He tenido hoy una serie de discusiones acerca de la realidad del cambio climático. El ser humano tiene un miedo atroz a la realidad. A la realidad externa a su propio cerebro. Hasta los físicos, que debemos estudiar la realidad, buscamos universos paralelos y partículas desconocidas: Somos capaces de desarrollar las matemáticas del modelo estándar, pero nos aterra reconocer que tras 300 años no sabemos como se mueven 3 masas parecidas en interacción entre ellas, nos desespera pensar que tras 150 años no sabemos que hacer con los fluidos turbulentos. Hemos abandonado los problemas difíciles y hemos buscado el fácil esoterismo matemático.
La grandeza de Cervantes es que contó la realidad: Ante los gigantes de Alonso Quijano, él describía los molinos de viento, ante los ejércitos, contaba al lector que eran ovejas.
He contado en estos blogs que mucha gente se identifica con Fernando Alonso, con Sete Gibernau, con Gassol. Yo no me puedo identificar con Galileo ni con Cervantes, pero si puedo admirarles. Ninguno de los dos era líder carismático de las masas porque ambos sabían que la verdad tiene muchas caras y que es mentira proclamar una única verdad.
Mucha gente busca al líder. Pero la misión del científico (y en un sentido Cervantes lo era) no es guiar a las masas sino indicarles el camino. Es evidente que pocos lo seguirán. Pero el respeto por la libre decisión de las personas es esencial. La alternativa es la verdad revelada y los grupos mágicos.
Se suele decir que el mundo es gris y tiene mucho gradiente de intensidad. La realidad es que el mundo es blanco y negro, pero es real que las personas lo ven en múltiples gradaciones de grises. Por ejemplo, una persona puede o no tener cáncer: No puede uno tener medio cáncer. Pero es una realidad que el horror a la otra realidad hace que cada persona piense que su cáncer, o el de los seres queridos, es pequeño, controlable, poco importante. Es una realidad que pocos médicos indican al enfermo tajantemente que se tiene que operar, como pocos científicos afirman la realidad del cambio climático. Es una realidad que la gente quiere matices, pues en esos matices encuentra agarraderos para rechazar el golpe tremendo de la otra realidad desnuda.
Tenemos así dos realidades: La realidad de la naturaleza, que no acepta gradaciones, que se mueve a saltos cuánticos. Y la realidad de la mente humana, que rechaza la realidad externa. Hay caminos para llevar a la mente humana, mediante pequeños saltos grises, a la realidad externa, blanca y negra. Pero son caminos lentos, y muchas veces la realidad externa es más rápida que la velocidad mental.
El problema de la realidad climática, cuántica, frente a la realidad mental humana, es que nos queda muy poco tiempo para pasar por la gamas de grises que llevan del estado, digamos natural, al estado forzado por las emisiones humanas de gases manta. Muchas veces quiero ir demasiado deprisa frente a la inercia humana, que exige pequeños pasitos graduales. Yo veo la urgencia, la gran mayoría de la raza humana no es, en una realidad tan exacta como la del cambio climático, capaz de verla.