Por
Carlos Alberto Villegas Uribe*
Por
invitación del autor de este blog, Juan García Cerrada, Director del
Departamento de Humor Gráfico de la Fundación General Universidad Alcalá de
Henares, realizamos la cuarta entrega sobre la exposición Rastreando Rostros
que será acogida en 2010 en las instalaciones de La Fabrica del Humor. En esta
oportunidad abordaremos el trabajo de Elena Ospina como fisonomista
caricatográfica.
Diseñadora
gráfica, caricatógrafa y pintora, definen las potencialidades de Elena María
Ospina Mejía. Y en cada uno de esos escenarios, tantos filones como su capacidad
creadora tocan. Por la cual no es de extrañar que la revista de Arte de Perú, Artefacto,
la designara como la artista más versátil de Latinoamérica. Pero además habría
que agregar otra cualidad: Mujer. En un espacio como la caricatografía, donde
todavía es magra la participación femenina, Elena ha demostrado que se puede
ser tan buena y tener una figuración internacional tan sólida como la de
cualquier colega varón. De hecho, le molesta que en las entrevistas este tópico
sea reiterativo, pero comprende también que la pregunta avizora otra
sensibilidad social. Un despertar que no condena a la mujer al silencio de los
gineceos. Y lo celebra gustosa. Los tiempos están cambiando para las mujeres.
Por la
preeminencia masculina en el arte de la caricatura, no es de extrañar que Elena
fuera también la única caricatógrafa que integrara El cartel del humor,
el grupo de más de veinte creadores, gestores culturales y estudiosos de la
caricatura, que se asociaron en Bogotá a finales de la década de los ochenta y
principios de los años noventa. Esa misma condición pionera la llevó a
participar, en compañía de Consuelo Lago, Adriana Mosquera –Nani–, Martha Elena Hoyos y Marta Montoya en la
exposición mundial “Las Mujeres Creadoras y el
Arte de la Caricatura”. Una muestra que incluye a 43 mujeres de 22 países, la
cual itinera aún por museos y salas especializadas del planeta, gracias a la
gestión cultural de la poeta Giomar Cuesta.
Y si bien el
interés por el arte lo cultiva Elena desde muy temprana edad, su vinculación al
diario El Espectador profesionaliza sus estudios de Diseño Gráfico. El
proyecto innovador de la revista Los Monos, donde aportó ––además de sus
dibujos humorísticos cargados de ternura– una línea pedagógica, lúdica y
ecológica que hoy le reconocen sus lectores, constituyó el punto de partida para crear su propia
agencia de diseño gráfico. La presencia creativa en el ámbito nacional e
internacional se evidencia en las múltiples campañas para organizaciones mundiales
(Naciones Unidas, Unicef, OEI). Desde esa agencia, compartida con el
caricaturista Luis Eduardo León, incursiona en la ilustración de textos
escolares para diversas editoriales y países de América (Colombia, Ecuador,
Panamá, Costa Rica, Puerto Rico, Argentina). Uno de sus mayores éxitos en este
campo es la creación de los personajes Los Mapos que definieron,
reorientaron y posicionaron un exitoso proyecto pedagógico de Editorial
Kapelusz en tierra de gauchos (2006).
Su viaje a
Europa le aportó nuevas miradas y mayores horizontes. Se vinculó a la Asociación
Profesional de Ilustradores de Madrd –APIM–; enriqueció su portafolio de
clientes con el nombre de nuevas editoriales inglesas y españolas, incrementó
el cultivo de la fisonomía caricatográfica, y dedicó tiempo a conquistar
nuevos galardones en los concursos internacionales del popularmente denominado Humor
Gráfico. Ya en Colombia había recibido el Primer puesto del
Premio Ricardo Rendón, en el marco del Festival Latinoamericano de Humor
Gráfico (Bogotá, 1988) y varias selecciones y premios en Brasil, Turkia,
Italia, Rumania, Estados Unidos. En reiteradas oportunidades ha sido invitada a
las exposiciones que organiza la Federación Mundial de Caricaturistas
FECO-España y es una participante recurrente en el Festival
Internacional de Humor Gráfico que organiza la Fundación General de la Universidad de Alcalá de Henares.
Fue nombrada Embajadora Honoraria
de la ciudad de Granada, en el marco del Segundo Encuentro
Internacional de Humor Gráfico y reafirmó su calidad de campeona de largo
aliento en los concursos de Paraguacú (Brasil); Azerbaijan (Rusia), Santomera,
(España); Gallarete (Italia); Bogotá, Medellín y Cali (Colombia); en los que
obtuvo premios y menciones.
Elena no ha
llegado a Rastreando Rostros con la condición femenina que la mirada
machista pretende encontrar; su trabajo se para de igual a igual y sin
complejos sensibleros en este escenario. A diferencia de los abordajes de sus
colegas, las fisonomías de la antioqueña tienen una unidad temática: los
artistas de su predilección. La nota característica que predomina en el
conjunto de la obra es el diseño. Una forma singular que podría
señalarse como diseño simbólico o altamente conceptual. Y en ese
tipo de abordajes se acerca bastante a la obra de Calarcá, aunque en éste
predomine la síntesis. Las fisonomías de Elena parten formalmente de los
elementos que distinguen las obras
pictóricas o escultóricas de artistas plásticos seleccionados. Mientras otros
fisonomistas caricatográficos enfatizan en la caracterización psicológica, Elena
las propone, además, desde una caracterización estética, en un proceso de
diseño que compone y recompone los elementos plásticos característicos de los
personajes caricaturizados.
Así, desde
una composición cubista, encontramos un Obregón realizado con fragmentos que reinterpretan sus
enérgicos trazos pictóricos y recuerdan intensamente a sus amados cóndores de
los andes. O nos dejamos sorprender por el
perfil zigzagueante de un Omar Rayo geométrico en el que
dialogan, en contrastes acentuados, los rojos, negros y blancos en los que
pervive el aporte de culturas ancestrales. Un Andy Wharhol pop y
sicodélico, acentuado por los colores característicos de las planchas de
serigrafía, en el cual extrema síntesis y miradas valorativas.
En una
profusión de colores que la retratan tanto a ella como a su México profundo,
Elena nos brinda la fisonomía de Frida Kahlo. En esta obra la composición,
también sintética del rostro y las cejas, deja rodar una lágrima que aviva el
dolor de una existencia vital, tumultuosa, dolorida.
Y para
superar el análisis pormenorizado de este trabajo que propicia la deliciosa
sonrisa del asombro, rematamos con su Salvador Dalí, sin duda la joya de
la corona. Una caracterización conceptual que se regodea en sus relojes blandos
y en sus cielos catalanes. En esta fisonomía, la síntesis y el diseño simbólico
compiten con idéntica fuerza por constituirse en la nota característica predominante, para
dejarnos en la retina una sensación onírica y surrealista que la propia Gala
refrendaría.
Con su
participación en esta exposición, Elena Ospina reconfirma la maestría y
versatilidad que ya le han reconocido internacionalmente.
* Escritor,
artista, gestor cultural, en la actualidad realiza la tesis doctoral
Psicogénesis de la Risa, en la Facultad de Comunicación de la Universidad
Complutense de Madrid.