Enviado el sábado, 14 de enero de 2006 18:32
Es la gente que menos sabe la que con más fuerza defiende sus convicciones, como ya han dicho muchos pensadores. El que conoce la realidad sabe que las cosas no son nunca de un único color, y que en todo hay matices.
¿Por qué digo ésto? Ayer comía con unos compañeros, físicos en ejercicio, que rechazaron de plano que la energía solar tuviese futuro, insistiendo en el concepto antiguo de la energía de fusión. Cuando hoy las celdas fotovoltaicas están ya instaladas en todas las partes del mundo, las ideas de muchos científicos derivan de lo que aprendieron en sus años mozos, sin haberse tomado la molestia de reanalizar sus hipótesis de partida.
La energía solar es un proceso tranquilo, que ocurre de manera constante y que solo implica la conversión de la energía electromagnética de la luz en energía cinética de los electrones de los átomos, en un proceso similar al de empujar un columpio con la frecuencia adecuada.
La energía de fusión implica una serie de explosiones, controladas, en el seno de un chorro de hidrógeno a muy alta temperatura, es decir, con energía cinética muy elevada, de forma que de su movimiento es -esencialmente- imposible eliminar la turbulencia, que hace que ese chorro de plasma deje, continuamente, de comportarse de manera predictible.
Hubo una época en Francia (y en menor medida en España) en la que los nobles franceses no aceptaban que otros, más ricos que ellos, ocupasen puestos de mando similares a los suyos: Ellos no podían obedecer a quien no hubiera nacido "noble". El resultado de la resistencia a aceptar ideas nuevas fue la Revolución Francesa. En Inglaterra, por aquella época, ya gobernaban los ricos que no eran "nobles". En Inglaterra la situación evolucionó sin revoluciones.
Parece que es una propiedad genética el que algunas personas no son capaces de reconocer que lo que se aprende en la escuela o en la universidad no tiene validez pasados unos años y que es preciso aprender de nuevo todos los días y, sobre todo, abrir los ojos al mundo que nos rodea.
Son estas personas, que ocupan puestos de control, debido, generalmente, a su edad, las que mayor daño producen al insistir en que las repuestas razonables a los problemas actuales no "pueden" ser implementadas.