Enviado el martes, 14 de marzo de 2006 6:54
Analizando con un amigo el problema de la movilidad en Madrid (Barcelona, Valencia, Málaga, ....) propongo un esquema capilar. Me contesta que si se hicieran muchas salidas (cada 250 metros, por ejemplo), en las vías "rápidas", éstas dejarían de serlo.
Pero, ¿son rápidas?
Son rápidas en los estudios de los ingenieros, en la mente de los constructores. Pero ¿y en la realidad? Entre las 7 y las 10 de la mañana las colas en la M40 son kilométricas, lo mismo que entre las 18 y las 21 . Son vías rápidas a las 12 de la noche, cuando no se necesita esa rapidez. Son soluciones para los "no" problemas mientras que no resuelven los problemas. Son la muestra de una teoría de espaldas a la realidad.
El mundo vive en gran medida de espaldas a la realidad. Es imaginable que una gran mayoría de personas no acepte la realidad de la muerte, pero de esta misma manera no aceptan otras muchas realidades.
Ya que hablamos de movilidad, vemos cada día más vehículos en las carreteras y leemos cada día más anuncios de coches maravillosos que suben cuestas de 45º y cruzan ríos de 0.5 metros de profundidad. Coches que tienen cientos de caballos de potencia y pueden andar a 240 km/h. ¿Cual es la realidad? En España no se pueden subir cuestas de 45º, pues la tierra o es privada o son parques nacionales donde no se puede circular. Lo mismo con los ríos de medio metro de hondo. Quizá si con el coche se compra uno una finca con colinas puede subir esas pendientes una o dos veces. Pero subir las colinas de la propia finca parece un tanto aburrido. La velocidad máxima en España es de 120 km/h. ¿Para qué sirve un coche que puede alcanzar los 240 km/h? ¿Para producir muertes?
La realidad es que la persona que se compra esas tanquetas es un agente de bolsa que se pasa el día sentado tratando de adivinar si la empresa A gana unos céntimos más que la empresa B; o las que se ven que conducen esas tanquetas son señoras bien vestidas que las emplean para acercarse a un centro comercial. Aquel millonario que se compra un Ferrari solo puede disfrutar de su velocidad alquilando un circuito de fórmula 1, y debe moverse, incómodo, por carreteras que permiten circular a 40 km/h de media, el 99% de los días que lo saca de paseo.
La realidad se puede disfrutar, sin embargo: El agente de bolsa, con un Ibiza de 60 caballos, puede crear un imperio financiero, real. La sra. de la tanqueta puede cambiarla por un Atos de 40 caballos y crear un imperio aeronautico, por ejemplo, si a ello se pone. Es en la realidad de la vida donde está la satisfacción, no en la virtualidad de la imaginación.
Necesitamos realidades. El mundo está entrando de nuevo en el reino de la magia, pero lo que necesitamos es volver a pisar el suelo.