Enviado el sábado, 18 de febrero de 2006 8:25
Vengo de comprar una aspiradora, dos ollas express (porque no venden solo una) y un humidificador. Todo ello me ha costado 100 euros.
No podemos competir en producir bienes. Hemos perdido esa carrera. Nos quedan dos alternativas: Vender el cuerpo o vender la mente. Como se decía en mi época: "La elección es bien sencilla".
España ha optado hasta ahora por el cuerpo. Nuestros jóvenes más inteligentes trabajan fuera de España. Para vender inteligencia es preciso formarla desde la niñez, y solo se puede hacer con rigor, con esfuerzo, con dedicación, con mucho trabajo. Empíricamente, es decir, viendo lo que uno ve, España decidió hace tiempo renunciar a esto. Se decidió que era mejor la ligereza, el poco esfuerzo, la "felicidad". Nuestros jóvenes llegan a las carreras de ciencias sin saber que es la tangente, sin haber hecho una integral, ni saber resolver una ecuación polinómica. Piensan que una matriz es algo de las señoras, y que la energía se mide en watios.
Aun podemos cambiar. Hay una generación perdida, cuya única salida son los servicios, pero podemos retomar a los niños de 8 años y prepararlos para vender lo único que vamos a poder vender en el resto del siglo XXI: Inteligencia, creatividad, diseño, soluciones innovadoras. La mente.