en una educación realista que enseñe a vivir sin aflicciones, inculcar ilusión y fe, infundir vitalidad, movilizar a la juventud, formándola en las verdades de la vida y del sistema. Una formación que sirva para encender en las mentes de las personas la idea de que tienen que ser protagonistas de la película de sus vidas, y no como una justificación de diferencia de clases a la hora de repartir el dinero. El lema que funciona, es el siguiente, las excusas y las justificaciones son lo cotidiano, a este le doy porque tiene formación y al otro no porque carece de ella, que si los idiomas hablados y escritos, que si los másters de especialización, que si los cursos en el extranjero, que si experiencias en el mismo puesto cuando no te dan la oportunidad de adquirirla, que si el estudio de carreras universitarias en universidades privadas elitístas para niños pijos y en facultades de alto prestigio en Estados Unidos y en Inglaterra, etc... Barreras insalvables para el hijo de trabajador que jamás podrá sortear.
Una educación libre, es la que debe estar dirigida fundamentalmente al desarrollo y al equilibrio emocional de los ciudadanos, para conseguir personas sanas adultas, que conozcan en el mundo en el que viven, que sepan pensar por sí mismas para no ser manipuladas fácilmente, y que puedan de esa forma protegerse mejor para sufrir lo menos posible, y llegar a conseguir la felicidad lo más rápido que puedan. Una formación que enseñe conocimientos esenciales de las relaciones humanas, del amor, y de los valores morales. Existen en nuestra sociedad personas muy bien formadas en aspectos técnicos, pero que son unos verdaderos monstruos a nivel ético y de comportamiento social, generando en los demás mucho dolor y sufrimiento innecesario. Los niños y adolescentes que sobresalen en la Escuela como los más listos, no suelen ser lo que más éxito luego tengan de adultos, porque la formación que se les da les condiciona en su forma de proceder y pensar y no pueden llegar a ejercitar mejor sus más altas y útiles facultades metnales. Por eso es preciso enseñar a la gente que el conocimiento de la verdad les hace mejores personas, y no tienen porque tener angustia a las consecuencias de vivir por y para la verdad. Es transcendental que sepan los estudiantes, que no deben nunca conformarse con lo injusto, que tienen que aprender a luchar contra lo frivolo y lo inmoral, y que reconozcan la estupidez, para desprenderse de ella si les ha dominado, y para que estén resguardados de su veneno maligno. La conformidad paraliza y retrocede, es la oposición y el descontento inteligente lo que mueve a ser creativo, lo que te genera un abismo ante los demás. Acomodarse es desarmarse y dejarse llevar, con lo que implica de inseguridad y pérdida de elección. Nunca deben apartar la mirada hacia aquello que no les incumbe directamente si es una gran injusticia. Nadie jamás se debería molestar porque otro alguien, le dijera la verdad por muy cruda que fuera, en la cara, porque el conocimiento de la verdad es el mejor camino para combatir las consecuencias de un mal. Ni mucho menos maniobrar para perjudicar su vida, su salud o hacerle daño de alguna forma, como venganza a algo que es verdad pero que no lo aceptamos porque nos consideramos superiores a aquel que lo dice.
Aceptar la verdad es de mentes superiores. La educación debe incidir siempre sobre las grandes verdades de la vida, no de tantas materias inútiles y naderías sin criterio, que luego no se vuelven a ver una vez estudiadas, verdades sobre el amor, el sexo, el matrimonio, el trabajo, la política, las relaciones sociales, la economía, la educación, las manipulaciones y las mentiras. La sabiduría que escribo yo en mis ensayos y mis obras, no se imparten en ninguna escuela y universidad... Yo siempre agradezco profundamente que alguien me diga la verdad, jamás me revolvería contra su persona, ni la desprestigiaría por ello, nunca arremetería o confabularía para poner en peligro su vida y su integridad física y mental.
