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miércoles, 08 de febrero de 2006

En mi blog anterior comentaba sobre el suspenso de los ministros del estado español en materia de medio ambiente.


La gente (incluidos los ministros, a pesar de serlo) estudia entre los 18 y los 24 años. Luego desarrolla sus diversas carreras aplicando los conocimientos aprendidos como si fueran dogmas irrebatibles.

 

Así, por ejemplo, si uno aprende que debe hacer autovías cuyas salidas/entradas estén espaciadas 20 kilómetros, no es capaz de aceptar que el desarrollo de esas autovías ha cambiado las condiciones de contorno y ahora se necesitan salidas/entradas cada kilómetro.

 

Si una persona ha tenido éxito haciendo un aeropuerto, insiste y llena el territorio de aeropuertos, aunque su necesidad sea inapreciable.

 

Se insiste en tecnología obsoleta aunque no produzca beneficios ni puestos de trabajo.

 

El problema lo indicaron Hegel y Marx en un lenguaje vago: Los sistemas (capitalistas y de otro tipo) generan sus propias contradicciones.

 

En un lenguaje cuantitativo y científico: La evolución de los sistemas regidos por ecuaciones   diferenciales  genera un cambio en sus condiciones de contorno. No tenemos teoría para resolver este problema, pues los métodos conocidos de solución de las ecuaciones diferenciales exigen que sus condiciones de contorno estén fijas.

 

Cuando vemos que el país no puede soportar más construcción de viviendas, se proponen 50.000 en Cáceres y 250.000 en Almería. Cuando vemos que no es posible seguir quemando ni gas ni petróleo, todo el interés de la clase económica española (que dejó la universidad hace ya mucho tiempo) es seguir con lo que aprendieron hace 40 años: Seguir montando centrales eléctricas de combustibles fósiles o nucleares peligrosas que generan  residuos radiactivos. 

 

A nuestros ministros de fomento solo se les ocurre hacer autovías y aeropuertos, cuando podían fomentar la industria española montando centrales solares y manteniendo las costas. A nuestros empresarios, en vez de montar, como locos, centrales solares, eólicas y desarrollar el hidrógeno, solo se les ocurre comprar empresas cuyas centrales de producción son tan modernas que queman carbón y producen residuos radiactivos.

 

En el siglo XXI la mentalidad de los que están en puestos decisorios  se formó, y no ha cambiado, en 1950.  Los problemas son de hoy, las soluciones, dinosáuricas.

5:23 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (7)