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Mercado, mercado, mercado

Enviado el miércoles, 01 de octubre de 2008 8:44

Lo he aprendido ya muy mayor, pero es una de las lecciones más importantes de mi vida.

Cuando estudiaba en la universidad solo tenía una palabra en mi mente: vocación, vocación, vocación. Mientras hacía el doctorado la palabra era investigar, investigar, investigar. Y cuando con mi flamante currículum me lancé a buscar trabajo la palabra que empezó a formarse en mi mente fue mercado, mercado, mercado.

Solo relacionándome con el mercado comprendí que el 90% de lo que había estudiado no tenía más valor en el mundo real que un tenue barniz de "cultura". Pero es que además solo relacionándome con el mercado comprendí, como hoy me ha confirmado este brillante artículo, que la economía española premia el cutrerío y la especulación, mientras que castiga el esfuerzo y la productividad.

En nuestra educación deberían incluirse clases sobre "el mercado". Imagínense la cara del profesor explicando a futuros historiadores o a otros investigadores como iba a ser su futuro profesional: ausencia de puestos de trabajo de calidad tanto en la administración pública como en las empresas, contratos precarios o inexistentes, funciones inferiores a la preparación, sueldos inferiores 1000 euros, proyectos erráticos y mal financiados, pleitesía ante las autoridades del sistema, sistemas de promoción endogámicos y basados en el trato de favor. Y todo esto porque el mercado español solo explota el ladrillo y los productos de consumo, las empresas son o pymes cortitas o grandes bancos, telecos y utilities, y las universidades están, literalmente, fuera del mercado.

¿Qué creen que harían tras esa clase los futuros historiadores, los futuros químicos, los futuros investigadores? Pues harán antes de los 30 lo mismo que hemos hecho muchos después de esa edad: abandonarlo todo y cambiar a una profesión "de mercado". Al menos tendrán carrera profesional, contrato estable, y sueldo decente. Que le den a la investigación, a la innovación, a la productividad. Está bien sacrificarte por tu profesión, pero llega un punto en que estás harto de que te tomen el pelo.

El día que los historiadores hablemos del mercado será el día en que nuestra profesión deje de ser un fracaso.

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Comentarios

# re: Mercado, mercado, mercado

02/10/2008 19:22 por Fernando Hidalgo Lerdo de Tejada
Hola Miguel Ángel,

Leo con asiduidad tus posts. Comparto muchas de las cuestiones que planteas y me haces reflexionar sobre otras. Y con la lectura de este post, el de tu conferencia en el Ministerio en el blog del google humano, el de las carteras de contenidos y el de los clústers de humanidades... sigo dándole vueltas a la cabeza a algunos aspectos...

Por un lado, a los que afectan a los profesionales de las humanidades; por otro, los que están relacionados con las empresas del sector cultural. Vuelves a dar en el clavo con la principal carencia de los “potenciales” profesionales de las humanidades: pensamos en cualquier cosa menos en el mercado y nuestras posibilidades reales de desarrollo (no hablemos ya de “triunfo”) profesional. ¿Qué hay de malo en querer vivir de las humanidades? Parece que nos acomplejamos. No nos valoramos y, en consecuencia, tampoco se valora nuestro trabajo (y lo que es peor, no se paga). Nos malvendemos (si es que en algún momento nos estamos vendiendo...). La “mentalidad demasiado funcionarial” se instala en todos los niveles. El abismo entre mundo académico y mercado laboral, investigación y divulgación, es bestial. En la facultad (la mía, Historia), en la Universidad (la mía, Sevilla), sólo se mira al pasado, no se habla de futuro, de empresas, de mercado, de profesionales... y no hay más oferta en cursos de extensión universitaria o libre configuración que la de Archivística y Biblioteconomía (ahora que ya hay licenciaturas específicas de estas disciplinas y se convocan oposiciones con temarios que benefician a los segundos más que a los primeros). La universidad, en el campo de las humanidades, está a años luz del mercado laboral. Y así pasamos cuatro o cinco años, como mínimo, para ver cómo los compañeros de facultad se tiran de cabeza a unas oposiciones, de secundaria en el mejor de los casos, y no ven ni van más allá.

Me parecieron muy interesantes tus reflexiones sobre la posible creación de un clúster de empresas "culturales", pero albergo ciertas dudas. Sólo pienso en voz alta.

