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domingo, 13 de noviembre de 2005

Se ha hablado estos días del fracaso escolar de la enseñanza española, con la indicación de estar en la cola de Europa en la calidad de nuestros resultados de la enseñanza.


 

La ciencia, y el medio ambiente, necesitan de un interés activo por el conocimiento, una pasión por saber, un deseo constante de aprender.  Ese deseo, esa pasión solo se pueden activar en un entorno que las promueva, que las valore, que les asigne prioridad. El maestro no puede impartirlas si el estudiante no las demanda, y éste no las demanda si no les ve ni interés ni utilidad.

 

Estos días también estamos asistiendo en Francia, y a lo largo del mundo, a una serie de quejas, expresadas de maneras diferentes: Unas violentas, otras en forma de protestas más suaves, pero todas reacciones a una contradicción o inconsistencia social muy marcada.

 

El destino actual, como la ocupación pretérita, de la mayoría de la humanidad es trabajar por un salario, más o menos limitado, en tareas esencialmente rutinarias.  Sin embargo las expectativas levantadas por la rebelión de las masas son distintas: Hoy cada montador de coches, cada rellenador de impresos, cada vendedor de almacén  se considera un genio de la aventura, un león de las finanzas, entre otras cosas porque los medios de comunicación se interesan (superficialmente) por su vida y sus opiniones, asignándole una importancia social ficticia, pues en la realidad, ni a sus opiniones expresadas en la entrevista televisiva, ni a la encuesta que rellena en el supermercado, ni siquiera al voto que emite en las elecciones, les asigna la sociedad  valor alguno.

 

Hoy cada persona se considera a si misma una parte individualizada de la sociedad, pero la sociedad de sus copersonas solo la considera a ella como una unidad de variabilidad estadística.

 

La realidad actual es hoy la misma que a lo largo de 40.000 años: Los que destacan, aquellos que  importan, cuyas acciones u opiniones se toman en cuenta son aquellos pocos que gracias a un esfuerzo gigantesco han sobresalido de la masa indiscriminada.

 

Pero no es éste el mensaje que se transmite, aunque si es es el que se ve. El mensaje transmitido, desde los ministerios de educación, de trabajo, desde los medios audiovisuales, es que todos, no es que puedan llegar, sino que -llegan- a posiciones de riqueza y poder.

 

Ha habido dos series de conferencias en la Facultad de Físicas, sobre los desafíos de la física en el siglo XXI. Una de ellas contó el glamour, el éxito de una línea de trabajo. 600 estudiantes atendieron esta conferencia.  En la otra serie, dos científicos expusieron el trabajo duro, la necesidad de volver a empezar en la tarea para resolver los problemas actuales, inmediatos, urgentes. Pero el mensaje era de trabajo duro y éxito dudoso. Esta segunda serie la escucharon 50 alumnos.

 

Y sin embargo es la realidad. No hay trabajo en la física para 600 egresados al año, ni el trabajo que obtengan tendrá brillo y éxito fácil. Pero el mensaje que se vende, y que se compra es éste: Brillo social sin esfuerzo.

 

Los estudiantes ven este fracaso mediático, o más bien, lo sienten. Un alumno de un barrio "marginal", un hijo de emigrantes, una persona inteligente, que no está metido en los raíles de un cuento social que viene de muy lejos, ve que el rey no lleva ropas, mientras que otros muchos aceptan los vestidos imaginarios del rey para avanzar hacia una carrera de oficinistas sin glamour.

 

¿Qué se le ofrece a un muchacho francés, hijo de argelinos, en Francia? Tras unos años en una escuela que cuenta las vergüenzas de la historia francesa: La "gloria" de los ataques napoleónicos a países vecinos que no habían hecho nada a Francia, pero que quedaron destrozados tras la invasión francesa, para nada, pues Francia se volvió, con el rabo entre piernas a una nueva etapa de reyes y repúblicas efímeras. Tras unos años en los que se le cuenta un álgebra de nula conexión con su vida diaria, o una física que solo 4 de los miles de alumnos elegirán como profesión, el alumno francés de origen extranjero, que no tiene asumida una tradición de empleo mediocre a cambio de escuela similar,  no ve el menor interés en esa domesticación forzosa.