La desidia inunda el sistema educativo, en la educación secundaria especialmente y en la universidad, por no querer aprender los alumnos cosas que creen inútiles de antemano, que saben que no les van a servir. La instrucción institucionalizada representa una gran tragedia ritual, porque depaupera la actitud constructiva que alicienta a pensar por uno mismo. Es preciso formar para que los estudiantes luchen contra sus prejuicios personales y no adquiridos por el sistema, contra sus ideas heredadas familiares que les meten en la cabeza desde la niñez y que no están contrastadas, esas malas opiniones que les induce a la pereza intelectual, para que piensen limpiamente, para que sean libres mentalmente y rigurosos consigo mismos. La genialidad y la inteligencia superdotada, son asfixiadas progresivamente desde la escuela primaria hasta la enseñanza superior, hasta que el individuo se convierte en alguien adaptado a las normas y comportamientos socialmente aceptables, así el sistema en vez de convertirse en un percursos de la inteligencia y la innovación, se transforma en una carnicería del talento. Esto les conduce directamente a la estupidez, porque en esta tesitura se niegan constantemente a aceptar ideas y pensamientos que van en contra de la tradición, de lo que siempre se ha hecho, y se buscan soluciones a los nuevos problemas, en un marco muy pequeño y concreto en el que se mueven, todo lo que es fuera de su pequeño círculo de confianza y control, simplemente no existe y no se tiene en cuenta. Y no buscan respuestas fuera de lo poco que controlan y saben, y de esa forma jamás pueden llegar a desarrollar algo realmente valioso. La mejor respuesta es lo que se siente de verdad, y en este sistema desligado de sentimientos no hay respuestas buenas. No hacen más que afirmar que poseen algo meritorio, pero no es cierto, no es más que estudios superficiales, porque nunca en las investigaciones llegan al fondo por estar aislados de lo que se hacen en otras disciplinas, se generan islas de conocimiento poco útiles y que raramente dan óptimos resultados. El problema es que no se evalúan correctamente las contingencias, porque no sólo son fundamentales los conocimientos en sí, sino que también es necesario la inserción de esos conocimientos en el marco de la realidad con toda su complejidad. Por eso para huir de la estupidez en el sistema educativo es necesario fomentar unos valores basados en la realidad como gran generadora de ilusión, para cautivar las mentes de los alumnos para hacerles olividar las apariencias y lo superfluo, en la formación en la cohesión, en la precisión, en el compromiso, en la generalidad, en la verificabilidad, en la racionalidad y la evaluación de los riesgos en todo estudio, investigación que se haga. Se debe enseñar a que los estudiantes conceptos para que sepan construir sus realidades en base a una información de calidad y válida, y para que sepan interpretar lo que ven de forma beneficiosa para mejorar sus vidas. Porque el saber es pura transformación, ya que cuando se conoce no sólo se cambia uno mismo sino que el mundo que se percibe también lo hace, lo esencial es que exista una experiencia transformadora que obligue a modificar y despertar, para darse cuenta del nuevo mundo que genera su conocimiento, como un estado de conciencia más verdadero.
Nuestra sociedad ha inculcado a través de la educación los valores centrados en el yo, en el materialismo pragmático, en el individualismo atroz, en la autosuficiencia, en la competencia a cualquier precio, en la reafirmación personal, en el éxito profesional cueste lo que cueste y a costa de lo que sea, en el triunfo basado únicamente en el dinero. En vez de fomentar la homogeneidad como medio para evitar tensiones, enfermedades sociales y psíquicas y enfrentamientos. Un mundo individualista en el que el establecimiento de lazos con los demás no siempre es posible, y termina degradando la personalidad del individuo y su capacidad de relacionarse. Favorecido todo por la opacidad que goza la información relevante, y dominados por los medios audiovisuales y de comunicación que acrecienta la desunión, el aislamiento y el retraimiento, las largas jornadas laborales por excesiva competitividad, deja poco tiempo para las relaciones, para la amistad y la búsqueda del amor. La complejidad del sistema es tremenda, lo que ocasiona un planteamiento del control de la sociedad en términos exclusivamente económicos y para nada morales, lo cual implica discenir exclusivamente entre un caos creativo y un caos disimulado, entre un albur desorganizado y unas promesas seguras para evitar la casualidad, entre aceptar lo imprevisible e irreversible o un orden cerrado. Existe un gran sentimiento de aislamiento y soledad tremendos, acrecentados por el propio diseño del sistema de individualismo cultural en todas las relaciones sociales y profesionales, y la educación lo incrementa. Porque se han creado individuos que no saben relacionarse y como consecuencias son los que más sufren. Se ha perdido el carácter directo y espontáneo sin desasosiego en las relaciones personales