El mundo, la vida, están llenos de problemas. Problemas diarios: Desde accidentes y enfermedades, hasta dificultades nimias como la avería un pequeño aparato. Problemas a largo plazo: Desde la política de los jefes tribales necesitados de poder hasta el cambio global del clima y la biodiversidad.
La resolución de los problemas exige la disponibilidad de un método. No se puede proceder mediante el esquema de la prueba y el fracaso, en primer lugar porque exige mucho tiempo, y en segundo lugar porque hay fracasos que destruyen de manera tan total que impiden la continuación de los intentos de solución.
La vida puede enfocarse desde el punto de vista estrictamente animal: Nacer para comer, procrearse y morir. O puede enfocarse desde el punto de vista de la creación: Para construir siempre algo nuevo, algo distinto de lo anterior. El ser humano tiene capacidad para crear. No había nada en el Universo igual a una cantata de Bach antes de que éste la escribiera. Puesto que la posibilidad de creación existe, es una alternativa vital que merece consideración.
Leía hoy sobre la segunda guerra mundial y la caída de Francia frente a Alemania. Los franceses acogieron a Petain como lo más grande del mundo. El mensaje de Petain era el mensaje animal: Dedicar los esfuerzos de su gobierno a conseguir que los franceses llevasen una vida apacible en sus granjas. Puede ser éste un ideal, pero aparte de su mezquindad, el problema es que no dura: Los alemanes exigieron, de una población que se habrá rendido, trabajo para ellos. La idea de Petain y de muchos franceses era la idea de un mundo virtual.
La ciencia aporta un método de enfrentarse a los problemas que implica reconocer y buscar la realidad. La realidad evidente, y la realidad subyacente. Reconocer que las piedras caen todas con la misma aceleración, y que, en contra de la apariencia, es la Tierra la que gira alrededor del sol. Es un método que rechaza las hipótesis si los resultados obtenidos a partir de éstas no se verifican mediante la experiencia. La ciencia aporta datos y resultados sobre el mundo, pero sobre todo aporta un método de análisis y de trabajo. La ciencia exige libertad frente al dogma, exige libertad para decir que el emperador no lleva ropas.
Hay otros esquemas de intento de resolución de problemas. Muchos de ellos se basan en dogmas irrefutables. La esencia de muchos de esos dogmas es que el que los enuncia es infalible, y por tanto no se pueden refutar. Se establecen consejos de control para tratar de impedir que se discutan, y se insiste en su bondad. Los dogmas tienen un atractivo evidente: Atraen a la pereza, una de las opciones animales mas deseadas. El problema de los dogmas es doble: El primero es que no es posible hacerlos creíbles, y que ni siquiera su imposición mediante consejos inquisitoriales es eficaz: Siempre hay quien observa que el emperador no lleva ropas. El segundo problema es que no funcionan, por lo general. Si alguien afirma, sin pruebas, que es capaz de curar imponiendo las manos, la afirmación se viene abajo al cabo de unos días, semanas o meses. Por el contrario, los antibióticos curan, cura la quimioterapia y funcionan los trasplantes.
La ciencia presenta inconvenientes a todos los que quieren dogmas y obediencia, a todos los que rechazan la libertad. En la sociedad se exige, de forma implícita, la subordinación. El prospera, el que sube en la jerarquía ( y en anglosajón, curiosamente, jerarquía es jerarquía eclesiástica) es el que obedece a los que ya están en ella. El que vende libros es el que sigue los deseos del común de la población: Los libros más vendidos, las películas más vistas son Harry Potter, Narnia, El código da Vinci. La independencia de la jerarquía, la libertad para proponer ideas nuevas genera rechazo. Las ideas nuevas no son casi nunca plato de gusto. Giordano Bruno fue quemado en la plaza pública, Galileo, arrestado en su domicilio y hoy Michael Crichton trata de terroristas a quienes describen la realidad de la subida de temperaturas.
La ciencia ha funcionado razonablemente durante el siglo XX, pero hoy sus resultados se dan por supuestos como si surgieran, de nuevo, por arte de magia. Se alaba la ciencia de labios para afuera, pero el esfuerzo económico se diluye en infraestructuras y gasto "social". Las universidades envejecen y no hay dinero para contratar gente joven, que, de cualquier forma, prefiere elegir fisioterapia y ciencias del deporte como carreras de éxito, frente a las carreras científicas y técnicas.
Vista la historia humana de manera empírica, ni honores, ni dogmas, ni guerras, ni jerarquías, han producido ningún avance substancial en la calidad de vida de las personas. Ni siquiera los esquemas de redistribución de la riqueza han tenido efecto alguno.
La realidad observable es que la calidad de vida deriva exclusivamente del método científico. Debemos mantenerlo frente a su rechazo creciente.