¿De qué tipo de empresas estaríamos hablando? ¿metemos en el saco a empresas de arqueología, archivística, biblioteconomía, documentación, museología, estudios geográficos o de antropología, empresas de gestión cultural, de dinamización cultural e interpretación del patrimonio, de producción audiovisual, empresas de traducción, de arte, tasaciones, etc...? Estoy pensando en aquellas empresas que han sido creadas por licenciados en humanidades y ciencias sociales (historia, geografía, arqueología, historia del arte, filologías...), por lo general microempresas, o grandes empresas en sus respectivos campos que dan empleo a estos mismos licenciados en determinados departamentos de estas empresas... Volvemos al principio, el licenciado en letras, salvo excepciones, no lidera estas grandes empresas; ocupa puestos técnicos o mandos intermedios, si es que las cosas le van mejor que bien. Todos sabemos que el trabajo y el mérito personal no son siempre suficientes para alcanzar algunos puestos.

La colaboración-interacción entre las distintas empresas (pymes) en proyectos conjuntos podría ser muy conveniente en muchos casos: geógrafos y arqueólogos, arqueólogos e interpretación del patrimonio, interpretación-gestión y museos, museos y traductores, centros culturales con un museo y una biblioteca, etc... pero... en el campo de los museos, el que conozco, y en el que existen importantes empresas ¿sería posible? Citabas en tu post a La Fábrica y E-Cultura (también en el anterior) pero te dejas algunas, y de las que están a la cabeza, como General de Producciones y Diseño, en Sevilla. GPD ha ejecutado o está ejecutando museos nacionales, ha participado en varias expos, ganado premios internacionales, etc... pero... ¿cómo podría articularse una posible colaboración entre ésta y otras grandes empresas del sector? Lo veo muy dificil cuando te juegas millones de euros en un concurso con otras dos empresas. Conozco otras empresas del sector en Sevilla, alguna del nivel de GPD, como Ingeniaqed. Otras, en crecimiento, como E-Cultura, que también ha abierto oficina en Sevilla; alguna ya desaparecida, como Galimatías... Y no sólo tengo amigos que montan su propia empresa de museografía en Sevilla sino de gestión de cultural, arqueología, geografía, proyectos editoriales...

¿Podrían colaborar estas empresas entre sí? Por supuesto, pero cada una tiene puestas sus miras en su propio crecimiento y consolidación al abrigo de distintas administraciones públicas, otro de los grandes vicios del sector: la dependencia económica del sector, principalmente, de las adjudicaciones de las administraciones públicas. También se encuentran serias limitaciones dentro de estas instituciones: los políticos al frente, los puestos de libre designación con gente que ni está formada ni está a la altura, esa mentalidad de la que hablas, la falta de medios en muchos casos (es flagrante la trastienda de algunos museos llamados nacionales). En fin, el problema de “lo público”. Y como poderoso caballero es don Dinero...

Si sumas todo esto, pasa lo que pasa, como lo del Guadalquivir a los pies de la Catedral de Mallorca. A un grupo de amigos instalados en el poder desde hace 30 años (los cumplirán en 2012), les da por decir que el Guadalquivir es netamente andaluz y lo cuelan en un nuevo Estatuto de Autonomía, a pesar de no haber ejecutado completamente el antiguo... Dicho y hecho. Comienzan a pensar en actos, llamémoslos culturales, para celebrar el traspaso de competencias. Uno piensa en una exposición y en un folleto. Se dota con una generosa partida presupuestaria. Se convoca un concurso (abierto o restringido, a estas alturas, ya me da igual). Gana una empresa de publicidad o diseño gráfico. Con o sin documentalista, se prepara un folleto. Se redactan textos, se compran fotos, se retocan, se maqueta, se revisa, el cliente lo aprueba, se pasa a producción, se imprime y se reparte... Y nadie se ha dado cuenta de que la foto es Mallorca y no Sevilla... El currante cobra, la empresa cobra, el político se hace la foto, sale en la prensa, si procede pide disculpas y se corrige... y vuelta a empezar...

Quizá tenga una visión negativa del sector; pero soy optimista ante el futuro profesional de los historiadores y, en general, la gente de letras. Puede que llegue un momento en el que no haya trabajo para todos. El mercado es inteligente. La vocación hará el resto.

Saludos,

Fernando.
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