Tengo dos libros
interesantes encima de la mesa. Uno de ellos se llama “On Science”,
de B.K. Ridley. El otro es de Huston Smith y tiene como titulo “Why
Religion Matters”.
En ambos se quiere hacer
distinción entre ciencia y otra cosa que ellos dos denominan
“espíritu”. En el libro de Ridley se distingue entre la
verdad de la ciencia y la verdad mágica. ¿Qué es
la “verdad mágica”? Supone Ridley que son las fuerzas
humanas no materiales de este mundo: El poder de la personalidad, el
carisma, el ritual, la atmósfera que rodea a una persona,
etc., que es, según él, lo que es el arte.
En su último
capítulo, Huston Smith señala que muchos científicos
no aceptan la religión porque carecen de una “sensibilidad”
que les falta y que tienen las personas religiosas. Trata a
continua-ción de describirla. Dice que tiene 4 partes:
Sugiere que la
esencia definitoria de la humanidad son las preguntas que hacen los
seres humanos: ¿Cual es el significado de la existencia? ¿Por
qué hay dolor y muerte? ¿Por qué vale la pena
vivir? ¿De que consiste la realidad y cual es su objeto?
Añade que el
sentido religioso es el “darse cuenta” de la distancia entre las
preguntas y sus respuestas.
Añade que el
sentido religioso es aceptar la convicción de que las
preguntas tienen respuesta.
Y finalmente, que la
búsqueda de la respuesta se realiza en congregaciones de
seres humanos.
Estos 4 puntos definen
también la ciencia, a salvo de un quinto punto que Huston
Smith no menciona: Que la ciencia tiene paciencia, y no quiere la
respuesta -YA-, que la ciencia sabe que la respuesta se va
construyendo paso a paso, poco a poco, que nos vamos acercando a ella
década a década, siglo a siglo. La religión
exige la respuesta -YA-, dentro de la vida de cada persona, y
además exige una respuesta completa, final, cerrada e
inamovible.
Describe Huston Smith una
experiencia “religiosa” que tuvo una noche de acampada en el
desierto de California. Se despertó a las 2 de la madrugada al
pensar que había recibido una “llamada” de la noche.
Anduvo bajo las estrellas durante un rato, sin una sensación
en su cerebro. Sugiere que ese es el sentido religioso.
Yo, lamentablemente, no
entiendo nada de lo que dice. Sugiere que el sentido religioso es
hacerse las preguntas anteriores, darse cuenta de la distancia que
hay entre preguntas y respuestas, la convicción de que existen
las repuestas, y que la búsqueda de las mismas se hace en el
seno de grupos de personas, ¿Qué tiene pues que ver ese
sentido religioso con el andar sin un pensamiento en la cabeza, de
manera solitaria en una noche en el desierto? El que la actividad de
recuerdo de memorias no coincida con la actividad motora ni con la de
la visión invalida los tres primeros puntos, y al andar
solitario invalida el último.
El grave problema del
conflicto real entre religión y ciencia, del cual no se da
cuenta Huston Smith, no estriba en ninguno de esos 4 puntos de
arriba. Esos puntos definen la ciencia. El problema es el quinto
punto que Smith no menciona: Que la respuesta no se puede obtener ni
en una vida ni en miles de vidas. La ciencia es la búsqueda
constante, el avance sin cese hacia esas respuestas, pero la ciencia
reconoce que las respuestas se van obteniendo trocito a trocito, sin
prisa pero sin pausa. El científico reconoce siempre que no ha
llegado al final. La suya es una actitud humilde, de continuo
aprendizaje. La religión, por otro lado, es la arrogancia
suprema de decir que ha encontrado la respuesta, y que la respuesta
es “ésta”, que es cierta y que es distinta de cualquier
otra respuesta de cualquier otro grupo humano.
Es la inmensa arrogancia
de Moisés, de los profetas, de John Smith, de tantos otros: “Os
anuncio que he encontrado la verdad, total, final, completa e
inamovible”
No hay “respuesta”
final, cerrada, completa, pero si hay avance constante hacia ella. Y
este avance es la ciencia. Para aceptar lo primero basta con
estudiar, o más sencillamente, leer, la historia de las
religiones: Su pretensión de verdad final, completa y cerrada,
su exclusión de cualquier otro conocimiento. Los judíos
mantienen -su- “verdad” y rechazan la de los cristianos y la del
islam y estos últimos rechazan cada uno la de los otros dos,
y dentro de los cristianos los católicos rechazan la “verdad”
de los protestantes y cada denominación de éstos la
“verdad” de las otras denominaciones, y los confucianos rechazan
el judaísmo, y los sintoístas el budismo y el budismo
el resto, etc., etc.
Ridley habla de verdad
mágica. Pero ¿por qué “mágica”? Habla
del poder del color, de la forma, de los símbolos. Al hablar
de ésto, nos da la clave de qué es la verdad mágica.
Color, forma, símbolos son síntesis de conocimientos,
agrupaciones de memorias que surgen todas juntas cuando las vemos.
Tenemos miedo: El miedo es una reacción de preparación
de los músculos y la inteligencia para escapar de un peligro.
El miedo se forma desde la infancia. Una bacteria se encoge si se la
pincha, lo mismo que una ameba, o que nos encogemos nosotros: Es la
reacción natural a un ataque. Si el ataque se produce siempre
rodeado del mismo color, de la misma forma, del mismo sonido, la
visión de esa forma, de ese color, la audición de ese
sonido despierta la misma reacción que el peligro real en si
mismo.
Yo tengo miedo de los
saltamontes. Mi reacción es muscular: Cuando ando por el campo
y empiezan a saltar, mis músculos se contraen como para dar un
salto yo también y escapar. La razón es sencilla.
