Hace año y pico que escribí mis
10 razones para no ser historiador ni estudiar historia, el que hasta la fecha ha sido
mi post más exitoso. Comentarios he recibido de todo tipo, desde de gente que comprendió a la perfección que lo que pretendía era decir claramente las razones por las que esta profesión es un absoluto fracaso, hasta gente que me ha acusado de carecer de vocación, ser un ignorante, un fracasado, de no amar la historia, de torpe y de cien mil bobaliconerías más.
Hoy el notiweb me ha enviado lo que faltaba para redondear mis argumentos:
las razones cuantitativas para argumentar que ser historiador en España es un fracaso.
Según
un estudio de la universidad de La Coruña, publicado hoy por El País, l
os licenciados españoles se cotizan al peso en el mercado de trabajo.
Ahora que estamos en elecciones a Mariano y a José Luis se les llenará
la boca de "palabros" de moda como "innovación", "competitividad",
"nuevo mercado económico", "imasdemasi", pero detrás de tanta palabra
hueca la realidad es que los titulados universitarios son el nuevo
lumpen proletaritado,
commodities cuyo valor en el mercado de trabajo es de 1200 euros al mes en el caso de ingenierías y arquitecturas. En otras palabras: a
ños de estudio, preparación y experiencia cotizados a precio de teleoperador. Por esos salarios va a ser productivo su abuela, y va a innovar su puñetero padre.
Y si horrible es la situación para ingenieros y arquitectos,
la situación de los de letras es para plantearse muy seriamente el abandonar la profesión. Las
cifras clave son las siguientes:
- Sólo un 57% de los licenciados en letras logran un empleo a los seis meses de salir de la
universidad, frente al 92% de los ingenieros y arquitectos o al 76% de
los graduados en Económicas, Empresariales y Derecho.
- La mayoría (57%)
no llega siquiera a mileuristas y su insatisfacción con la vida laboral
queda patente en un dato: el 70% de los que trabajan está buscando otro
empleo, un porcentaje de descontento que en las carreras técnicas cae
al 35%.
Ante esto podemos argumentar inocentemente que qué malo es el mercado
de trabajo que "desprecia" el valor de la Historia, pero resulta que,
aparte de que las empresas vayan a la pela, es que luego resulta que
lo que se enseña en facultades no vale literalmente para nada en el mercado de trabajo. El mismo estudio de la Universidad de La Coruña
se hace eco de las carencias de formación de los recien licenciados en general y, ¡sorpresa!, los peor parados somos de nuevo los de letras.
Nuestros futuros patronos, con los que realmente trabajaremos en el
futuro (a no ser que te hagas profesor de secundaria o te enchufen en
la carrera investigadora), nos acusan de tener "lagunas
en informática e idiomas y desconocen el funcionamiento de una empresa
y el papel que juegan en ella". Con semejante "base" no es de extrañar
que seamos el juguete más roto del mercado laboral.
¿Soluciones para esto? Pues hay dos.
La primera es mirar cara a cara al mundo de la empresa,
y exigir a nuestra formación habilidades y competencias que nos
permitan trabajar en el sector privado o crear nuestras propias
empresas, como estoy haciendo yo con
Histania Consultores o con mi proyecto más reciente,
Loenviogratis.com, el que será el primer
servicio postal gratuito de España. Y la segunda, dejarnos de bobaliconerías
como las que inundan este post, de mirarnos al ombligo creyéndonos el summum de la cultura, y
exigir una formación de calidad y responsabilidades a
aquellos dirigentes y profesores universitarios que año tras año cobran
sueldazos hundiendo a la profesión de historiador en el pozo de la
mediocridad profesional y laboral.