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jueves, 12 de enero de 2006

Me pide un amigo que hable en este blog de los fenómenos meteorológicos con que nos encontramos cada día al bajar a coger el coche. Hoy, por ejemplo, en Madrid, despues de unos días de cielos nublados y pocas gotas de agua, hemos encontrado los coches con una pequeña capa de hielo.


 

 

La razón es sencilla de entender: Los anticiclones y las borrascas se suceden en la atmósfera como los meandros de los rios: No los vemos, porque estamos metidos dentro de ellos, pero los podemos visualizar en los mapas de presión de los institutos meteorológicos. Como los meandros de ríos, borrascas y anticiclones avanzan y pasan por encima de nuestros pueblos. Desde el día de reyes estába España dentro de un meandro de subida, que representaba una borrasca débil. Llovía un poquito y sobre todo había en el cielo una ligera capa de nubes  que lo mantenía triste y oscuro. Ayer, miércoles día 11, las nubes fueron dejando el cielo y un anticiclón entró sobre la península. Las nubes habían impedido que el suelo se calentase durante las horas de luz en los días pasados, la poca agua caida se había evaporado llevándose una parte adicional de energía (calor) del suelo. Éste estaba a frío, y además, durante la noche entre el miércoles y el jueves día 12 no hubo nubes en el cielo (anticiclón). Al alejarse las nubes se alejó la manta que cubría el suelo, y la radiación de éste, que las nubes capturan, pudo salir durante la noche hacia el espacio exterior, enfriandose dos grados y bajando del punto de congelación.

 

Las lunas del coche que enfrentan la calle estaban heladas, mientras que las que enfrentan las paredes de las casas estaban algo más calientes, pues el calor que radiaba el coche lo absorbía la pared que se lo devolvía de nuevo a aquel.  En invierno es de esperar que las noches sin nubes sean muy frías, de la misma manera que en el desierto.

 

Las nieblas ocurren cuando se ha evaporado agua de los ríos durante las horas de sol en las etapas de anticiclón y luego ese vapor de agua se enfría durante la noche, formándose una nube a nivel del suelo.

 

Seguiremos con la meteorología. 

 

19:27 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (0)

Las noticias de cada día indican que vamos cada vez más deprisa camino de un cambio irreversible del clima. Mientras tanto unos cuantos países deciden que no necesitan hacer nada para detener esa carrera desbocada. Que el problema se resolverá solo, por la buena voluntad de las empresas.


 

La razón básica que citan es que imponer medidas contra el cambio climático es "muy caro". Uno se pregunta qué quiere decir "muy caro". Las medidas contra el cambio climático son esencialmente reducir el consumo de energía, es decir, ahorrar dinero, pues el dinero es una medida basta de la energía (se podrían usar julios o kwh en vez de euros, y así todos nos entenderíamos mejor, pero, enfin...), e implantar energía solar en sus tres aspectos: Molinos de viento, hornos solares y paneles fotovoltaicos. Implantar estos elementos cuesta energía, es decir, dinero, pero también cuesta dinero comprarse una casa, un coche, hacer una carretera o pagar a los funcionarios de un estado.

 

Sin embargo, y en contra de, por ejemplo, las carreteras, invertir en energía solar no solo ahorra dinero, sino que lo genera, pues de la energía gratis que nos llega del Sol, capturamos con esas tecnologías toda la que podemos, que se queda entre nosotros: Ganamos dinero.

 

Cuando estos países de las costas del Pacífico hablan de Kyoto como un protocolo "caro", ¿no quieren decir que las empresas tradicionales pueden perder algunos clientes en favor de otras empresas? Pero eso no es ni caro ni barato. Es que unos ricos quieren defender sus privilegios frente a otros emprendedores que también quieren acceder a la riqueza: Es el ejemplo de los nobles franceses de 1789 que no querían que otros accedieran a los privilegios que ellos disfrutaban.

 

¿Encarecimiento o privilegio?

19:23 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (0)

Por las respuestas que he tenido a mi blog sobre la serie Roma, parece que no ha quedado muy claro mi argumento.


 

Roma, y sus figuras claves, Cesar, Octavio, los Fabios y Marco Aurelio, representan una etapa básica en el desarrollo de nuestra vida actual. Una enorme parte de nuestra forma de funcionar como sociedad deriva de los ensayos que hicieron los romanos en la suya. Las lecciones que podemos aprender sobre su viaje hacia el imperio y su caida en el abismo las necesitamos hoy más que nunca para saber como debemos seguir evolucionando nosotros.  Recordemos que Roma fué una sociedad muy rica, que disfrutó de 200 años de paz interior, pero que una vez que se hundió, su parte europea cayó en una depresión mísera que duró 1400 años.

