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lunes, 02 de abril de 2007

Si buscan creatividad e innovación éstas florecen en el entorno empresarial emprendedor, que se comunica por medio de blogs. Algunas bitácoras (como ésta y ésta) no son sólo jugosas fuentes de información para gente inquieta como yo, también son el medio para conocer y comunicarse con personas que creen en lo que tú haces y están dispuestas a colaborar contigo

Uno de ellos es Andrés Pérez Ortega, uno de los especialistas más importantes de España en “Personal Branding”. Mejor visiten su web y blog, pero les resumo lo esencial de sus ideas. Los profesionales somos hoy una commodity, un producto “genérico” del que da igual coger éste o aquel. En román paladino: “das una patada al suelo y te salen 100 licenciados”. El “Personal Branding” propone desarrollar una marca de cada uno de nuestros perfiles y carreras profesionales. Ganaremos valor al encontrar aquello bueno que nos diferencia, lo convertimos en una marca para poderlo comunicar rápida y sencillamente, y subiremos nuestra apreciación profesional y nuestro precio en el mercado. Convertirnos en marca no es deshumanizarnos. Antes al contrario: es rescatar al individuo de la despersonalización.

En uno de los últimos posts de Andrés habla de “desprogramarnos” de todo lo que nos han enseñado, ya que mucho es mentira. Léanlo y reflexionen. Pero yo voy a hacer otro ejercicio: ¿y si aplicamos las ideas de Andrés a “desprogramar” toda una disciplina científica: la Historia.


Andrés nos dice: “El propósito de una Marca Personal es aumentar al máximo las probabilidades de que te elijan. (…) Se trata de conseguir que piensen en ti como en alguien a tener en cuenta. Por lo tanto, una de las primeras etapas es descubrir aquello que puedes ofrecer. Encontrar la respuesta a la pregunta ¿Y qué puedes ofrecerme por lo que merezca la pena pagarte? Es lo que yo denomino, definir el producto. Si no tienes nada que pueda ser útil a otros, olvídate de todo lo demás.”

Y aquí surge el problema. ¿qué ofrece hoy la Historia para que la sociedad de hoy elija pagar por ella? Pues, prácticamente nada. Como dice Andrés, “un listado enorme de certificados académicos y similares”.

Los que estamos en este mundo sabemos que las ciencias históricas están hoy plagadas de “certificados”, que la gente acepta sin cuestionárselos, hasta el punto de convertirse en clichés: “la Historia es cultura”, “hay que saber Historia”, “el pueblo que desconoce su historia está condenado a repetirla”, “es una asignatura ‘bonita’”, “¿eres historiador? Jo, qué culto eres”. Bla, bla, bla. Palabrería, porque si vas a una entrevista de trabajo y dices que eres Doctor en Historia no saben ni qué ofreces, ni qué sabes hacer, ni por qué tienen que pagarte más que a la señora de la limpieza.

Ya está bien de creernos los reyes del mambo porque la sociedad “nos respete” sin saber muy bien por qué. Si hoy hay historiadores es, en gran parte, porque el Estado los financia. Algunos son funcionarios, otros son caciques de un departamento universitario, y a la mayoría de nosotros nos dieron un título que es papel mojado, nos explotó como becarios, y “¡a la puta calle!” como dice Gregorio Antúnez en Cámera Café. El mundo de la Historia tiene que dejar de mirarse el ombligo y plantearse de una vez por todas qué puede hacer por el mundo de hoy. Y eso, como dice Andrés, implica “salirse del sistema”.

En ello ando. Y lo hago por el camino del emprendizaje, creando una empresa llamada Histania, en la que me planteo qué puedo ofrecer como historiador a la sociedad en la que vivo para que ésta quiera pagarme por ello. No la puedo ofrecer mis diplomas por muchos que sean, ni el hablar dos idiomas, ni el haber sido profesor en Estados Unidos, ni siquiera haber recibido un premio por haber hecho un gran plan de empresa. No quiere oír como me he convertido en un profesional de prestigio, sino qué hay en los activos que yo manejo (la Historia, el Arte, la Literatura, la Filosofía, el Patrimonio, en suma, la Cultura) que puedan convertirse en riqueza. Porque señores, aunque no lo crean, la cultura es un poderoso activo: una novela histórica puede convertirse en el guión de una película, un libro de escasa tirada puede ser la base documental de un reportaje, un viejo archivo administrativo puede ser un centro de información para una empresa, unas fotografías antiguas puede ser un excelente elemento de diseño gráfico.

Y Andrés, en ese aspecto, nos da salidas: todo el mundo, hasta el conservador y atrasadísimo mundo de la Historia, tiene algo valioso que ofrecer, pero está tan asfixiado por papeles mohosos y clichés manidos que hay que desenterrarlo para que empiece a brillar. Cuando los historiadores encontremos nuestras “joyas” nos llevaremos una enorme sorpresa: hay gente dispuesta a pagar por aquello que merece la pena. Y lo sabrán no porque lo digan cuatro papeles emitidos por el Estado, ni porque la gente repita, sin saber muy bien por qué, que la Historia es “importante”. Lo sabrán porque apreciarán un valor tan elevado en aquello que ofrecemos que muchos pensarán que pagar por nuestros servicios no es tirar el dinero o proteger una ciencia en extinción sino, simplemente, invertir.

7:55 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (2)