 

El alumno francés la sigue, con desgana, pero la sigue, porque es la tradición familiar, y sospecha que aunque nada de lo que estudia tenga conexión con su trabajo futuro, el mero hecho de estudiar le garantiza, misteriosamente, un malvivir razonable. 

 

Pero el alumno de origen extranjero, en Francia y en España, ve otras cosas: Ve que aquel de sus amigos que va en coche y tiene quien le busca para optar por compartir algo de su brillo social y su dinero, es el que vende droga, o el que extorsiona, o, más pobremente, el que monta un negocio de piezas de automóvil, o una tienda de ultramarinos, o el que vende y compra coches, ladrillos o piezas de ropa.

 

La educación, el colegio, no tienen absolutamente nada que ver con el éxito vital a nivel de la persona. Si en la carrera por la fama se obtiene ésta por ser guapo o guapa, sin esfuerzo personal, o al revés, se obtiene solamente tras un par de decenas de años de trabajo y esfuerzo intenso, para conquistar uno del 0,001% de los puestos posibles, donde el 99.999 % restante no produce ni éxito ni reconocimiento  ¿es dudoso que una mayoría de alumnos decida  bien dedicarse a profesiones de resultados más inmediatos,  bien  avanzar por el carril trillado sin el menor interés ni dedicación?

 

Tras las revueltas de Francia se habla de "eliminar" las causas de las mismas. Tras los datos sobre la escuela española se habla de mejorar ......., ¿mejorar qué? NO la escuela, evidentemente. Si queremos mejorar algo tenemos que cambiar el estímulo ofertado. 

 

Tenemos que cambiar la filosofía profunda y subyacente en la que vivimos. Tenemos que abrir los ojos a la realidad: La pobreza no se elimina, la forma fácil de hacer dinero es hoy, como ayer, cogerlo del de al lado, el subir en la escala social se consigue de dos maneras: Mediante el comercio, o mediante un esfuerzo desorbitado. No podemos seguir diciendo a la gente que pueden adquirir grandes coches, pisos de lujo, yates de carreras, novios y novias modelos de pasarela, mediante su  docilidad sistemática al sistema social.

 

El gobierno francés nos dice, en los telediarios, que va a iniciar un plan para reducir la pobreza de los barrios periféricos. ¿Va el gobierno francés a ser capaz de ofrecer a los muchachos de esos barrios coches de lujo, palacios, mujeres guapas, todo ello sin esfuerzo, o el resultado del plan de actuación será ofrecer a esos muchachos un empleo de montador en una fábrica de coches cuya producción se está desplazando hacia China?  Si la oferta en la televisión, si el cebo, es el lujo ¿podemos ofrecer a la sociedad 10 años de estudios para acabar de vendedor en unos almacenes? 

 

La respuesta al cebo que ponemos delante de los individuos de la sociedad es triple: Unos, muy pocos optan por el esfuerzo intenso. Otros, bastante más, optan por la vida y los negocios marginales. La inmensa mayoría opta por una vida media, frustrada ante cebos golosos que no pueden conseguir, pero satisfactoria porque no exige esfuerzo intenso.

 

El fracaso escolar, el menosprecio de la ciencia y del medio ambiente, la revuelta francesa, derivan todos del mismo caldo de cultivo:  Del estímulo a conseguir unas cosas que la sociedad impide a sus miembros alcanzar. 

 

Y sin embargo tenemos delante de nosotros la posibilidad una vida distinta, una vida en la cual la calidad puede ser enormemente más satisfactoria que la cantidad. Una vida donde un paseo por la playa sea más valioso que la posesión de un apartamento en la misma.

 

Si queremos sobrevivir como cultura tenemos que cambiar cuanto antes los estímulos sociales. El conocimiento es inmensamente satisfactorio, no acaba nunca, y no exige gastos tremendos. Concursos de saber, en vez de concursos de gastar gasolina en coches de decenas de millones de euros. Premios reales al esfuerzo, en vez de su menosprecio. Estímulo social de la ciencia, en vez dejarla para locos marginales.

La sociedad puede optar por un camino u otro, pero si la consecuencia de 12 años de escuela es llegar a cajera de unos almacenes, y la consecuencia de 6 años de universidad es rellenar impresos en una oficina, el fracaso escolar está garantizado, y la revuelta de los jóvenes no es más que la respuesta natural al insulto que se les ha hecho. 

