Entre el 22 y el 23 de octubre de 2009 se celebró el III Seminario interdisciplinar La Tregua de los Doce Años 1609,
organizado por el Instituto Universitario “La Corte en Europa” (IULCE)
de la Universidad Autónoma de Madrid y la Red “Solo Madrid es corte”
CAM-HUM/2007-4025, en el contexto del cuarto centenario de dicha
tregua. El seminario, coordinado por los profesores José Martínez
Millán y Manuel Rivero Rodríguez, formaba parte del Master "Monarquía
de España" del departamento de Historia Moderna de la Universidad
Autónoma de Madrid. Participaron tanto profesores de esta Universidad,
como del CSIC y de Universidades belgas y holandesas.
El
enfoque habitual para estudiar la Tregua de los Doce Años entre las
provincias rebeldes holandesas y la Monarquía hispana en 1609, hasta
ahora ha sido la Pax hispanica, como se denomina la serie de
paces que estableció la Monarquía de Felipe III en los distintos
territorios europeos con los que estaba en conflicto. Esta perspectiva
parte de la idea de que la Monarquía hispana, con una política diseñada
por el valido, el duque de Lerma, buscaba la paz como un recurso para
poder recuperarse económicamente, o como una solución para poder
enfrentarse a cada uno de sus enemigos por separado. Este
planteamiento, que en apariencia se caracteriza por una gran
coherencia, muestra, sin embargo, unas contradicciones, sobre las que
se ha reflexionado en el seminario y que han dado lugar a la propuesta
de nuevos enfoques y perspectivas de investigación.

- Inauguración del Seminario
El
primer día estuvo dedicado al ámbito holandés de la Tregua, y a su
contexto historiográfico. El Profesor José Martínez Millán de la
Universidad Autónoma de Madrid, explicaba que lo que ha caracterizado
el enfoque generalizado de los especialistas en la Tregua, es su
planteamiento de larga duración, centrado en la decadencia económica de
la Monarquía hispana, que a su vez se ha contemplado dentro del
contexto de la Crisis del Siglo XVII. Esta perspectiva, sin embargo, no
ha tenido en cuenta la evolución del reinado de Felipe III, cuyos
proyectos políticos partían de una nueva base ideológica comparada con
la del reinado anterior. Así, la Monarquía hispana de Felipe II, en la
que se intentaba promover un catolicismo hispano y que se caracterizaba
por su pugna con el Papado, se convirtió en la Monarquía Católica de
Felipe III, dominada por una élite que actuaba en connivencia con Roma.
Dentro de este contexto la Tregua cobra otro sentido. Resulta ser
impulsado por Roma, que intentaba contener la política imperial y
beligerante de la Monarquía, librada dentro del contexto de la Monarchia Universalis,
en un intento de romper su hegemonía política, y promover una política
independiente, centrada en la lucha contra los otomanos en vez de
contra los rebeldes. Más que una Pax hispanica era una Pax romana.

- Hugo de Schepper (der.) junto a José Martínez Millán
El
Profesor Hugo de Schepper, de la Universidad de Nimega, dedicó su
ponencia a los mediadores de la Tregua, que figuran en el documento que
la formalizaba, fechado el 9 de abril de 1609. Hizo un estudio
detallado de cada uno de ellos, y destacó sus distintos perfiles
ideológicos e intereses políticos, que determinaban sus distintos
posicionamientos, en las complejas negociaciones, en la que
intervinieron no sólo las provincias rebeldes, y la delegación
española, sino que también tuvieron un importante papel negociadores
externos, como Pierre Jeannin, enviado del rey francés Enrique IV.
Aparte de la dificultad de superar posiciones maximalistas, las
conversaciones fueron complicadas puesto que la delegación de las
provincias rebeldes ni siquiera tuvo contacto directo con la delegación
española. De Schepper también dedicó atención a las diferencias entre
los Archiduques y Felipe III, quien recelaba de aquellos e intentaba
controlarles mediante sus enviados. De Schepper no considera la Tregua
una Pax hispanica, puesto que Felipe III nunca abandonó la pretensión de volver a las armas.

- Maurits Ebben (der.) junto a José Martínez Millán
Teniendo
en cuenta el largo y complejo trascurso de las negociaciones, se
plantea la pregunta de cuál ha sido el resultado de la Tregua y cómo
ésta fue vivida por los distintos partidos. El Profesor Maurits Ebben,
de la Universidad de Leiden, hizo un balance económico y político
mediante el que intentaba responder a la pregunta de si las Provincias
Unidas podían sentirse satisfechas con la tregua, algo que
tradicionalmente se viene afirmando en la historiografía holandesa, que
celebra la Tregua como una victoria, de la que los holandeses
obtuvieron más de lo que habían podido esperar. Su conclusión, sin
embargo, es que esta idea merece ser matizada, puesto que las
provincias rebeldes consiguieron un reconocimiento internacional, pero
no la soberanía, supieron ampliar su red comercial europea, pero vieron
el comercio en las Indias occidentales paralizado, aprovecharon de una
paz política y religiosa temporal, pero posteriormente tuvieron que
afrontar una división política y religiosa interna.

