Y para muestra, un botón. A estas horas una historiadora
muy amiga mía está realizando la primera prueba de selección (un examen
escrito) para una plaza de documentalista que oferta el Ateneo de Madrid. Es un
trabajo por obra y servicio, entre octubre y mayo, para reconstruir unos
fondos. La oferta fue publicada aquí y este es el PDF con lo que exigen los del
Ateneo al que quiera currar con ellos, que es:
- Ser licenciado.
- Experiencia demostrable en trabajos de investigación en
Archivos Estatales y Privados.
- Conocimientos de Historia de España Contemporánea, y en
particular Segunda República, guerra civil y represión franquista.
- Serán valorados estudios de postgrado y cursos de formación.
- Conocimientos informáticos y en ofimática (Word, Access,
Excel, etc).
Las pruebas de selección consiste en un examen tipo de test
de, supongo, historia de España o del Ateneo, una entrevista personal y la
valoración del CV.
Vale. Y a cambio, ¿qué es lo que ofrece el Ateneo? Pues,
nada.
O mejor dicho: no dicen nada. Tú apúntate, haz las pruebas de selección (que son hoy a las 11 de la mañana en Madrid en la sede del Ateneo), y ya veremos.
Y esto no me lo invento yo. La historiadora amiga mía ha llamado ya 3 veces por teléfono al Ateneo para preguntarles: “hombre, decidme las condiciones de horario, salarios y carrera dentro de la institución, que no quiero pedir un día de trabajo para hacer unas pruebas por un trabajo del que no sé nada”. Y el Ateneo ha dado la callada por respuesta (oficialmente dicen que “aún no lo sabemos”).
Resumiendo. Los candidatos a este trabajo ponen un título universitario + experiencia + conocimientos técnicos específicos + formación extra + informática a nivel de usuario. El Ateneo a cambio no dice nada: ni sueldo, ni horario, ni posibilidad de carrera, ni el número de plazas ofertadas (que resulta que son 2 no porque lo digan ellos, sino porque se les ha colado el detalle
en el título del PDF).
Mi impresión: prepotente, miserable, tercermundista y manipulador. Vamos,
lo normal en el mercado de trabajo de la Historia.Esto es lo que puedo demostrar (si no me crees llámales por teléfono). Y ahora la rumurología. La historiadora amiga mía, al enterarse de que solo se ofertaban dos plazas, y de que las pruebas de selección son tan, digamos, “oscuras” (un examen que no podré revisar, una entrevista y CV valorados vete a saber con qué criterios), concluyó lo siguiente: “estas plazas están dadas”.
Evidentemente esto no puedo probarlo, pero durante mis largos años por la universidad pública he conocido multitud de casos de becas y trabajos en los que la administración hacía el proceso de selección por “cubrir el expediente”. Las plazas estaban en efecto dadas, y se convocaban a candidatos para hacer bulto y disimular. Es decir, se manipulaba a profesionales desesperados por trabajar en lo suyo para beneficiar a ciertos “protegidos”. No sé si esto pasa en este caso, pero me recuerda muuuuucho a casos parecidos. Tanta falta de transparencia es ya una señal peligrosa.
Pero bueno. Tampoco tengo que llegar tan lejos. La madre del cordero está en el sueldo. Y eso también se lo calla el Ateneo. Es más, voy a creerles que todavía no lo saben. ¿Por qué convocan entonces las plazas? Pues porque tienen la seguridad de que se van a presentar un buen volumen de candidatos, porque en nuestra profesión no es que abunden las oportunidades laborales, y saben que con pagarles el sueldo miserable que hay ahora mismo en el mercado (900 euros aprox.) la mayoría se van a dar por contentos y van a tragar con estas condiciones pésimas de trabajo. Y si no quieren los que queden primeros da igual, que siempre habrá algún chaval o chavala menor de 30 que vive con los padres y que aceptará tanta precariedad creyendo inocentemente que es el precio que tiene que pagar para conseguir experiencia y un trabajo mejor en el futuro.
En definitiva:
la gente que ahora mismo se están examinando a estas horas (seguramente después de pedir un día de vacaciones en sus trabajos)
lo hacen por un probable salario de teleoperador, por 8 meses de trabajo sin posible continuación, por un horario desconocido, por unas plazas que a lo mejor ya están dadas, y a cambio ponen su disponibilidad, profesionalidad, experiencia y conocimientos. Solo falta que pidan un inglés perfecto.
Por esto yo abandoné la profesión. Porque estoy harto de que engorde tanto jerifalte manipulador. Y
hasta que el mercado de trabajo de la Historia no sea normal (sueldos mínimos de 1500 euros netos, carrera, contratos indefinidos, transparencia en ofertas y procesos de selección, proyectos innovadores que creen empleos)
uno tras otro iremos abandonando esta profesión “de nuestros amores”.