Cuando tenía unos 4 años, tenía un libro de
dibujos donde aparecía un saltamontes magnificado , cerca de
un niño y mucho mayor que él. El saltamontes tenía
los ojos con miles de cristalinos, las patas aserradas como serruchos
de madera y una boca abierta con dientes. Es claro que aquella imagen
se debió combinar con que me debí caer y hacer daño,
y el daño y la imagen quedaron asociadas en mi cerebro como un
conjunto único de memorias.
De la misma manera el
placer. ¿Hay para un bebé placer mayor que chupar la
leche del pezón de la madre? El color de la madre, de su
vestido, de la habitación donde mama, el sonido de la música
que oye, el olor que le rodea, todo ello genera que esas impresiones
se memoricen como grupo, de manera que una de ellas hace que el resto
salgan a la parte activa del proceso cerebral.
El “poder mágico”
de un color, de un olor, de un símbolo, es claro y evidente, y
lo menos misterioso del mundo.
De la misma manera, ¿Qué
es la literatura?¿Cual es su encanto? ¿Cuando empezó
la literatura? La primera obra literaria es la Iliada de Homero
(aunque algunos mantienen que son partes de la Biblia, pero es
difícil entender el Génesis como literatura). ¿Cual
es el encanto de la Iliada? La Iliada empieza así:
“Canta, oh Diosa, la
cólera del pélida Aquiles,
cólera funesta
que tantos males causó entre los aqueos.............”
Describe una realidad
humana: Una persona, Aquiles, ha estado haciendo un esfuerzo notable
en las batallas que otra persona, Agamenón, ha organizado para
su propio beneficio. Aquiles quiere una muchacha que ha robado, pero
Agamenón, basándose en el acuerdo de los del propio
grupo a que pertenece Aquiles, la exige y la consigue.
¿Por qué es
literatura? ¿Qué hace la literatura? Las palabras,
recitadas en aquella época, leídas hoy, sacan a la
parte activa del cerebro de quien escucha o lee grupos de memorias
que producen la revivencia de ciertas experiencias en cada persona de
las que escuchan o leen. ¿Quien no ha trabajado más que
otros, en un cierto grupo de personas, para encontrarse después
con que el premio se lo lleva otro? ¿Cómo no
horrorizarnos de que las muchachas puedan ser metidas en harenes al
capturarlas por la fuerza?
Literatura es ir
reviviendo en la mente grupos complejos de memorias agradables,
desagradables, casi vividos, o que se esperan vivir, es vivir vidas
imaginarias dentro del cerebro por medio de creación de grupos
nuevos de memorias combinados a partir de memorias individuales o
grupos ya existentes. La buena literatura es la que consigue ésto
con facilidad, la mala la que no lo consigue o lo hace con un
esfuerzo agotador.
La música es
distinta en mucha medida de las artes de la forma y el color, y de
las artes de la palabra. El sistema nervioso humano funciona a base
de envíos periódicos de corrientes eléctricas
iónicas, a través de los canales polarizables que son
los nervios. El placer es la sensación del sistema nervioso de
que todo está controlado, de que el sistema funciona como
debe: Nos sentimos en la gloria cuando todas las partes del cuerpo
funcionan bien y de acuerdo unas con otras. El dolor es un sistema de
aviso de que algo no marcha bien. Sentimos dolor al empujar con
fuerza un alfiler aguzado sobre la piel, cuando este la rompe o está
a punto de romperla. Ese mismo alfiler, manejado con sumo cuidado
genera placer: Es la señal al sistema de control de que esas
terminaciones nerviosas están funcionando correctamente. El
orgasmo se obtiene directamente mediante estímulos repetidos
que hacen funcionar las corrientes eléctricas de las partes
correspondientes del cuerpo humano, o se puede obtener de manera
simulada por estímulo eléctrico no de las terminaciones
nerviosas, sino de los centros cerebrales de control.
Pues bien, es claro y
evidente que el sistema nervioso funciona de manera periódica
y que hay estímulos periódicos que se sienten como
placer. Estos estímulos, generados en el sistema auditivo, son
la música.
Si reconsideramos todo lo
anterior, veremos que las “verdades mágicas” de Ridley
desaparecen y se convierten en “verdades”, simplemente.
No hay más que
realidades. Hay realidades cuya asimilación neuronal es muy
rápida, y otras que cuestan siglos. La ciencia es el esfuerzo
cumulativo y paciente para hacer a las neuronas cerebrales asimilar
esas realidades que se convierten en verdades. La religión es
el intento, un tanto burdo, de conseguir esa asimilación de
forma instantánea, mediante un golpe mental. Es claro que esto
es imposible. El universo, aquí cerca, dentro de nosotros, y
allá lejos, en galaxias que casi no llegamos a detectar, es
muchísimo más complejo que lo que puede permitir un
golpe mental, una “revelación”. La religión es, por
su forma de establecimiento como verdad revelada, mágica,
persuasiva, muy pobre.
No hay más que una
realidad, enorme, con inmensidad de caras, de aspectos, de
sensaciones, de imágenes. La ciencia la va, poco a poco,
capturando. La religión, la “verdad” mágica, la
“verdad” revelada, la “verdad” persuasiva, no son mas que
intentos impacientes de capturar, de una vez, una realidad a la que
la ciencia va accediendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa, con
humildad pero con una confianza inquenbrantable. La ciencia nos da
seguridad en el proceso, las “verdades” mágicas,
reveladas, persuasivas, solo nos pueden producir rechazo, porque
dejan casi todo el universo fuera de su explicación.