- René Vermeir
El
Profesor René Vermeir, de la Universidad de Gante, estudió lo que
considera una coexistencia difícil entre los Países Bajos meridionales
y la República durante los primeros años de la Tregua. Resaltaba que el
primer tratado firmado el 9 de abril de 1609, sólo era provisional, y
que éste luego se intentó concretizar en conferencias posteriores.
Había tres grandes campos de negociación: asuntos territoriales, sobre
territorios que ambos partidos pretendían en base a su interpretación
del poco específico tratado, asuntos económicos, como la apertura o el
cierre del Escalda, y el asunto de los bienes particulares confiscados
de los refugiados que durante la guerra habían abandonado sus
posesiones para buscar refugio en la Republica o las provincias
meridionales. Las conversaciones no fueron un éxito para los
Archiduques, que tuvieron que abandonar sus pretensiones en todos los
terrenos. En este sentido, sostuvo Vermeir, se podría decir que la
República ganó la Tregua. Durante los años de la Tregua, hubo contactos
comerciales, visitas por curiosidad y visitas de turismo religioso de
los habitantes de la Republica a los Países Bajos meridionales, y
viceversa. Sin embargo, no se produjo un acercamiento, sino que más
bien se aceptó la separación entre las dos entidades políticas, cuyas
diferencias se empezaron a considerar insuperables.

- Alicia Esteban Estríngana
Mientras,
a nivel militar, la Tregua significaba una intensificación de la
rivalidad entre los oficiales del mando militar del ejército español,
puesto que la guerra significaba oportunidades de ascenso, y la tregua
las frustraba, explicó la Profesora Alicia Esteban, de la Universidad
de Alcalá. La rivalidad entre los oficiales podía determinar el
resultado de las operaciones de socorro de fuertes, llevadas a cabo por
unidades pequeñas provisionales, bajo el mando de oficiales asignados
para la ocasión. Estos, a veces, en estas operaciones, tenían que
mandar sobre otros oficiales de igual rango. Puesto que el fracaso o
éxito de estas operaciones era la responsabilidad de los oficiales al
mando, la desobediencia de los subordinados era una manera para
eliminar a competidores. Esto condujo a los denominados fracasos
inducidos, que se produjeron sobre todo en las operaciones de socorro
caracterizadas por decisiones ad hoc. Las conductas disfuncionales y,
además de las promociones, las relegaciones, a las que no se suele dar
mucha atención en la historiografía militar tradicional, resultan ser
indispensables para entender la evolución de las acciones bélicas.
Las
ponencias del segundo día se concentraron en el contexto externo de la
Tregua. Así, el Profesor Manuel Rivero, de la Universidad Autónoma de
Madrid, se centró en uno de los mediadores en la Paz de Londres de
1604, el condestable de Castilla Juan de Velasco. La paz de Londres
muchas veces es relacionada con la Tregua y la paz de Vervins. Sin
embargo, cada una tenía su contexto específico, algo que queda de
manifiesto estudiando a sus protagonistas. Juan de Velasco fue el
principal consejero en el gobierno de Milán entre 1598 y 1609. Estaba
impregnado de una ideología jurisdiccionalista y antirromana.
Promocionaba un círculo de humanistas en Milán que polemizó con el
padre Mariana, quien era partidario de una reorientación de la
Monarquía hispana y proponía una Monarquía Católica. Velasco llegó a
ser excomulgado por el arzobispo de Milán Federico Borromeo. Sin
embargo, no se retractó y protagonizó uno de los momentos más
conflictivos en las relaciones con la Iglesia cuando acusó al arzobispo
de lesa majestad. Como mediador en Londres no le interesó la suerte de
los católicos ingleses y tenía una percepción más política de los que
debería ser la paz; le interesaba la alianza con Inglaterra. Estaba en
contra de la interferencia de temas ajenos a la razón de Estado, es
decir los planteamientos romanos. Velasco y sus clientes perdieron
influencia política a partir de 1608, cuando en la Monarquía hispana se
optó por una política favorable a Roma. La Tregua ya se realizó bajo
unos supuestos ideológicos y políticos distintos.
El
Profesor León Gómez Rivas, de la Universidad Europea, eligió como tema
la Tregua en el marco de las disputas sobre la libertad de los mares.
Se centró en el libro Mare Liberum que Hugo Grocio escribió en
1609, y que era fruto del debate sobre la libertad de la navegación,
que se libró en la negociación de la Tregua. Gómez Rivas destacaba cómo
Grocio esgrimía argumentos de autores escolásticos españoles, como
Francisco de Vitoria y Fernando Vázquez de Menchaca. De esta manera
difundió el pensamiento de estos autores en el mundo protestante. Es a
través de Grocio que incluso llegaron a influir en Adam Smith, sostenía
Gómez Rivas.

