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¿Se puede amar a la música?

Enviado el sábado, 15 de marzo de 2008 6:42

Si hace unos años una campaña de publicidad se empeñaba en enseñarnos a amar la tónica, ahora nos hemos encontrado con que hay quienes están agradecidos a otra persona por haberles enseñado a "amar a la música". ¿O esperaríamos que le estuvieran agradecidos por haberles enseñado a "amar la música"? ¿Qué habríamos dicho cada uno de nosotros en este caso?


Pegatina en un baño del edificio B de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense
El uso de la preposición a con los complementos directos en español no es fácil de precisar. Más abajo ofrecemos algunas referencias e hipervínculos para aquéllos que estén más interesados por cuestiones normativas, pero ahora intentaremos fijar nuestra atención en el fenómeno lingüístico que revela el uso que hace de ella el autor de esta pegatina. ¿Habría utilizado también la preposición a si la persona cuyo nombre hemos borrado le hubiera despertado el gusto por el café? ¿Habría puesto "gracias a … por enseñarnos a amar al café"? Creo que cualquier hablante nativo de español pensará que no, que con el "café" habría sido imposible. En cambio con la "música" suena raro, pero no tanto.

Comencemos con un paseo comparativo por las lenguas más directamente emparentadas con el español. ¿Qué sucede en ellas? ¿Se usa la preposición a en estos casos? Lo cierto es que no; en la mayor parte de las lenguas de esta familia (las lenguas románicas, procedentes del latín) nunca se usa preposición con los complementos directos. Por ejemplo, en francés no es en absoluto esperable una oración como "J'aime à la musique" ("Amo a la música") porque tampoco es posible "J'aime à Marie" ("Amo a María"). Tampoco  había diferencia en la  lengua de la que todas ellas proceden, el latín, en la que se utilizaba el caso acusativo para marcar el complemento directo.

El uso de la preposición a en español parece bastante claro en oraciones como las siguientes:

            Te vi a ti solo.
            Vio a mi padre por la calle.

            En cambio, las dudas empiezan en oraciones como éstas:

            Acabo de ver a tu perro en el parque.
            Vimos los perros de los vecinos cerca de la fuente.

            Mientras que tampoco tendríamos dudas en casos como los siguientes:

            ¿Ves el azucarero en la encimera?
            Ya he ido a ver la última película de Ang Lee.

Es posible que a algunos lectores de este blog ya les vaya sonando la idea. Parece que se trata de una manifestación más en la gramática de una lengua concreta, en este caso el español, de un principio general que conocemos como la JERARQUÍA DE ANIMACIÓN, que ya enunciamos en un mensaje anterior. De hecho, parece que, históricamente, el uso en español antiguo comenzó en los niveles más altos de la jerarquía.

En nuestro ejemplo concreto hay que contar, además, con que el verbo amar, por su propio significado, suele aparece con un complemento directo referido a una persona o a un ser animado, de modo que en la mayor parte de los casos lleva un complemento directo con preposición a, por lo que es más fácil que se extienda esta construcción a SUSTANTIVOS ABSTRACTOS como "música", pero tal extensión es más difícil con SUSTANTIVOS CONCRETOS como "café".

Para saber más:

Real Academia Española, Diccionario panhispánico de dudas, versión web. Hay que introducir como término de búsqueda "a".

Real Academia Española, Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1986, pp. 372-375.

Emilio Alarcos Llorach, Gramática de la lengua española, Madrid, Espasa, 1999, pp. 346-348.

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