de antaño. Nadie se fia de nadie, con un espiritu de engaño y manipulación permanente, en donde la competencia feroz creada por las normas y leyes del mercado, hace que se produzca una gran indiferencia mutua, y en donde la persona es una mercancía más. El éxito en la vida está en las relaciones sociales activas, en apostar por la calidad en vez de la cantidad, en desempeñar actividades que ilusionen y que generen alborozo, y una sensación de estar llenos por sentir que se se está desempeñando algo muy interesante y provechoso. Es decir, en los desarrollos de aspectos intangibles como la serenidad, la mesura y la inteligancia. Se ha creado un sentimiento de descontento permanente en los estudiantes con todo el sistema por la impotencia que crea, con aquello que tienen o que le ha tocado por sus orígenes familiares, teniendo en cuenta que sin cubrir las necesidades básicas de vivienda, alimentación sana, sanidad y educación de calidad, no cabe plantearse un desarrollo de la personalidad digno, porque estar satisfecho es poco ambicioso y vulgar. Además al mismo tiempo, el sistema ha generado un acomodo de lo individual a lo colectivo, para solventar el descontento, de esta forma la sociedad se asegura un importante grado de conformidad y de aceptación del individuo en el futuro con lo que hay, y para conseguirlo, se internaliza a través de la educación en los niños y adolescentes, para que posteriormente sea fomentado o frustrado por la experiencia de adultos según su grado de éxito o fracaso de las expectativas creadas, pasando de la época de producción a la de consumo. Pero sólo el inconformismo sano y bien encauzado, es de personas magnanimas, porque el ansia de los deseos incita a la invención, al desarrollo, a la industria y a la creación. Así pues, parece que estamos condenados al estancamiento o a la ansiedad irremediable por no poder conseguir aquello que tanto anhelamos.
Este estado permanente de inconformismo y fuerte ambición provoca estrés, ansiedad, depresión y desesperación, lo que se les obliga a los individuos a desear y a luchar por aquellas cosas que en el fondo el sistema no se les quiere dar, valgan lo que valgan. Es como si el sistema hubiera institucionalizado la estupidez como un medio para progresar, ya que el estúpido no significa falta de luces, sino que es toda aquella persona que actúa en virtud y sintonía de unas creencias y normas sociales que le han inculcado sin nunca llegar a ponerlas en duda, ni a tener un espíritu crítico, ni mucho menos a comprenderlas, simplemente se las creen sin más y las acatan por temor más que por convencimiento. En las primeras etapas el estúpido es dependiente e impotente socialmente, aunque crea que controla y dirige su vida, es esclavo de su pasado, de sus orignees, del poder omnipresente, y lo único que posee de veras son sus recuerdos. Únicamente el estúpido dejará de sufrir decepciones y dolor cuando haya llegado a conseguir el triunfo social basado en la capacidad de consumo y entonces la sociedad le es aceptado como alguien, y si cumple la pretensión de este sistema tal y como está diseñado. Y al final se habrá convertido después de muchos años en un contribuyente que paga impuestos con dinero y cierta influencia social, a veces con un poder aparente, sin darse cuenta que en realidad está manejado en su espalda con hilos por otros que denotan el poder de verdad y le manipulan como una marioneta sin darse cuenta. Se crean estúpidos como individuos previsibles, manejables, dependientes, que viven para los demás y sobre todo esperan la aprobación para todo lo que hacen. Es como si se sintieran observados, analizados, juzgados, y son alguien reducidos a un objeto atemorizado por los temores y las dudas. Si lo analizas bien, hay que ser estúpido para disfrutar del sistema existente, si eres muy inteligente sufres demasiado, porque te das cuenta de las injusticias y las fuertes imperfeccines de la sociedad, de los engaños, de las mentiras y manipulaciones, de las fuertes regresiones que se hacen con las gentes en sesiones de grupos, como único fin de buscar el placer con obsesión mediante el consumo, dando a la gente la sensación de libertad con ello. Con el nivel de formación existente se genera ejércitos de esclavos estúpidos del sistema, que hacen y que repiten sin rechistar todo lo que se les dice que es bueno, creando una actitud servicial, acomodaticia, conformista, de aceptación de lo que tienen, dando a la imitación un símbolo de inteligencia, que en el fondo no es así, ya que se genera estúpidos por todos los lados. Se consigue crear individuos dependientes y imitadores para que se les manipule y dirija fácilmente, señalándoles lo que es correcto de hacer, pensar y sentir en cada momento según lo establecido. Porque el sistema no necesita individuos inteligentes, ya que la inteligencia impedirá la consecución del placer como meta suprema para ocasionar aborregamientos en masa. Bueno ya te escribiré sobre la estupidez más detalladamente, cuando tenga terminado mi amplio ensayo sobre la mentira y la manipulación que están muy relacionadas entre sí.