- Rafael Valladares (der.) y Manuel Rivero
El
Profesor Rafael Valladares, vinculado al CSIC, revisó la recepción de
la Tregua por los portugueses. La historiografía portuguesa
tradicionalmente ha considerado la Tregua como un ejemplo de que los
Habsburgos no habían sabido defender los intereses de Portugal, en este
caso los del Estado da India. Resaltaba que hoy esta visión
empieza a ser matizada. Así, existía en la sociedad portuguesa un
sector atlantista, que estaba a favor de una reorientación de las
actividades comerciales hacia Brasil y un repliegue en Asia. Por otra
parte, Valladares dedicó su ponencia a exponer el impacto que causó la
expulsión de los moriscos en 1609 entre los portugueses. Éstos
relacionaban a los moriscos con los cristianos nuevos en Portugal,
entre los que había una mayoría judaizante. Muchos portugueses
consideraban que la expulsión de los moriscos tenía que tener su
continuación en la expulsión de los cristianos nuevos de Portugal. Algo
que no sucedió y por lo que Felipe III llegó a ser acusado como rey de los judíos.
El tema suscitó una intensa polémica que seguiría hasta 1640. En los
años treinta, la continua acusación a los Austrias como prosemitas
alimentaba la propaganda restauracionista en Portugal.

- De izq. a der. R. Valladares, P. Sanz, M. Rivero, R. González y C.J. de Carlos Morales
Las
relaciones hispano-inglesas fueron el tema de la ponencia del Profesor
Porfirio Sanz, de la Universidad de Castilla la Mancha, que puso el
énfasis en el intento de la Monarquía española a principios del siglo
XVII por llegar al entendimiento y la paz, después de haber atravesado
momentos difíciles durante el período isabelino. Sin embargo,
conflictos comerciales, diferencias religiosas y cuestiones
identitarias siempre podían reavivar el conflicto.
Rubén
González, de la Universidad Autónoma de Madrid, destacó las actividades
diplomáticos de Baltasar de Zúñiga, una eminencia gris que estuvo
presente en las negociaciones previas a la Paz de Londres y también en
las de la Tregua. El embajador estaba cercano a posiciones
castellanistas, de razón de estado, y lejos de posturas prorromanas. Su
intervención en las negociaciones con Inglaterra fue caracterizada por
conflictos de precedencia que muestran que las posiciones aún estaban
muy alejadas y que ninguno era capaz de imponerse. En Bruselas su tarea
fue vigilar de cerca a los archiduques, para evitar que éstos actuaran
en contra de los intereses españoles. Zúñiga ayudó a evitar una deriva
flamenquista de las negociaciones por una parte, y por otra matizó las
órdenes autoritarias y desconfiadas que venían de Madrid con el
objetivo de evitar una ruptura los Archiduques y Felipe III. La
actuación de Zúñiga es otro ejemplo de la complejidad de la situación
política, caracterizada por distintos posicionamientos ideológicos y
contactos multilaterales, como muestra su correspondencia con el Duque
de Sessa en la que se ve el triángulo de las influencias entre Madrid,
Londres y Roma.
Los aspectos
financieros de la Tregua fueron desarrollados por el Profesor Carlos de
Carlos de la Universidad Autónoma de Madrid, quien cuestionó la tesis
de que la Tregua fuera concluida por las dificultades financieras de la
Monarquía hispana, especialmente después de la bancarrota de 1607.
Carlos de Carlos mostraba a través de un análisis de la política
financiera, que en realidad la Monarquía había conseguido un
saneamiento financiero en 1609, y que incluso contaba con recursos para
emplear nuevamente en la guerra. A partir de este año, los fondos que
antes se gastaban en Flandes, fueron dirigidos a otros destinos como
Larache, Milán, o Mamora.
El
seminario resultó ser muy estimulante y generó los dos días una animada
discusión en la que participaron tanto profesores como estudiantes.
Finalmente fue concluido con la presentación de un adelanto de
Nobleza hispana, Nobleza cristiana. La orden de San Juan,
dos nuevos volúmenes de la
Colección Temas IULCE UAM, publicados con el
apoyo del ministerio de Ciencia e Innovación, la Red “Sólo Madrid es
Corte”, (CAM-HUM/2007-0425) de la Comunidad de Madrid y el Patronato
Municipal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Alcazar de San Juan.

- Nobleza hispana, Nobleza cristiana (portada)
TRIPTICO Y MATERIAL DEL SEMINARIO
Gijs Versteegen
IULCE-UAM