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martes, 28 de abril de 2009

El cine como cualquier otro medio de comunicación audiovisual no se ha encontrado, desde sus inicios, ajeno a los valores científicos que podría llegar a transmitir. No podríamos dejar por tanto, en este blog, de hacer una breve aproximación a la buena idea inicial de poner el cine a disposición de los intereses pedagógicos y científicos.

 


Tres años después de su nacimiento, en 1898, ya se utilizaba el cine en Francia como auxiliar didáctico de la medicina y eran filmadas las primeras intervenciones quirúrgicas.

Años después, en 1905, aparecían las primeras películas científicas sobre antropología social en Alemania.

De esta manera era ya posible reproducir, en el corazón de Europa, el folklore, las constumbres y los hábitos de vida de los pueblos primitivos que habían sido recientemente descubiertos, por el impulso  competitivamente colonizador del continente, en las primeras pantallas educativas de los centros de enseñanza germánicos.

Podéis ver muestras de esas primeras películas etnográficas en el Museo del Cine de Berlín, una de las capitales más interesantes de la cultura y de la tolerancia europeas. Ciudad  en la que, tras tantas experiencias históricas de sufrimiento, se respira - podéis creerme - una misteriosa atmósfera da paz y de bienestar.            

El interés despertado por las nuevas posibilidades divulgativas de la imagen científica trasciende internacionalmente y ya, en 1928, al amparo de la Sociedad de Naciones, se crea el “Instituto Internacional de Cinematografía Educativa” que tendría su sede oficial en Roma. Una de sus iniciativas fue la publicación de la primera “Revista internazionale del Cinema Educatore”.

            En España aparece una Real Orden del 26 de Dicimenbre de 1911, recomendando la celebración de sesiones cinematográficas “selectas” para los escolares y bachilleres.

            Estas sesiones – se dice en la Real Orden – deberán ser dirigidas por maestros o profesores, y su programa prdeterminado por éstos…e irán acompañadas de las correspondientes explicaciones para que el auditorio alcance su mayor provecho posible”.

            Esta recomendación, que proviene de los orígenes, no sólo es válida  en la época actual sino que se trata, más bien, de una verdadera necesidad y exigencia, ya que el documental científico ha de ser incorporado al proceso de enseñanza-aprendizaje de manera adecuada. Ha de localizarse en el lugar que ocupa en el campo estructurado del saber, se han de mostrar sus antecedentes, orígenes, consecuencias y  sus relaciones con otros aspectos marginales de los conocimientos abordados. Se ha de valorar la lógica de su estructura argumental y, además de la idoneidad de sus contenidos en relación con la edad de los espectadores, la calidad de sus recursos comunicativos .   

El documental es una ilustración aclaratoria al servicio de lo explicado y no a la inversa y, por ello, ha de ocupar su lugar más pertinente en la programación de las diferentes temáticas académicas.

            Pero volvamos a nuestra breve e inicial historia. Cuando transcurre el año 1912, se constituye una comisión ministerial para estudiar la viabilidad de la implantación del cinematógrafo en las Escuelas Nacionales. Y en un informe técnico sobre “el material escolar” presentado por el Museo Pedagógico Nacional para el Ministerio de Instrucción Pública se dice lo siguiente:

            “…Resta, por último, lo más importante, tal vez, del material de enseñanza: el aparato de proyección. En este punto no debe hacerse reserva alguna. No hay otro material más importante para la educación que la misma realidad o su imagen. Y el aparato de proyección es el medio que hoy día pone a nuestro alcance más fácilmente las imágenes de las cosas.”

            Las llamadas “nuevas tecnologías de la comunicación y de la información”, cuando comenzaban a perseguir “las imágenes de las cosas”, ocuparon así su lugar preciso en la historia de la educación.

            Como era de suponer,  y dadas las inevitables limitacione técnicas y económicas, los resultados de tan bien intencionado intento no fueron espectaculares pero la confirmación del cine científico como decisivo instrumento pedagógico había alcanzado ya, en la España que nacía al siglo XX, su pleno reconocimiento.  De hecho, al cabo de algunos años, en 1930, se crea el Instituto Internacional de Cinematografía Educativa en el que se propone un Comité Español de Cinema Educativo.

            Todos esos primeros pasos no dieron lugar a ningún tipo de experiencia concreta hasta que, ya en la Segunda República, la Institución Libre de Enseñanza impulsara su ambicioso Patronato de Misiones Pedagógicas en mayo de 1931. Bajo el amparo de estas instituciones los componentes de dicho patronato utilizaron sistemáticamente el cine documental y científico para llevar el conocimiento a las zonas rurales del País. El responsable de cinematografía educativa de las Misiones fue Guillermo Zúñiga.

            La película original rodada por estos misioneros de la cultura y de la ciencia “Estampas de Misiones” se custodia en la Filmoteca de València.

En ella se recogen escenas de la aventura de esos jóvenes  pioneros entusiastas que no escatimaban esfuerzos para acercarse a los lugares más recónditos de un país con multitud de nucleos populares aislados y cuyas vías  de comunicación, asentadas en pésimas y polvorientas carreteras - que transcurrían por desfiladeros, precipicios, páramos desoladores, zonas embarradas o heladas y arroyos impetuosos sin construcciones adecuadas para sobrepasarlos -, exigían de una auténtica epopeya (tipo John Ford)  para el tránsito de las camionetas cargadas con los equipos y para los primeros coches de la marca Hispano-Suiza en el que viajaban los aventureros. A veces sólo los burros, con los aparatos de proyección y los misioneros a cuestas, lograban superar los obstáculos del camino. Las Misiones Pedagógicas contribuyeron además a crear la primera cinemateca española con criterios científicos y educativos rigurosos.

            La guerra civil y los terribles años de posguerra interrumpieron lo que prometía que iba a ser una gran esperanza para el desarrollo del cine científico y educativo en nuestro país, hasta que ya en 1954 aparece el primer catálogo de “películas cinematográficas” de la llamada Cinemateca Educativa Nacional que dependía de la Comisaría de Extensión Cultural del Ministerio de Educación Nacional.

14:19 | gestionado por Tomás de Andrés. Prof. Titular del Dptº. de Psicol | Enviar comentario (4)