La educación que se imparte en la sociedad occidental no hace más valorar el individualismo, el progreso material a cualquier medio, la competitividad sin poder competir realmente en un mundo de monopolios en lo que está todo pactado y encorchetado, el hedonismo, el culto al cuerpo, los cambios externos, y el intento del cambio continuo de la realidad sin llegar a comprenderla. Es necesario terminar con la cultura de la belleza a cualquier precio en la escuela, del culto al cuerpo para conseguir el éxito, de esos cuerpos apolineos que intentan en los medios y las televisiones meternos en la cabeza como el estado perfecto y deseable, del consumismo desaforado que es una de las mayores violencias que se puede cometer contra los más pobres. Eliminar de las mentes que si no tienes un cuerpo perfecto no vales, nadie te quiere y te dejan fuera del mercado del amor. Si se educara para valorar lo que realmente vale y fuéramos más sensibles a lo que tiene importancia de verdad, se sabría degustar mejor lo que ofrece la vida a pesar de sus grandes limitaciones. El exceso de ambición desaforada sin posibilidades reales de conseguir los objetivos es lo que se vende, pero al mismo tiempo se inculca la resignación a lo que te quieren dar y a lo que te toca, no se enseña cómo se tiene que vivir para evitar el sufrimiento innecesario ni tampoco cómo vivir en soledad para no perder la autoestima y volverse loco, y ni mucho menos para poseer un equilibrio entre nuestro interior y el entorno que es lo esencial para ser feliz. Por mucho que valga una persona, por mucho que sea, por muchos conocimientos que atesore, está a expensas de la opinión de los estúpidos, que le ponen barreras insalvables, todo tipo de inconvenientes, adoctrinamientos y dogmas para evitar que llegue a lo que sus aptitudes presenten y valgan. Porque los estúpidos se creen con el derecho de valorarle, examinarle, decirle lo que tiene qué hacer, lo que es y lo que le corresponde, simplemente porque poseen una posición social, económica, y están muy bien aferrados al sistema del que chupan cuantiosamente para conseguir todo lo que pretenden y desean, juegan con la vida, el porvenir y la salud de las personas que creen fehacientemente que son inferiores. Y así nos va en todo, que los más mediocres, lo más vulgares aunque sepan inglés fluido, no entienden que una persona aunque hable el idioma anglosajón mejor que Williams Shakespeare puede ser un cateto total, y luego ocupan los cargos y puestos mejor remunerados y son los que deciden sobre las vidas de sus congeneres.
En el sistema educativo no se enseña nada para incrementar la inteligencia que es la que puede posibilitar el crear nuevas posibilidades en todo aquello que se hace habitualmente, y tampoco proporciona una visión abierta de la realidad, no se educa para que la gente pueda percatarse de que las cosas son como son y parecen más de lo que podrían ser. No se dan patrones de conducta que permitan desarrollar de forma creativa las realidades que cada uno tenga, ni tampoco ayuda a interpretarlas mejor. Se insiste en el aprendizaje duro y puro despojado de la realidad, que no da una forma de dirigir los actos de tal manera que se consiga encontrar soluciones nuevas y finalizar objetivos, como un medio para tener capacidad de recibir información, elaborarla, procesarla, guardarla y producir respuestas para poder proyectar y evualar mejor los asuntos. No se enseña que lo fundamental es la inteligencia en el amor para poder disfrutar y desarrollar todas las posibilidades de las relaciones y conseguir una felicidad objetiva y subjetiva personal. El comportamiento humano es de lo más desconcertante, se actúa continuamente por impulsos y motivaciones sin fundamento, se quiere bienestar y tener más posibilidades de futuro, y también conservar y sin arriesgar, es incompatible, no podemos estar quietos y al mismo tiempo necesitamos tranquilidad. Todo es cuestión de equilibrio entre la rutina y la necesidad de hacer algo, es decir, vivir sufriendo y sentir viviendo.
