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lunes, 17 de agosto de 2009

Esta entrada es una reflexión sobre la problemática de los recursos humanos en investigación matemática en España, aunque probablemente se pueda extender a otras disciplinas sin grandes cambios.



Algunas preguntas

Desde hace ya unos cuantos años, tras el nacimiento de lo que podriamos llamar (quizás algo pretenciosamente) “la conciencia colectiva matemática española”  propiciado por el reconstrucción de la Real Sociedad Matemática Española a finales de 1996 y la celebración del Año Mundial de las Matemáticas en 2000, comenzó a manifestarse una grave preocupación entre los matemáticos españoles sobre el relevo generacional. Las matemáticas españolas, muy reducidas hace unos 25 años, tuvieron un crecimiento impresionante con la necesidad de profesorado cualificado fruto del desarrollismo económico de los sesenta y la afluencia masiva de estudiantes a las universidades españolas en esa década y la siguiente. Este flujo se ha detenido y aunque hay signos esperanzadores debidos en gran medida al enorme esfuerzo del colectivo en los últimos diez años, nadie cree que volvamos a ver esas abundantes cohortes que los que estamos en la cincuentena vivimos en nuestros años de estudio y posterior desempeño profesional en las facultades.

El debate se centra pues en conocer cuantas plazas vamos a necesitar de aqui a 10 años y que candidatos vamos a incorporar para que sean los sustitutos naturales de las jubilaciones que se van a producir en masa, cuantificarlos por disciplinas y, a continuación, poner en marcha mecanismos que sean capaces de proveer a estos sustitutos.

Por otra parte, una de las constantes en Política Científica es la pregunta de cuántos científicos necesita Europa en total, y España en particular. Estos números se dan habitualmente en términos comparativos. Por ejemplo, en España se necesitaría un determinado número de nuevos científicos para estar en la media de UE por mil habitantes; Europa, a su vez, se compara con Estados Unidos o Japón. En cualquier caso, en España no sabríamos decir con mucha precisión cuántos matemáticos, químicos o físicos harían falta; la tarea sería ya mucho más difícil si quisiéramos hilar más fino y apuntar lo necesario dentro de cada disciplina además de los investigadores capaces de estar en las intersecciones de las mismas.

Ambos problemas están obviamente relacionados y si tuvierámos una buena solución para la segunda pregunta, la primera quedaría automáticamente resuelta ya que de entre esos investigadores saldrían los relevos para el profesorado universitario (y sería un profesorado muy bien preparado, un auténtico profesor/investigador que es lo deseable en una facultad de matemáticas que aspire a la excelencia).

Para fijar números, una variable importante a tener en cuenta es si hacemos la pregunta adecuada en lo que se refiere a recursos humanos en investigación. Porque estamos hablando de generación de conocimiento, que al final, depende del número de científicos en acción. Por lo tanto, la pregunta podría ser: ¿cuánto nuevo conocimiento es necesario? Vistos los desafíos a los que nos enfrentamos para la supervivencia de la especie humana en nuestro planeta con un desarrollo sostenible (calentamiento global y cambio climático, recursos energéticos, control de pandemias) la respuesta prudente debería ser: todo el que podamos, y la actuación correspondiente sería poner todos los recursos posibles. Y se necesitan matemáticos para cada uno de esos y otros problemas cruciales.

Algunas respuestas

Veamos cuáles son los instrumentos de los que disponemos para contestar la segunda pregunta.

En España existen dos grandes Programas Nacionales para captación de investigadores jóvenes. Son el Programa Juan de la Cierva (350 plazas anuales para doctores recientes) y el Programa Ramón y Cajal (250 plazas anuales con la posibilidad de contrato/plaza de funcionario permanente al final del ciclo, para doctores con más experiencia).

Son programas importantes, que ya llevan varios años y se han ido consolidando, pero que aportan un número insuficiente de plazas. Pensemos por ejemplo en Matemáticas. La cosecha de 2009 han sido 12 Juan de la Cierva y 8 Ramón y Cajal, y en años anteriores, muy parecida. Si nos fijamos en los Ramón y Cajal, que son potenciales plazas permanentes, ¿cuántos años necesitaríamos para conseguir, digamos, 500 investigadores que puedan sustituir a los matemáticos que se irán jubilando en unos 10-15 años? (Y estamos dando una cifra que probablemente sea bastante menor de la real).