 

La serie televisiva "ROMA" se ocupa de estas cuestiones, pero dedica un tiempo grande a describir pequeñas actividades de los ciudadanos romanos.

 

Pensemos en nuestra situación actual en España. A cada uno de nosotros nos interesa mucho la boda de nuestro primo, los amores de nuestros hijos, nuestros propios amores, si nos toca o no la lotería, la fiesta que vamos a dar mañana o a la que vamos a asistir la semana que viene.

 

¿Cuantas de estas actividades (que son muchas de las  que aparecen en la serie Roma) tendrán alguna influencia en la vida de nuestros hijos, de nuestros nietos, del desarrollo de España?

 

Pensemos, por otro lado que una parte de la población de España deja de conocer el español dentro de 15 años. Pensemos que una parte de España deja de comprar y vender en el resto de la península o que, por algún motivo, España se divide en 17 trozos desiguales. Es claro que estas posibles acciones influirán decisivamente en la vida de nuestros hijos y nietos.

 

Es muy posible que describir problemas personales, las dudas de unos soldados, los amoríos de unas mujeres y unos hombres, atraiga, por identificación, a una parte de la población, que se engancha a la serie imaginando que son romanos, ya que los romanos piensan y actúan como ellos. ¿Se necesita esa identificación? ¿Sufre la descripción real de los hechos importantes y de los problemas de la creación y la decadencia del imperio al dedicar tiempo a esas descripciones?

 

Yo creo que sí, pero es muy posible que sin esa forma de serie americana mucha gente considere esos problemas básicos de los que hablo como excesivamente abstractos y por tanto carentes de interés.

 

Mi llamada de atención es la siguiente: Si nos interesamos en esos problemas diarios, personales, si nos interesamos en el futbol y en cosas eternamente iguales a sí mismas porque pensamos que los grandes problemas sociales son demasiado complejos para poder influir en ellos, estamos equivocados, y estamos invalidando la maravillosa idea de la democracia: del poder del pueblo. Debemos conocer, estudiar, actuar no solo en nuestra pequeña esfera personal, sino, aunque seamos pequeños, en la esfera general, abstracta, que nos resulta difícil pero que es esencial para nuestra propia vida y la de nuestros descendientes. No debemos quedarnos en las series americanas, sino entrar dentro de los problemas reales de la vida social y aportar, cada uno, nuestra opinión, nuestra exigencia, nuestro trabajo. Quizá ROMA consiga esto. Es muy posible. Mi rechazo era que a mí todos esos problemas personales, diarios, esas dudas individuales, amoríos, fiestas, etc., me sobraban. Es muy posible que al atraer audiencia ofreciendo identificación se consiga atención, pero mi duda es que la atención se quede en los pequeños problemas y no se vean los puntos críticos de la historia humana.

 

Ambos casos son posibles. Decidir cómo enfocar el tema es una apuesta arriesgada.

 

 

 

6:48 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (5)

La pequeña crisis de Ucrania, con el parón de suministro de gas a Europa, los problemas del cambio climático, el precio del petróleo, y algunas otras señales de problemas con la energía, están forzando a los políticos a abrir de nuevo el debate nuclear.

 


El planeta recibe energía más que de sobra por parte del Sol para cubrir todas las necesidades energéticas de todos los seres humanos que lo habitan a niveles similares a los de EEUU.  Podemos capturar esa energía, y podemos almacenarla en forma de hidrógeno, ya, ahora mismo.

 

Pero hay un problema de tiempo, del tiempo del reloj. La fabricación de celdas solares requiere tiempo. La generación de hidrógeno requiere tiempo. Pero las necesidades humanas son perentorias. Cada uno de nosotros quiere que las luces se enciendan al pulsar el interruptor, que su casa y su oficina estén calientes, que haya gasolina en los surtidores y alimentos en los mercados, y todo eso, y mucho más exige cantidades gigantescas de energía día a día.

 

La energía nuclear es una opción probada. La construcción de sus centrales es tradicional, y la forma de generación es decimonónica: Se emplea el calor generado en la descomposición nuclear en calentar agua que mueve turbinas a la manera de las locomotoras negras de los trenes de nuestros abuelos.