Nos imponen desde siempre unos planes de estudios que no sirven prácticamente para nada más que para justificar la permanencia en el sistema de ciento de miles de personas ensañantes, que no son útiles ni prácticos con la realidad social, aprendiendo pocas cosas y nada interesantes, que están exclusivamente diseñados para justificar los sueldos de cientos de miles de profesores que trabajan en la enseñanza a cualquier nivel, es como si fuera una forma de repartir la riqueza en base a unos criterios poco inteligentes. No querer aprender los programas académicos y los temarios de oposiciones es motivo de exclusión, marginación y en algunos casos de rechazo. Son temarios que se olvidan más rápido de lo que se tarda en aprenderlos. Hace unos meses vi en televisión a un alumno que acaba de examinarse de selectividad y logró aprobar, que hizo una hoguera en la calle, en la que quemó todos los apuntes y temarios, me produjo una gran risa. El conocimiento existente es inmenso, cada cinco años se multiplica el saber humano por dos, no existe nadie que lo sepa todo por mucho que haya leído y estudiado, pero si que hay personas que saben mucho de algo en concreto especializándose. El saber es tan disperso que es natural que la gente se pierda en el bosque y no sepa lo que es útil y lo que no, lo que les desconcierta y les conduce a dar palos de ciego. La educación debe sintetizar y extraer lo esencial y eliminar mucha paja que no sirve más que justificar puestos y sueldos. Por eso hay que hacer un esfuerzo de sintesis y de selección de conocimientos realmente útiles, que vayan cambiando con el tiempo de forma rápida y adaptándose lo más posible al mundo actual, es la manera de conseguir una educación de calidad, seleccionar los conocimientos a impartir. Y nos encontramos con unos saberes tan fragmentados que se carece de una idea de totalidad, que esencial en una buena formación. Lo que sucede también es que hay un gran desfase entre lo que se exige para ocupar un puesto de trabajo en cuanto preparación, titulo universitario, idiomas hablados y escritos, cursos de especialización, experiencia en el sector, y luego lo que realmente se hacen en los puestos que son cosas sencillas, verdaderas pijadas, que hasta un chimpancé amaestrado y entrenado lo puede desempeñar con suma facilidad. Son pruebas eliminatorias falseadas para quitar del medio por aburrimiento o por dificultad a las personas que no les interesa darles nada, porque no tienen compromisos con ellas. El sistema es una estafa total en ese aspecto, porque se le obliga a la gente a meterse en la cabeza temarios inútiles y farragosos que no tienen nada que ver con el trabajo, que si tienen fortuna desempeñen en su futuro. Es en definitiva, una formación para mantener entretenido al público, a los estudiantes en cosas sin utilidad real para su vida, para que no estén en las calles delinquiendo por una ociosidad malsana, y para que esperen su turno pacientemente para que les den algo suficientemente elevado para poder hacer sus vidas, y es una educación que no se valora ni sirve en el un mercado de trabajo, manipulado por la política y el juego de influencias. Ni siquiera sirven para dar cobertura a los temarios de las oposiciones, porque no tienen nada que ver en la mayor parte de los casos con el temario oficial de la educación secuncaria y universitaria. Todo es un gran negocio del que se forra un sector del sistema, y la información de calidad que es muy sencilla además, no te la dan en la escuela ni en la universidad, porque es valiosa, y siempre hay que pagar un gran precio por ella en esfuerzo, tiempo y dinero. Esta sociedad es injusta porque dependemos de las valoraciones y decisiones de personas mediocres, que la mayor parte de las veces valen y saben menos que nosotros, que están por su recomendaciones y enchufes en los sitios ocupando los puestos, y por el mero hecho de que llevan más tiempo en los lugares de decisión, como consecuencia de ello se creen superiores. Se creen con el derecho de juzgar a los que creen que valen menos que ellos por estar en una situación inferior. Esto pasa tanto en la administración pública, como en la empresa privada...