Simultáneamente hay algunos programas de las Comunidades Autónomas, de los que el modelo es ICREA, en Cataluña; y más recientemente los IMDEA de Madrid, o el IKERBASQUE, en Euskadi, o algunos algo más modestos en Galicia, Baleares o Aragón. En lo que se refiere a matemáticas, la captación en ICREA es mínima (también con pocos candidatos para cada plaza, aunque son puestos del máximo nivel académico), en el caso de IKERBASQUE se materializan a través del BCAM, y el caso de Madrid es realmente dramático, con la desaparición del recién creado IMDEA de Matemáticas sin que hasta el momento haya instrumentos alternativos de captación de recursos humanos para matemáticas.

Decir finalmente que una buena cooperación entre los programas nacionales del MICINN y los regionales de las Comunidades Autonómicas podrían conseguir mejores resultados, pero esa tarea no parece haberse acometido (que nosotros sepamos).



¿Hay caladeros donde pescar buenos candidatos?


En primer lugar, deberíamos olvidar las expresiones obsoletas de la recuperación de cerebros, copiadas en las convocatorias autonómicas; lo que necesitamos son buenos investigadores, ya nos toca comportarnos como un país desarrollado en ciencia. Otra cuestión es que cuidemos nuestra cantera porque también en ciencia (y en las matemáticas) la política de “Zidanes y Pavones” se puede aplicar con éxito.  

Después, recordar que en los últimos 15 años, los recursos que en investigación ha puesto en liza la Unión Europea han permitido una tarea de formación de jóvenes matemáticos, que se han formado en un centro de un país y han realizado estancias postdoctorales de 1, 2 o 3 años en centros de otros países; matemáticos con una excelente formación, viajados, como se decía antes (y ya recomendaba El Quijote), que hablan 2 o 3 idiomas con soltura. No son sólo españoles, porque ha sucedido lo mismo en el resto de países europeos. Estos matemáticos se enfrentan ahora, con una edad superior a los 30 años en muchos casos, a un futuro incierto. Las ofertas no son tan numerosas, a pesar de que hemos hecho una enorme inversión económica para conseguir este logro. Es evidente que las acciones para que encuentren un puesto permanente no son suficientes. Y el argumento de que se mueven en un mercado de oferta y demanda es falaz, porque son las administraciones públicas las que han generado esta mano de obra cualificada sin tener en muchos casos una planificación a largo plazo.

Cualquier investigador que asista regularmente a congresos europeos e internacionales, se encuentra con ellos. ¿Podemos permitirnos perder esta generación de jóvenes cuando decimos a la vez que nos falta una buena cantidad de nuevos investigadores?

Necesitamos más contratos y también una mayor publicidad de los mismos en el extranjero, publicitándolos en los grandes periódicos matemáticos, como los Notices of the American Mathematical Society, SIAM News o el Newsletter of the European Mathematical Society. Tenemos una excelente oportunidad de acudir a un buen mercado, formado por jóvenes matemáticos bien preparados y que darían un juego excelente, además de garantizar ese preocupante relevo generacional. La ciencia nunca debe regirse por criterios meramente economicistas, y las matemáticas mucho menos. La utilidad de nuestra disciplina es muchas veces a muy largo plazo (¡quién le iba a decir a Hardy que su querida Teoría de Números sería la base de las transacciones comerciales en Internet!)

Conviene recordar también las peculariedades de la investigación matemática, en la que hay áreas de trabajo que solo fructifican en resultados publicables tras un esfuerzo inicial muy arduo y largo. Sería bueno tener en la memoria como la gran matemática norteamericana Julia Robinson describió su actividad en la solicitud de una plaza en la Universidad de Berkeley: “Lunes, intento demostrar un teorema. Martes, intento demostrar un teorema. Miércoles, intento demostrar un teorema. Jueves, intento demostrar un teorema. Viernes: teorema falso”. Suele haber mucho más esfuerzo individual tras cada página de un artículo matemático que en una página de un artículo en otras ciencias.

El CSIC en el esquema general


El CSIC se ha incorporado con fuerza a la investigación matemática. Ha creado posiblemente la infraestructura más potente para la investigación matemática en España, en un edificio que unos meses alojará al Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT). Y está aportando al mismo una notable cantidad de recursos humanos propios. Y lo está haciendo en colaboración con tres universidades de Madrid (UAM, UC3M y UCM), combinando así una respuesta a la primera y a la segunda pregunta; con un gran potencial en matemáticos jóvenes el ICMAT va a jugar sin duda un papel clave en los próximos años.


Manuel de León, CSIC y Real Academia de Ciencias.

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