Todos
los que nos dedicamos a la historia de las relaciones internacionales hemos
sentido más de una vez admiración y sana envidia hacia lo que la profesión llama
simplemente la serie FRUS, o más correctamente, Foreign Relations of the United
States, la más antigua colección de documentos diplomáticos del mundo, con sus más
de 400 volúmenes publicados desde 1861 por la Secretaría de Estado de los
Estados Unidos de América. Marc J. Susser, el historiador oficial del
Departamento de Estado, explicó en un seminario celebrado la pasada semana en
la UCM las claves de la publicación de esta colección y las funciones
desarrolladas por la Oficina del Historiador que él dirige.

El
hombre de la foto, el historiador y diplomático Marc J. Susser, parece satisfecho.
Estoy seguro de que todos los participantes en el seminario que albergó el
Departamento de Historia de América I de la UCM hace una semana compartiríamos,
de estar en su lugar, esa satisfacción que le atribuyo. Susser está desde 2001
al frente de la Oficina del Historiador del Departamento de Estado, lo que
equivale, según sus propias palabras, a coordinar al mayor grupo de
historiadores (más de 40) especializados en la política exterior de EE.UU.
concentrados en una única institución. Es más, el equipo que dirige tiene
garantizado por ley el acceso a los archivos de las agencias y organismos del
gobierno que hacen la política exterior de la mayor potencia mundial.
Como nos
explicó el Sr. Susser (en muy buen castellano, por cierto), la Oficina del
Historiador tiene dos cometidos fundamentales. En primer lugar, la publicación
de la serie Foreign Relations of the United States. En segundo lugar, la
realización de estudios sobre la diplomacia y la política exterior de Estados
Unidos a petición del Secretario de Estado y otros miembros de la
Administración. Adicionalmente, la Oficina organiza congresos, presta
asistencia a los investigadores, colabora con las universidades en la
elaboración de materiales didácticos, promueve la desclasificación de
documentos y colabora con otros departamentos en la identificación y
conservación de sus fondos documentales.
Como es
sabido, la colección FRUS publica documentos de diferentes agencias y
organismos con capacidad de decisión en la política exterior de Estados Unidos,
como el Departamento de Estado, la Casa Blanca, la CIA o el Departamento de
Defensa, entre otros. La documentación debe tener al menos 30 años de
antigüedad para ser publicable, un plazo similar al que han establecido otros
países para el acceso de los investigadores, y de cualquier ciudadano, a su
documentación oficial.

Los responsables
de la colección FRUS tienen, por ley federal de 1991, el mandato de no ocultar
ningún documento significativo para reconstruir los procesos de toma de
decisión de la política exterior de Estados Unidos, ni de ocultar los errores
que haya cometido esa política exterior. De hecho, por ley todos los
departamentos del Estado tienen obligación de poner sus documentos a
disposición de la Oficina del Historiador –no así de autorizar automáticamente
su publicación-. Por supuesto, aunque la labor de la Oficina y la serie FRUS se
orientan idealmente por los principios de democracia, apertura y transparencia,
existe una tensión latente entre el derecho del pueblo a la información y la
confidencialidad de la acción del gobierno. Los conflictos que surgen al
respecto se solventan por un proceso de desclasificación de la información
reservada estipulado por una ley especial.
Lógicamente,
el resultado que se publica, la selección de documentos que componen cada
volumen de la serie, es el resultado de un proceso de constantes negociaciones
y de un consenso entre las agencias del gobierno, con la CIA haciendo el papel
de malo, en el sentido de que es la agencia que mayores resistencias opone al
acceso y difusión de sus documentos. En los casos en que no se permite la
publicación de ciertos datos o pasajes de un documento (como nombres propios,
lugares, o ciertos contenidos), esta omisión se especifica para que el lector
sepa que hay una laguna en la información. No siempre se acierta, pero incluso
entonces se puede rectificar: en 1983, por ejemplo, el volumen de la serie
dedicado a las Repúblicas Americanas durante 1952-1954 ocultaba información
esencial para documentar las acciones encubiertas de la CIA en Guatemala a
comienzos de los años cincuenta. Diversas publicaciones académicas y periódicos
criticaron fuertemente esta manipulación, lo que llevó a la aprobación de una
nueva legislación que pretende reforzar las garantías de transparencia en la
publicación de los FRUS, y a la edición de un nuevo volumen sobre Guatemala
1952-1954 con nuevas y más detalladas evidencias documentales sobre las
operaciones de la CIA.

En este
sentido, no podemos olvidar que los FRUS constituyen los elementos de una
historia oficial, o más exactamente, una serie oficial de documentos editados
por el gobierno. Cualquier investigador es consciente de ello y podrá optar, en
función de sus intereses y posibilidades, por atenerse a los documentos ahí
publicados o por utilizarlos como punto de partida para una investigación más
profunda en los archivos (en realidad, cualquier investigador que pueda
permitirse el viaje a Washington D.C.). Pero al menos cuenta con un punto de
partida que le facilita enormemente la labor. La serie supone además un
material de primera categoría para su utilización en la enseñanza de la historia
de la política exterior del país y de las relaciones internacionales, a nivel
universitario o en educación secundaria. Y confirma la convicción cívica de que
la documentación pública es patrimonio de los ciudadanos, de que el acceso a la
misma (garantizados otros principios como la privacidad y la seguridad del
Estado) es un derecho irrenunciable en una democracia, y de que los ciudadanos
tienen derecho a conocer el porqué y el cómo de las decisiones de su gobierno
en política exterior… aunque sea con tres décadas de retraso.
Todo
esto contrasta enormemente con la situación en España, donde no existe una
tradición de publicación de documentos diplomáticos, como sí tienen por
ejemplo, aparte de Estados Unidos, países como Francia, Alemania, el Reino
Unido, Italia, Suiza, Israel, Australia o Japón, entre otros. De ello
hablaremos en otro post.
Hay que felicitar
a la Sección cultural y educativa de la Embajada de EE.UU. en España por haber
posibilitado este seminario con el Sr. Susser, y también al Grupo de
investigación UCM en Historia y Cultura de los Estados Unidos de América que dirige
la profesora Sylvia L. Hilton y que acogió el encuentro (aquí encontraréis la
página web del grupo).

De izqda. a dcha.: Antonia Sagredo, Marc J. Susser, Sylvia L. Hilton, Mª Luz Arroyo