Es un modelo formativo en un sistema estúpido, basado en la meritocracia falseada, porque luego en realidad no está el personal llevándose el dinero por mérito y capacidad. El mérito es una gran estupidez, tal vez solamente sirva para los pocos que sobresalen en cualquier actividad muy por encima de la media y logran enriquecerse, grandes fútbolistas, pilotos de formula 1, pilotos de motos, actores, modelos, toreros, cantantes, pintores, artístas en general, pero son sólo unas cuantas decenas de personas las que logran vivir muy bien gracias a su gran talento. La inmensa mayoría de los millones de trabajadores, no están y viven por su talento exclusivamente. Lo que cuenta son sus posiciones de partida. Y los que están en los mejores sitios donde se vive muy bien, llevándose grandes cifras de dinero, no son personas que tengan un valor por encima de la media en realidad son grandes mediocres.
Es una frustración permanente comprobar en todos los lugares como se promocionan los mediocres, es una lucha feroz para hacerse con la cifra más alta posible que permita llevar una vida que conduzca a satisfacer los afectos que son los realmente caros, no trabajan los mejores sino los colocados. Porque vivimos en un sistema de competencia e individualismo manipulado previamente para eliminar advenedizos, de estudiar como medio para pasar pruebas y llegar a hacerse todo los meses con la cifra fija y para siempre, como única meta final. Una educación inútil en sí misma sólo como un medio para pasar pruebas. El valor de una persona no puede vencer jamás por si sólo a la manipulación. Es una verdad incuestionable con la que poco se puede hacer, nada más que dejar conciencia de ello como yo hago escribiendo. Que genera solamente “mileuristas”, con unos ingresos que tan sólo les sirve para sobrevivir, descontentos y quemados durante años, por tener que tragarse como pavos y tener asimilar informaciones inútiles en la educación, que de nada les ha servido para progresar, nada más que para unos cuantos, es decir universitarios de quita y pon, de usar y tirar, baratos y fácilmente prescindibles.
Es un sistema que no favorece que los ciudadanos tengan libertad para aprender cosas útiles, que se diviertan con lo que aprenden, porque el estudiante que innova y juega es capaz de inventar algo novedoso, y no le dejan. Es decir, un modelo construido sobre el aprendizaje de competencias, habilidades y destrezas que no se aplica en las empresas. Se forman empollones, todo basado en el memoria y la capacidad retentiva, que genera aborregamiento y sumisión, de cabezas cuadriculadas incapaces de pensar por sí mismo, para luego ocupar puestos burocráticos en la administración de funcionarios en Justicia, obras públicas, sanidad, servicios sociales, hacienda, educación y en las distintas administraciones civiles del Estado. Y lo mismo en las empresas privadas dependientes de las tarifas, así como en el sistema financiero. Aquí está mal visto el pragmatismo de aprender cosas para resolver situación del momento cuando no hay peor cosa que el retraso, por eso se vetan a ese tipo de personas, se las considera antisociales y se las margina, porque se pretende saber todo y al final no se domina nada.
Lo ideal sería una educación totalmente ligada con las necesidades del momento y con planes y objetivos con estándares a diez y quince años vista, que permitan a los titulados universitarios generar realmente valor añadido a las empresas y ser imitados y admirados por los que vienen después. Porque un modelo basado únicamente en las competencias del momento, en las modas, y en el poco error para que las cosas funcionen bien, en el que únicamente se valora lo superior, lo bonito y lo barato, genera titulados con salarios muy bajos, que incluso son inferiores en los convenios a trabajadores de sectores en teoría menos cualificados y sin estudios universitarios, en consecuencia existe una degradación del universitario. Se genera despretigio con la formación. Se ha llegado a tal punto que socialmente un universitario no tiene valor ninguno, está mal visto, porque no tienen ni zorra idea de nada que realmente se valore y pague en las empresas. En estas circunstancias, tener titulados mal pagados, crea socialmente un rechazo hacia las instituciones universitarias y una degradación de su valor práctico.
ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA