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lunes, 26 de marzo de 2007

El pasado viernes el Ministerio de Cultura anunciaba a bombo y platillo la buena nueva de que el sector cultural en España, según un reciente estudio,  pesaba un 3,2% del PIB (un 4% si se tenían en cuenta las actividades ligadas a la propiedad intelectual ). “Por encima de sectores como la energía”, apostillaba, triunfalista, la nota de prensa del Ministerio.

Sin embargo, si esta realidad económica es analizada en profundidad y la sazonamos con el día a día del profesional de la cultura, entonces las conclusiones ya no son tan brillantes sino plagadas de agujeros negros.


Comencemos bajándole los humos al titular. Para empezar, la parte correspondiente a la edición de libros y prensa se come solita el 43,9% de ese PIB del 3,2%. Resulta cuando menos curioso este dato en un país en que se lee tan poco (el 45% de la población se declara no lectora, y el 15,4% son lectores ocasionales). Pero es que además el sector del libro está tremendamente concentrado (apenas 80 empresas facturan más de 6 millones de euros, mientras que 384 facturan menos de 0,6 millones de euros), con tiradas a la baja (menos de 2000 ejemplares por tirada en el caso de las humanidades), y con 75% de la edición dedicado a la novela (y un 11% a las humanidades, que van a la baja desde hace años). En el sector de la prensa, las cosas aún están más concentradas en un puñado de periódicos generalistas, deportivos y económicos (más los gratuitos, que están reventando el mercado tradicional de la prensa “de pago”).

El siguiente pedazo del pastel lo corta la radio y televisión, con un 19,2%. Llamar “cultura” a toda la producción de radio y televisión es, como mínimo, discutible. Y además este tipo de empresas están ya concentradas en unos poquísimos grupos de comunicación y, de nuevo, su oferta de trabajo cultural no es precisamente abundante. Si a eso añadimos su frecuente política de “tirar de becarios” (más numerosos que en ningún otros sector) para hacer muchos trabajos, el panorama “cultural” no es precisamente edificante.

A continuación viene el mundo del cine y vídeo, con un 12% del pastel PIB. De nuevo otro sector concentrado, endogámico a más no poder (siempre hacen películas los mismos), y encima a contrapelo de los gustos del público que rechaza sus productos. La producción de películas es baja, su distribución está mediatizada por las “majors” americanas, y encima es una industria cobarde que vive mucho del poder político, la subvención, y que no innova aunque le pongan la receta delante de los ojos (“Alatriste”, sin ser una maravilla, caló directamente con lo que quería ver la gente: aventura, evasión inteligente, e historias propias). De aquí, quizás, podría salvarse la producción de documentales, aunque su exhibición en televisiones es escasa (en los cines, nula).

Finalmente, lo que queda del pastel del PIB se reparte entre el sector interdisciplinar (?), con un 10%, y sectores ya muy minoritarios: artes plásticas (4,5%), escénicas (3,6%), patrimonio (2,6%), archivos y bibliotecas (1,8%), y música grabada (1,9)%.

En resumen: los grandes grupos empresariales se comen el pastel, hacen negociazo con un producto generalista (la sociedad demanda básicamente novelas de evasión, tele, radio, prensa y pelis), y si ofrecen trabajos "culturales" lo hacen en condiciones precarias (tampoco es que den tanto dinero). Luego hay microempresas que o sobreviven con su nicho de mercado o hacen apostolado por ideas minoritarias. El ejemplo típico es la editorial pequeña, pero claro, el empresario bastante tiene con seguir adelante y mantener el trabajo de 4 gatos. No tiene pinta de que este panorama vaya a cambiar, porque dudo que a la sociedad española, de la noche a la mañana, le dé por variar sus consumos culturales.

Con estos argumentos se explica mejor algo empíricamente sabemos los que nos dedicamos al sector cultural: no hay dinero, y hay poco trabajo y mal pagado. Por mucho que el Ministerio, los estudiosos, y los másters de gestión cultural se empeñen en convencernos, ese PIB del 3,2% se lo quedan los peces gordos. El resto lo maneja maneja el Estado (mejor hazte funcionario) y las migajas quedan para pequeños proyectos que viven con poco dinero y poca gente (aunque, imagino, con sobresalientes réditos culturales).

Y claro, la escasez conduce a la cutrez. No lo verán en ningún estudio, pero sé de buena tinta que hoy los másters de gestión cultural se están convirtiendo en un sabroso producto que absorbe a muchos recién licenciados de ciencias humanas y artísticas, les saca 6.000 euros para beneficio de sus organizadores, y los devuelve a un mercado de trabajo, el cultural, que está demostrado que ni puede absorberlos ni mucho menos pagarlos de acuerdo con su (ahora mayor) nivel de formación. Y así pasa: recientemente me he enterado por fuentes solventes de que hay estudiantes de esos másters que en sus prácticas en museos y asociaciones de gobiernos autonómicos son puestos, sin ningún pudor, a cuidar salas o a grabar datos.

No niego que haya oportunidades de negocio y empleo en el sector cultural, pero fuera del trabajo por cuenta ajena para un gran grupo empresarial (que tampoco pagan tan bien) lo más digno probablemente sea el emprendizaje cultural tipo Histania. Y aquí el informe del Ministerio sí da algunas claves para enfocarnos. Si el PIB del sector se analiza por fases de desarrollo se observa que un 52,2% del mismo se lo lleva la fase de creación y producción, un 19% la de fabricación, y un 15,2% la de difusión y distribución. Así que en esos ámbitos, sobre todo en el primero, es donde tendría posibilidades de funcionar una empresa de servicios. O en otras palabras: el sector cultural, a pesar de su escasez endémica de dinero, si ofrece oportunidades en algún sitio es en la creación de nuevos productos y contenidos.

Nota 1: los datos del sector del libro me los proporcionó el profesor Ángel Badillo de la Universidad de Salamanca.
Nota 2: Para un resumen de los datos del estudio del sector cultural realizado por el Ministerio recomiendo consultar el power point con las conclusiones.

11:48 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (1)