España está en el borde sur de la trayectoria media del chorro polar, una poderosa corriente de aire que circula a 11 km de altura sobre el planeta. Su posición media en latitud depende de la temperatura del polo norte y de las presiones sobre el Atlántico. La temperatura del polo es cada vez más alta, y las presiones sobre el Atlántico oscilan con unas escalas de tiempo muy largas.
El resultado de incrementar la cantidad de CO2 sobre la Tierra es la subida de la temperatura polar, y ésto, poco a poco, lentamente, va desplazando la posición latitudinal del chorro hacia el norte.
Sobre este desplazamiento se superponen las oscilaciones que han existido siempre de las presiones del Atlántico.
Un análisis de las lluvias sobre la España seca, al sur de las cordilleras cantábrica y pirenaica, indica que los periodos de lluvia se alternan con periodos de sequía, con intervalos que van de 2 a 7 años, con una media de 3 años que es 37 veces más probable que la escala temporal de 2 años.
La teoría, que nos dice que si calentamos el polo el chorro polar se debe desplazar hacia el norte, y la estadística de las series históricas, nos hacen ambas estimar que la actual sequía es el primer año de al menos tres.
Ha habido sequías fuertes en España. Pero España era un país adaptado al desierto. cultivábamos cereal y esparto, reduciendo los frutales a los canales tradicionales de Valencia y Murcia, a los valles de los ríos.
La entrada en la Unión Europea trajo consigo la subvención a la plantación y puesta en cultivo de millones de hectáreas. Se duplicó la superficie regada, se introdujo, en zonas de vides, el cultivo del maíz. Con el dinero obtenido, se construyeron numerosas urbanizaciones en torno a los campos de golf. Éstos pueden utilizar agua reciclada, pero las urbanizaciones que los rodean, sus duchas y sus piscinas, utilizan agua dulce.
España cambió su cultura: De una cultura del desierto, adaptada a sequías recurrentes, hemos pasado a la cultura de las grandes llanuras centroeuropeas.
Adicionalmente hemos quemado y cortado los bosques, que mantenían el suelo y la humedad.
Sumando todo esto, la mejor estimación de la situación actual es la de un desastre:
En la España seca no queda agua embalsada más que para 24 semanas, 6 meses. Después de eso, los acuíferos, que no se han recargado y que se están secando por extracción continuada de agua para el riego.
Las medidas de restricción se tomarán cuando ya no haya agua. Como siempre, como la respuesta a los huracanes, a los posibles maremotos, a las acciones naturales y humanas, se tomarán cuando sea tarde. Lloraremos como en un funeral popular. Nos horrorizaremos del número de muertos. Pero no habremos hecho los diques, no habremos arreglado los canales, no habremos controlado los cultivos.
Los llantos sirven de poco. Pero hacer diques en Nueva Orleans, impedir que las viviendas indonesias estuviesen en la misma orilla de la playa, arreglar los canales para que no pierdan agua, construir desaladoras potentes que funcionen con energía solar, etc., etc., crea riqueza, da calidad de vida, genera empleo y amortigua la furia desatada, o la venganza lenta y continua de la Naturaleza.