Bombardeo de noticias. Ayer el notiweb comentaba que
el 7º Programa Marco de la UE daba una prioridad inédita a los proyectos de investigación en humanidades. Hoy el suplemento analizaba
aquí y
aquí las demandas de los investigadores por una carrera digna. Después de leer todo, y navegar por las páginas web relacionadas, me queda aún así un sabor muy agridulce.
No hay una política de recursos humanos verdaderamente innovadora, ni la va a haber. Más bien parece que estamos en una tendencia a asegurarle la estabilidad laboral de una élite o de un grupo seleccionado, más que a desarrollar una verdadera infraestructura para la investigación.
¿Cómo llego a estas conclusiones? Pues analizándome a mi y a todos mis compañeros.
Para empezar resulta ya muy triste que se hable de fomentar la investigación
exclusivamente en la universidad, y no en otras áreas de la administración pública o en el mundo empresarial. El mercado será, por supuesto, limitado. Las plazas para trabajar estable serán escasas, y eso será fuente de influencias e injusticias. Los "
nambers zri" se quedarán fuera.
Otra cosa que me hace temblar es que estemos hablando de financiación
exclusivamente pública. Es muy cierto que somos uno de los países desarrollados que menos dinero público invierte en investigación, y eso hay que corregirlo. Pero si queremos que la investigación cale realmente en la sociedad, ésta tendrá también que comprometerse. Hay que idear métodos y programas para que empresas y otras instituciones inviertan en investigación, generen puestos de trabajo a los investigadores, e incluso, por qué no, entren en una sana competencia entre sí para alcanzar la excelencia y mejores resultados económicos y sociales.
Pero si algo me hace ser muy pesimista es hablar de dar estabilidad laboral a los que están ya. ¿Y qué pasa con los que se fueron pero querrían reengancharse?El artículo "
La ciencia, entre la precariedad y el prestigio" lo dejaba bien claro:
la mayoría de los investigadores formados en la universidad española abandonan la profesión después de la tesis. Y no crean que lo hacemos por gusto, sino por vivir, por cobrar un sueldo digno, por crear una familia, por tener una verdadera carrera profesional en otro sitio. Muchos, a pesar de todo, seguimos investigando por nuestra cuenta (esto es típico en el mundo de los historiadores), y seguimos las convocatorias de la universidad a ver si podemos aspirar a un puesto docente que nos permita regresar a nuestra vocación. Desgraciadamente dejar el mundo de la investigación significa dejar de publicar, dejar de investigar, dejar de tener contactos, dejar de engordar currículum, y dejar hueco a nuevos candidatos frescos.
De esta tragedia nadie habla. Si se consigue por fin desarrollar una carrera investigadora en España en los términos que he estado leyendo dejaremos automáticamente fuera a aquellas personas brillantes con tesis, becas predoc y postdoc , y trayectorias investigadoras exitosas interrumpidas súbitamente a los treinta y tantos, hartos ya de precaridad, y deseosos de obtener un trabajo que permitiera comer todos los meses y vivir con un poquito de libertad.
Todo apunta a que en un futuro indeterminado a los que estén en un departamento investigando como doctorando o profesor les va a caer la lotería de la estabilidad laboral. En un proceso de selección siempre tendrán más posibilidades un investigador en ejercicio que otro, por muy brillante que fuese, que lo tuvo que dejar hace diez años. Así que que nos zurzan a los que estamos fuera de la universidad. Entonces nos echaron, y en el futuro no habrá vías para que regresemos y desarrollemos, de una vez, todo el potencial que este sistema injusto nos cercenó.