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miércoles, 01 de octubre de 2008

Lo he aprendido ya muy mayor, pero es una de las lecciones más importantes de mi vida.

Cuando estudiaba en la universidad solo tenía una palabra en mi mente: vocación, vocación, vocación. Mientras hacía el doctorado la palabra era investigar, investigar, investigar. Y cuando con mi flamante currículum me lancé a buscar trabajo la palabra que empezó a formarse en mi mente fue mercado, mercado, mercado.


Solo relacionándome con el mercado comprendí que el 90% de lo que había estudiado no tenía más valor en el mundo real que un tenue barniz de "cultura". Pero es que además solo relacionándome con el mercado comprendí, como hoy me ha confirmado este brillante artículo, que la economía española premia el cutrerío y la especulación, mientras que castiga el esfuerzo y la productividad.

En nuestra educación deberían incluirse clases sobre "el mercado". Imagínense la cara del profesor explicando a futuros historiadores o a otros investigadores como iba a ser su futuro profesional: ausencia de puestos de trabajo de calidad tanto en la administración pública como en las empresas, contratos precarios o inexistentes, funciones inferiores a la preparación, sueldos inferiores 1000 euros, proyectos erráticos y mal financiados, pleitesía ante las autoridades del sistema, sistemas de promoción endogámicos y basados en el trato de favor. Y todo esto porque el mercado español solo explota el ladrillo y los productos de consumo, las empresas son o pymes cortitas o grandes bancos, telecos y utilities, y las universidades están, literalmente, fuera del mercado.

¿Qué creen que harían tras esa clase los futuros historiadores, los futuros químicos, los futuros investigadores? Pues harán antes de los 30 lo mismo que hemos hecho muchos después de esa edad: abandonarlo todo y cambiar a una profesión "de mercado". Al menos tendrán carrera profesional, contrato estable, y sueldo decente. Que le den a la investigación, a la innovación, a la productividad. Está bien sacrificarte por tu profesión, pero llega un punto en que estás harto de que te tomen el pelo.

El día que los historiadores hablemos del mercado será el día en que nuestra profesión deje de ser un fracaso.

8:44 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (1)