El Notiweb de hoy nos regala otro artículo, "
La ciencia, entre la precariedad y el prestigio" (Expansión, 23 de enero de 2006), claro, diáfano y complementario del post que escribía ayer. Aunque los ejemplos que proporcionan son de dos compañeras que se dedican a la genética y a la biología, sus acertados comentarios son aplicables 100% al mundo de las ciencias humanas.
Mi pregunta es: ahora que son tan obvios los defectos, ¿por qué nadie hace nada para solucionarlos?
Aquí van los comentarios más significativos:
- Los
jóvenes valores de la ciencia en España se encuentran con dificultades
que, en algunos casos, conducen al abandono de su carrera.
- El momento crítico se produce después de la tesis doctoral:
"Ahí se pierde a muchos científicos que abandonan y deciden dedicarse a
otra cosa".
- Las
carreras científicas están basadas casi exclusivamente en el sacrificio
de los investigadores, con una gran dificultad para compaginar la vida
profesional y la personal.
- Uno de los
problemas de los investigadores españoles [es] la imposibilidad para
desarrollar una carrera a largo plazo y las casi nulas esperanzas que
muchos científicos tienen para hacer de ésta un modo de vida.
- [La] situación laboral
que se reduce a enlazar contratos temporales y becas: "Resulta muy
difícil consolidar la carrera, porque te plantas con 30 años y nunca
has cotizado a la Seguridad Social".
- "Irse al extranjero continúa siendo la mejor solución,
aunque esto tampoco asegura nada". "Si se quiere continuar en este
'negocio', no hay más remedio que salir al exterior".
- El gran objetivo sería [crear] una contratación laboral indefinida y conseguir que los salarios y las condiciones
de trabajo dejen de estar un tercio por debajo de lo que ofrecen Alemania y Francia.
- El presidente del CSIC afirma: "España necesita unos
60.000 científicos, aunque nuestra Universidad no parece que sea el
caldo de cultivo del que saldrán los investigadores que necesitamos".
Dantesco. Y esto no tiene visos de solución porque sólo cabe la reforma del sistema, lo que exigiría una valentía política y una enorme inversión económica, o que los científicos salgan del mismo y se planteen alternativas como la de crear sus propias empresas, algo que tampoco es fácil después de haber dedicado una vida profesional a la investigación.
Ante estos datos no caben
ingenuidades. Esto es lo que hay. Que se entere quien quiera enterarse.