21:08 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (4)

El desastre de las costas españolas

 

Los españoles, o al menos algunos españoles,  seguimos considerando lo que nos rodea, el ambiente en que vivimos. como propiedad particular.


Seguimos en el estadio del animal que ve el mundo como botín, como un recurso a explotar, en vez de contemplarlo como un bien propio para disfrutar.  Hoy día podemos extraer energía sin problemas del Sol, podemos transformarla en la industria, y podemos reducir el cultivo a una cantidad limitada de terreno, El resto de nuestro planeta podemos disfrutarlo sin necesidad de  explotarlo al 100%.

 

Pero no: Es preciso rellenar al máximo, al 100%,  las costas españolas, (ver el artículo: "Fuerte polémica por la compra de suelo litoral por Costas", en www.huelvainformacion.es, del 12 de Noviembre de 2005)  llenando incluso, si nos dejan, el propio mar, e incluso debemos reclamar que el resto de la sociedad nos ayude a pagar la arena que desaparece de las playas: Tenemos que hacer negocio, levantar bloques de pisos para que sus habitantes se entretengan en divertirse de la forma mas animalmente humana posible: Con motos y discotecas ambulantes de 200 db.

 

¿Es realmente necesario hacer dinero deshaciendo las costas, llenándolas de ladrillos y hormigón? ¿No podrían esos empresarios ganar el mismo dinero montando centrales solares y creando fábricas de hidrógeno? O invirtiendo su dinero en empresas de software, plantando árboles para hacer bosques, en industrias limpias, en educación, en tantas cosas que se pueden hacer y que no son especulación inmobiliaria y destrucción de nuestro habitat?

 

Estamos locos, rematadamente locos.

 

Hoy he escuchado, en la radio, 5 minutos de historia de la España del siglo XVII.  La conclusión de esos cinco minutos era que gracias a algunos esforzados marinos España retrasó 60 años la pérdida de sus colonias. Y yo me pregunto, ¿valió la pena? ¿No hubiera sido mejor pactar con ellas acuerdos comerciales  y culturales que hubiesen proporcionado lo mismo sin guerras cruentas y que, finalmente, no trajeron nada real?  ¿No nos ha ido mucho mejor en España en estos últimos 60 años sin guerras ni conquistas de lo que nos fue mientras la preocupación era mantener unas colonias que nos podían dar mucho mas en paz que en guerra?

 

Lo que subyace a estas filosofías de acaparar riquezas destrozando lo que se pueda, es la idea de que la vida existe solo mientras existe la vida individual de cada persona: Es el rechazo del ser humano como un ente individual en un continuo social que se extiende en el espacio y en el tiempo. Es ver como ventaja la supervivencia de hoy en detrimento de la de mañana. A estos empresarios de Huelva que reclaman la libertad total para destrozar aún más el litoral no les interesa ni el presente de esas costas como bien de la humanidad, de ellos mismos incluidos, ni les interesa el futuro de sus hijos y de sus copersonas: Solo están interesados en la perspectiva de negocio, en la oportunidad de hacer un dinero que, hagan lo que hagan, les durará 60 años, como mucho. Quizá mi problema para entender estos comportamientos, los de los políticos incluidos es mi visión de las escalas temporales. Para mi las escalas de micro-segundos son tan válidas e interesantes como las de segundos, horas, años, días, siglos, miles y millones de años. Es una cuestión de ampliar el interés de cada uno de nosotros ampliando así nuestra calidad de vida. Al vivir en todas las escalas vivimos el mismo número de años pero en esos años vivimos muchas vidas. 

 

Vivir solo para mañana no tiene sentido, pero vivir solo para hoy es casi criminal, pues ignora las necesidades de los que vienen con nosotros. Si yo disfruto de mi vida y no dejo nada para el futuro,¿qué sentido ha tenido mi vida? Los placeres se han disipado en el momento que han acabado, las riquezas han permitido el disfrute de unas ventajas efímeras y esa vida ha discurrido como la del papión jefe de la manada  que deja a ésta exactamente igual cuando es destronado que como la encontró él cuando destronó al jefe anterior. En el caso de esos empresarios de Huelva, dejan a sus costas en un estado infinitamente peor que antes de su actuación.

 

¿Es  tan necesario hacer dinero destrozando nuestra propia casa?

20:57 | gestionado por Antonio Ruiz de Elvira | Enviar comentario (0)