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miércoles, 16 de enero de 2008

Prof. Dr. Tomás de Andrés.

Dptº de Psicología del Desarrollo y de la Educación de la U.C.M.

tomandre@edu.ucm.es

 

 

Los métodos de visualización del cerebro humano  - en vivo - suponen una de los más grandes avances que la neurología actual ha hecho posible A partir del éxito de la tomografía axial computarizada - nacida en los años setenta del siglo XX sobre la base de los “rayos x” - se desarrollaron técnicas más ambiciosas, como la resonancia magnética funcional que consiste en crear imágenes de alta resolución a partir de las ondas que emiten los átomos de hidrógeno al ser activados por ondas de radiofrecuencia en un campo magnético. De esta manera, y con la generación de imágenes 3D, que incluso nos permiten generar una visualización de la actividad de todo el encéfalo, podemos detectar el desarrollo evolutivo y la localización espacial de las diferentes funciones cerebrales. Esta técnica se utiliza en Neurociencia Cognitiva para detectar la actividad cerebral, haciendo posible su estudio funcional, tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo.

 

 

 


La naturaleza de la investigación con neuroimágenes.

 

Varias investigaciones norteamericanas, desarrolladas en los primeros años de nuestro siglo, con la colaboración de diferentes “Institutos Nacionales de Salud”,  tienen por objeto captar en imágenes el desarrollo cerebral, mediante técnicas de resonancia magnética funcional,  desde la infancia temprana hasta los inicios de la adolescencia. En este momento podemos disponer de un importante archivo evolutivo de imágenes cerebrales, aunque éste no sea fácilmente accesible. No obstante muchos investigadores envían sus fotografías para que puedan ser estudiadas por otros especialistas. (Roland y otros., 2001, o Van Horn&Gazzaniga, 2002)

 

Lo que realmente nos muestra la técnica de resonancia magnética funcional es la aportación de oxígeno a la sangre cuando se activan significativamente regiones del encéfalo estimuladas por una determinada actividad cognitiva, perceptiva o emocional. Este importante desarrollo actual en la investigación con neuroimágenes  nos va a permitir disponer de un amplio e ilustrador archivo de fotografías sobre el desarrollo cerebral desde la infancia a la pubertad  y poder saber algo más acerca de su crecimiento y de su organización sistémica y neuronal, tanto desde el punto de vista normal como patológico.

 

En algunos casos, y desde 1999, se han tomado imágenes cerebrales de niños, durante meses o incluso años en una frecuencia aproximada de unas  tres veces cada cuatro años para los mayores de 6 y  durante toda la edad escolar.

 

Mientras que los menores de esta edad de 6 años están siendo objeto de muchas más pruebas, ya que como suponen los diferentes investigadores - con cierta obviedad - el cerebro de los niños más pequeños experimenta, durante su proceso de desarrollo infantil, una más rápida transformación.

 

Los niños, objeto de estas investigaciones, son sometidos a diferentes pruebas de evaluación de su desarrollo perceptivo psicomotor, de asociación verbal, clasificación simbólica o capacidad numérica, con el objetivo manifiesto de descubrir qué regiones encefálicas intervienen en los diferentes procesos cognitivos. Por ejemplo hay áreas de la corteza cerebral que se activan cuando éstas intervienen específicamente en el proceso de formar asociaciones de palabras.

 

No cabe duda de que los estudios comparativos, entre desarrollos patológicos y normales, podrían facilitar informaciones interesantes desde el punto de vista de su aprovechamiento terapéutico o simplemente para conocer mejor los orígenes de trastornos preocupantes como el síndrome atencional hipercinético, deficiencias motoras y perceptivas, epilepsias, autismo, retraso mental, dificultades de aprendizaje,  depresiones o fobias escolares, etc.

 

Reflexión crítica desde la bioética.

 

Generalmente, en este tipo de pruebas, los niños de clases sociales desfavorecidas suelen obtener los peores resultados. En mi opinión esta es la evidencia constatada empíricamente de una evidencia. Y los investigadores vienen a decir al respecto lo que yo he defendido de manera continuada: que la inteligencia, en cuanto manifestación de conductas cognitivas apropiadas para la consecución de objetivos, no se tiene, sino que se aprende; de hecho se aprende a actuar inteligentemente según los diferentes tipos de inteligencia (práctica, numérica, verbal, iconográfica, emocional….etc.) que se precisen;  y se aprende mucho mejor cuanto mejor sean los ambientes de desarrollo, los medios y recursos educativos. Cuanto mejor y más equilibrada sea la alimentación y las condiciones socio afectivas y la estabilidad emocional.

 

En general, y en igualdad de condiciones, no se suelen observar “diferencias por sexos” que pudieran ser significativas, por ejemplo, en fluidez verbal o habilidad numérica. Lo que claramente indica algo que también ha de resultar evidente: que no hay constatación empírica de contrastes funcionales en los cerebros de uno u otro sexo.

 

En general los investigadores concluyen que los niños y niñas mejoran sus habilidades cognitivas entre los 6 y los 10 años, esto es durante un momento clave del desarrollo escolar.

 

Tratándose de estudios de orientación claramente neurológica sorprende que no se parta de la evidencia de que, efectivamente, la aparición del ritmo cerebral alfa, en torno a los 7-8 años, es el indicativo del inicio de una sorprendente madurez cerebral y capacidad intelectual. Como hiciera notar S. Freud, la Edad Escolar vive además un período de latencia de los impulsos sexuales que facilitan otras perspectivas adaptativas, las cognitivas entre ellas.

 

Las fotografías cerebrales, no obstante, consiguen mostrar los cambios patológicos que pueden producirse en un determinado momento, o ayudarnos a comprender las diferencias entre una estructura cerebral sana y otra dañada.

 

Pueden auxiliarnos para saber más sobre salud cerebral infantil o sobre el desarrollo motor o perceptivo. Sobre las bases neurológicas de la inteligencia.  También sobre el deterioro cerebral ocasionado por sustancias tóxicas. O sobre la extraordinaria plasticidad de un cerebro que es capaz de reestructurar o recomponer funciones en una zona cuando otra ha sido dañada.

 

Estos proyectos, en sí, resultan apasionantes, aunque quizá alguna cuestiones relativas a la ética de la investigación puedan resultar controvertidas: ¿Son realmente voluntarios todos los sujetos? Sujetos en proceso de desarrollo no lo olvidemos. ¿Se puede garantizar la inexistencia de efectos secundarios?, ¿Estarán bien informados los padres de lo que significa someter a sus hijos a este tipo de seguimientos para tomar imágenes, de manera más o menos continuada? 

 

 

 

 

 

 

 

18:16 | gestionado por Tomás de Andrés. Prof. Titular del Dptº. de Psicol | Enviar comentario (10)