 

Se plantea ahora retomar esa energía para resolver los problemas de suministro, de emisiones de gases, de costes económicos. Se dice que la energía nuclear los resuelve sin problemas, mientras que la energía solar, en sus tres formas, eólica, térmica y fotovoltaica (es decir, en el castellano de Cervantes, en forma de molinos de viento, hornos y convirtiendo la luz en electricidad) está todavía muy verde, es muy cara y no se puede depender de ella. Analicemos estos argumentos.

 

Elijamos tres países para analizar el problema: España, India, y Angola. España depende íntegramente de la energía importada. Compramos, con coste neto para nosotros, los ciudadanos, petróleo, gas y mucho carbón, a pesar del que tenemos en Asturias y León.  Tenemos 7 centrales nucleares con 9 reactores que significan unos 10 Gw de potencia instalada, que suministran hoy el  25% de la electricidad que empleamos, y el 12% de la energía que consumimos. Imaginemos que España decide avanzar por el camino de la energía nuclear para cumplir con Kioto y reducir su  dependencia de los combustibles fósiles. Decide construir una central adicional de 1 Gw, o 4 centrales de 250 Mw. La inversión sería de unos 2.000 millones de euros en la construcción, que duraría unos 5 años.

 

El resultado sería 1 Gw de potencia que representaría un 2% de la potencia eléctrica instalada, con problemas de seguridad y sin expectativas de futuro, creando un número muy escaso de puestos de trabajo una vez acabada la construcción de la central, lo que es uno de los argumentos más importantes para las empresas que quieren montar este tipo de central: Costes de construcción y casi nulos costes de empleo de personal.

 

El construir centrales nucleares no implica disminución en los costes de las mismas, al no existir economías de escala y ni innovaciones previsibles: Es una tecnología madura.

 

¿Podemos imaginarnos la construcción de centrales nucleares en las zonas indias con escasez de agua? ¿En África? ¿De donde saldría el capital para su montaje? ¿De donde saldría el rendimiento para la inversión de capital?

 

Imaginemos por otro lado que en España se decide lanzar en serio la producción de celdas fotovoltaicas y la producción de hidrógeno por hidrólisis. El coste de la primera central de 1 Gw sería de 6.000 millones de euros. Pero mientras se desarrolla este proyecto, la economía de escala hace bajar el precio del kw instalado a la mitad del comienzo del proyecto, lo cual es una previsión razonable, vista la experiencia de los ordenadores y de los coches: Máquinas muy caras en principio pero cuyo precio ha disminuido substancialmente con el desarrollo de esa producción en masa y las plusvalías derivadas de los primeros montajes grandes.

 

La fabricación de placas fotovoltaicas es un proceso continuo. Las placas fotovoltaicas pueden instalarse en unidades grandes o pequeñas, y las placas generan directamente electricidad, sin necesidad de la intervención de turbinas y vapor de agua, ni necesidad de refrigeración masiva. Las placas, al ser distribuidas en casas, barrios, pueblos y comarcas exigen un mantenimiento constante, y una fabricación constante, es decir, mano de obra. Si a las placas fotovoltaicas se les acopla la generación, transporte y distribución de hidrógeno y los motores de celdas de combustible, se genera una cantidad muy considerable de trabajo cualificado, y simultáneamente se distribuye la producción de energía, de forma que además de grandes centrales, necesarias para la producción de hidrógeno, cada casa o comunidad de vecinos puede disponer de su propia electricidad sin necesidad de intermediarios.

 

Las placas solares, una vez que el precio sea equivalente, o incluso algo mayor que el de la tecnología nuclear, pueden ser adquiridas por pequeños propietarios que no necesitan para su funcionamiento ni agua para la refrigeración ni agua para las turbinas de vapor. Las inversiones se reparten entre pequeños propietarios, entre los barrios, los pueblos y las comunidades de personas, en España, India y África, y una vez amortizada la inversión, producen energía sin tener que pagársela a nadie.

 

La urgencia de la solución nuclear no es tal. Podemos disponer de energía autóctona con la misma rapidez instalando centrales nucleares o centrales solares. Las primeras son atractivas para algunas empresas, las segundas para la población. Si pensamos en sus ventajas podemos pensar en que es rentable para cada uno de nosotros ralentizar las inversiones en carreteras, por ejemplo, para dedicar parte de nuestro dinero, del dinero que le prestamos a nuestros gobernantes, para que nos lo devuelvan en formas que nos son útiles,  en hospitales, en escuelas, en carreteras, pero también en energía, para conseguir bajar los precios y poder empezar a disponer, cada uno de nosotros, de la energía que nos llega del Sol, gratis para quien la pueda captar.

 

6:47 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (11)