Una de las noticias del día es que el Ministerio ha decidido
reformar el real Decreto de estudios de posgrado porque su implantación hasta el momento han creado 'confusión y desánimo' entre sus responsables y alumnos potenciales. El artículo daba algunas causas: escaso interés de los alumnos por matricularse, sobreoferta (sólo en la Comunidad de Madrid se van a ofrecer 119 másters nuevos el próximo curso académico), y escasa concrección de los planes de estudio, hasta el punto (vergonzoso) de que "a muchas universidades les sonaba a chino el concepto de Programa Oficial de Posgrado (POP)".
Pero hay mucho más. Por un lado el sistema universitario español no tiene bien estructurados los estudios de posgrado dentro de la carrera académica. Y por otro, y mucho más grave, no está claro, ni es demostrable al 100%, que en nuestro país ni empresas, ni administración, ni alumnos, ni trabajadores valoren la formación como se merece.
Ante esto, ¿quien se gasta 6.000 euros en un máster?
Los estudios de posgrado forman una parte integral de los sistemas universitarios de otras naciones. De hecho estamos actualmente copiando el sistema anglosajón, cuya estructura es la siguiente:
- Bachelor (4 años de estudio) > Título universitario básico > Entrada en el mercado de trabajo cualificado en puestos bajos y medios.
- Máster (1-2 años de estudio) > Requisitos: Bachelor + experiencia profesional demostrable (en los programas más prestigiosos) > Título universitario superior > Acceso al mercado de trabajo de puestos de trabajo medios y altos.
- Doctorado (2 años de estudio mínimo) > Requisitios: Máster + experiencia profesional demostrable (en los programas más prestigiosos) > Título universitario másximo > Mundo de la investigación y mercado de puestos de trabajo medios y altos.
En la universidad española de los siglos XVI-XVIII la estructura universitario era similar: bachiller > maestro > doctor. Nuestro sistema actual convirtió al bachillerato en enseñanza media, reservó el título de maestro para el profesor de escuela, he hizo la siguiente estructura:
- Diplomado (3 años)
- Licenciado (2 años más)
- Doctor. Y dentro del cual, suficiencia investigadora y tesia (2 años) y escritura de tesis (2 años).
Este sistema español tuvo su lógica en el siglo XIX y principios del XX, cuando estudiaban cuatro hijos de las clases privilegiadas. En el mundo actual ultratecnológico e hiperespecializado este sistema tenía un fallo: que daba la formación básica de un "bachelor" y de ahí se saltaba al mundo de la investigación. El mundo empresarial quedaba de lado.
En los años 80 surgen, espontáneamente, los estudios de posgrado en España porque no quedaba más remedio. Era tal la necesidad de formación especializada y enfocada el mundo empresarial (no al de la investigación universitaria) que numerosas instituciones y empresas comenzaron a ofertarlos. Y la necesidad se convirtió en negocio, porque a diferencia de los estudios universitarios (gratuítos o a precio de saldo) los másters eran muy caros, y mucha gente estaba deseosa de pagarlos porque era obvio que los estudios universitarios se quedaban obsoletos y no bastaban para entrar en el mercado de trabajo.
Y empezó el patio de Monipodio. Cualquier programa de estudios abierto a licenciados se convertía en un "máster". Los había de todo tipo y condición, y los impartían escuelas de negocios, academias de barrio, y departamentos universitarios que encontraban en ese río revuelto una inesperada fuente de pasta. A más de un profesor universitario he oído yo que iba a organizar un "máster" con cuatro amiguetes de otras universidades y de la administración pública para dar las mismas clases que en la licenciatura, contar lo que hacían en su jornada laboral, y cobrar 6.000 euros a un puñado de incautos. Acabado el máster se entregaba a los alumnos un diploma que era papel mojado (porque los estudios de posgrado no estaban ni regulados ni reconocidos por el ministerio) y de nuevo al mercado de trabajo a buscarse la vida.
Es lógico que el Ministerio quiera regular esto. Es más, es necesario, y el caso más obvio es el de los historiadores, porque estamos condenados a los estudios de posgrado, ya que con nuestra licenciatura o con un doctorado estamos literalmente fuera del mercado de trabajo. Pero el problema va mucho más allá de lo que están haciendo los políticos.
Lo primero que hay que hacer es dejar bien claro el lugar del posgrado, y este es el título universitario superior que da capacidad de trabajo profesional de máximo nivel. El único título por encima es el de doctor, que es el que capacita a investigar.
Lo segundo es transmitírselo a la sociedad. Es decir, primero va un licenciado o titulado de grado, luego un máster o titulado de posgrado, y luego va el doctor.
Lo tercero es obligar a los oferentes de títulos de máster a unos mínimos de calidad. Los títulos de posgrado, obligatoriamente, deben ofrecer estudios profesionales que demandan la sociedad y el mercado, y no ser un producto para beneficio económico de quienes lo ofertan explotando económicamente a quienes lo cursan.
Lo cuarto es hablar con el sector empresarial sobre los canales de salida y colocación de estos titulados de posgrado, y obligarles a contratarlos con unos mínimos de condiciones laborales. Hay muchos países (EEUU, México) donde un máster, por el mero hecho de serlo, no puede cobrar menos de X dólares. También sus funciones deben estar claramente definidas para no estar ejerciendo funciones por debajo de su capacidad. Hay que favorecer también la creación de asociaciones sectoriales que creen bases de datos y canales de acceso de estos altos titulados a los puestos de las empresas. Y las empresas tienen que que favorecer que sus trabajadores estudien másters porque supondrá un aumento considerable de su productividad y de la calidad de sus empleados. De hecho muchos programas de universidades americanas no admiten a cualquiera (como sí pasa aquí), sino que exigen años de experiencia profesional para acceder a un programa cuyo objetivo no es dar formación básica sino muy avanzada.
Este último aspecto es, en mi opinión, vital, porque en España hay un fenómeno del que no se habla y es de l
a falacia de la formación. A día de hoy, por experiencia propia y ajena, es mentira que a mayor formación mayores oportunidades y mayor desarrollo profesional. Los licenciados valen a peseta el kilo, y basta darse una vuelta por Infojobs para ver empresas que piden titulados universitarios para que hagan trabajos de nivel por 900 euros brutos al mes y contrato temporal. Los doctores valen (valemos) todavía menos, porque estamos tan sumergidos en el mundo universitario que no tenemos ni idea de lo que se cuece más allá del campus. Y los másters no está muy claro para qué valen, porque las empresas los valoran poco (y tampoco están dispuestos a pagar más de mil euros al mes por muy formado que esté uno), porque los planes de estudio están alejados de la realidad empresarial, y porque puede que no haya tampoco tanto mercado como para absorber la sobreoferta de titulados que ya empieza a haber.
Y, en definitiva, creo que esa es la madre del cordero. Póngame encima de la mesa mil ofertas de trabajo que digan "Importante empresa busca un técnico superior en X. Si es licenciado cobrará Y, y si es máster cobrará Y+Y=Z y tendrá más responsabilidades", y entonces creeré en la viabilidad de los estudios de posgrado en España. Pero si el estado no sabe donde meterlos, si las universidades ofrecen programas desconectados del mercado, si interesa más cobrar al alumno que darle una salida laboral, y si las empresas no ofrecen una carrera profesional y unos salarios superiores a la media a los másters, pues díganme ustedes como convencemos a los licenciados a que se rasquen 6.000 euros del bolsillo.