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viernes, 13 de enero de 2006

Llevamos siglos preguntándonoslo. ¿Qué nos pasa a los españoles con lo nuevo? Somos capaces de seguir las últimas canciones, los últimos bailes, ver los últimos culebrones, vestir la última moda. Pero los seguimos, no los creamos.


Nos resistimos como gato panza arriba a aceptar las bondades de la tecnología. Preferimos, desde Unamuno, que inventen otros. Nosotros, lo caduco, lo viejo, la tradición más rancia. A los buenos científicos y tecnólogos, hacerles la vida imposible, animarlos a que se vayan para recuperarlos a la hora de la jubilación.

 

Hay empresas punteras: Isofotón, BP Solar, Gamesa. Pero el 90% del negocio en España se hace con ladrillos y cemento, unos inventos de la época romana.

 

Me decía un amigo "Desengañate, Antonio: España es, aún en el siglo XXI, una sociedad de ganaderos". Cuando se mandan 10.000 ovejas hacia las extremaduras, es preciso confiar en que han de volver, y por ello se prima la fidelidad, la tradición, la sociedad feudal  sobre la innovación, la libertad, el volar libres hacia nuevos mundos. El español se resiste a crear porque eso es ser libre en espíritu, y los fuertes memes españoles rechazan una y otra vez la libertad. Cada vez que hemos avanzado hacia ella se ha levantado un muro de CACs, de restricciones, de servidumbres.

 

La ciencia, la aventura más libre del ser humano, no acaba de echar raíces en una tierra en la que el maestro no acepta la innovación del discípulo.

 

¿Ganaderos o exploradores?

 

21:10 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (8)